"Cada uno cuenta la fiesta como le interesa", y esto no es una verdad a medias, es una verdad completa. Vivimos en un país (el resto del mundo no está libre del mismo mal) donde cada vez todo está más politizado y donde da la sensación de que la razón de uno es la razón única e indiscutible. Por eso toda la atmósfera política y social está enormemente viciada. Se está perdiendo altura de miras y coherencia en el discurso. Las cosas a veces no son blancas o negras y está claro que el cuarto poder, a parte de informar, está contribuyendo de manera constatable a generar corrientes ideológicas en quienes consumen ese tipo de información.
No quisiera centrarme en el caso de la televisión, que probablemente sea el más paradigmático, pero para un servidor encender la tele y ver un informativo o las ahora muy recurrentes "tertulias" políticas es acabar con la cabeza como un bombo. ¿A quien creemos? ¿Quienes nos están diciendo la verdad?
Resulta harto complicado hallar un medio de comunicación lo suficientemente independiente para hacer enteramente creíble lo que te cuenta. Estamos en la época de los grandes titulares y las cortinillas estridentes para dar bombo y platillo a lo que nos van a contar. ¿Y realmente eso es periodismo?
Antes de que nadie me ponga la etiqueta de empatizar con uno u otro partido que sepa que soy del que sea honesto, servicial al ciudadano y no aproveche las flaquezas ajenas para ganar réditos electorales. O sea, de ninguno que yo sepa. Pero el juego de medios de comunicación cansa por la parcialidad de los que lo integran, o al menos esa sensación tengo con excesiva frecuencia. Porque son medios pertenecientes a grupos editoriales afines a unas determinadas siglas políticas.
Escuchar cadenas como la COPE, la SER o canales de televisión como Intereconomía o LaSexta, por poner algunos ejemplos, es saber de antemano lo que te van a contar. Ellos saben lo que pide su audiencia y de ninguna de las maneras van a traicionar a su oyente/televidente. Otra cosa es que el propio consumidor de información haga el suficiente juicio de valor para discernir realidad de ficción, o más propiamente separar la verdad de la mentira. Aquí no hay verdades absolutas, hay verdades con mentiras o medias verdades pero si lo que te están "vendiendo" te lo crees a pies juntillas porque lo dice "tal periodista" o "tal tertuliano" eso juega a su favor y estos medios de comunicación cuentan con esa importante baza. La autocrítica y el procesamiento de la información son fundamentales para generar opiniones personales que se alejen de la información de consumo rápido. Se está perdiendo en buena medida el contraste de la información en esta sociedad sobreinformada en la que estamos todos involucrados.
Me apena ver que cada uno cuenta las cosas como le conviene, basándose en el matiz y el dato interesado para lograr convencerte. Y todo el abanico ideológico es partícipe de ello, de uno de los males que afectan al periodismo en estos últimos años. Probar un poco de cada medio para conseguir una opinión propia, independiente, puede que sea la solución, pero como ya digo ni los medios de comunicación públicos ni tampoco los privados pueden abanderar por sí mismos la enseña de la imparcialidad porque de ninguna de las maneras lo están demostrando.
Dicen que el verano produce atontamiento y hay días que con tanto calor no es para menos. Pero si hay un electrodoméstico que todos tengamos por casa que sufra de un atontamiento especial ese no es otro que la caja tonta, la tele.
La tele, ya tonta de por sí, está repleta de tontos y de atontaos, o de zumbaos, por eso de no repetirnos tonto -digo tanto-. Es encenderla y empezar a zapear sin acabar en ningún destino. O películas repetidas de dudosa calidad, o programas mil veces emitidos con sus correspondientes superbloques de publicidad... Eso es todo lo que ofrece en verano y en no verano.
Pero si hay espacios que por tonillo dan verdaderas nauseas -y no me refiero a las noticias de Deporte de Antena3, con ese soniquete que busca siempre el pareado o la redondilla- esos son los programas del corazón. Es digno de estudio la cantidad de público que pueden llegar a congregar esos rondos de tertulianos sibilinos que pueblan los programas de la tarde y a veces de la noche. Con ganas demuestran la vena más rastrera, cotilla y malintencionada de nuestra realidad social. Y parece que la cosa gusta, y mucho...
Luego está la cadena pública que trata de hablarte del famoseo (esta palabra es muy genérica y está muy distorsionada) imperante en nuestro país y parte del extranjero. Que España es un país de modelos, toreros y futbolistas no es descubrir la pólvora ni la fórmula de la bebida más popular del mundo, pero el trío que pueden llegar a montar estos tres elementos es de aúpa. Ahora bien, la cosa no se queda ahí tampoco.
La moda ya es ser HIJO Ó HIJA DE. Cuanto más inútil e inmaduro eres más cancha tienes en este tipo de programas y en la prensa rosa (o amarilla). Los hijos de la Pantoja o los adoptados por la más grande y el descerebrado de Ortega Cano son unas piezas de mucho cuidao, casi igual o más que los padres. Eso si que es tener la vida resuelta montando el numerito o haciendo declaraciones apresuradas sabiendo que siempre va a haber una cámara y su correspondiente alcachofa delante. Porque este es el tipo de famoseo que nos mola. ¿Y qué me decís del percal que te lo cuenta? Si es que parece que fuera la cosa más importante del mundo... Tan blancos quieren aparentar que resultan transparentemente estúpidos este tipo de programas del corazón de TVE.
Así que lo dicho, un país de eternos cotillas este, oiga. María Isabel, Paquirrín, Gloria Camila, José Fernando, nombres todos tan relevantes para quitar de la parrilla televisiva cosas muchísimo menos interesantes. Pero vamos, es lo que hay y parece que también lo que se pide. Ya se sabe que el share manda, y no poco precisamente. Feliz estío.
Int.: Ernesto Alterio, Eduardo Blanco, Héctor Alterio, Angie Cepeda, Pablo Rago, Giulia Michelini, Marta Etura, Claudia Fontán, Silvia Abascal.
Hace aproximadamente una año, así casi por casualidad, vi en el cine la hipnótica "El secreto de sus ojos", espléndida película protagonizada por Ricardo Darín y magistralmente dirigida por Juan José Campanella. Fue una de esas películas que estuve mascando durante los días siguientes y entonces me apeteció conocer algo más la filmografía del director argentino.
Recordaba haber visto años atrás el inicio de una serie que emitió Tele 5 con el poético nombre de "Vientos de agua" y que tenía una pinta extraordinaria, un drama sobre la emigración en dos tiempos de nuestra historia. Pues bien, la busqué en la biblioteca y me la llevé a casita para poder degustarla pensando que Campanella no iba a fallar tampoco.
Dicho y hecho, una historia cerrada de 13 capítulos que tuve la suerte de poder ver y recomendar a los demás. Algún día espero hacer una pequeña reseña sobre la trayectoria profesional de Campanella (aún debo ver "Luna de Avellaneda"), uno de los mejores directores de cine en castellano que hay en activo y que imprime a sus producciones un sello personal muy marcado, pero eso será más adelante. Ahora mis palabras se van a centrar en esta gran miniserie.
Estamos ante un producto hispano-argentino en formato cinematográfico y pese a que es una serie yo la denominaría más como una pélícula de 16 h. de duración. Un producto muy bien realizado y de gran calidad técnica pero donde lo más importante, por supuesto, es la historia y los personajes que la dan vida. Comencemos.
Rodada entre Asturias, Madrid y Buenos Aires, trata los avatares de dos emigrantes. El primero de ellos es un joven minero asturiano que se tiene que marchar por piernas de España si no quiere sufrir la represión de las autoridades en la convulsa Asturias del 34. El segundo es su hijo pequeño, un arquitecto de mediana edad que decide viajar a España a buscarse la vida tras la crisis del Corralito argentino del año 2001. Se van intercalando las historias del padre y del hijo resultando por momentos la misma historia.
Pilar Punzano y Ernesto Alterio
"Vientos de agua" nos habla de la amistad, del fracaso, del triunfo, del amor, de la supervivencia, del miedo, de la desilusión, de los secretos que no revelamos, pero sobre todo habla de esperanza y de la Historia, la pasada, la presente y la futura. En 13 capítulos da para plasmar un sinfín de emociones, pero si quien los modela es un maestro del sentimiento como Campanella sólo cabe pensar en un gran retablo de la emoción. Y no, no es un dramón al uso porque como ya he dicho guarda un mensaje positivo y tampoco falta ese humor sutil que siempre está presente en sus producciones cinematográficas.
Julius y Gemma en el conventillo
Un buen guión tampoco se sostendría sin un competente plantel de actores. Así que el director echó mano de gente contrastada a ambas orillas del Atlántico. En los papeles principales tenemos a Ernesto Alterio, que da vida al emigrante asturiano a lo largo de un cuarto de siglo, y a Eduardo Blanco, impecable como padre de familia que lucha por salir adelante y cuyo rostro es el fiel reflejo de la bondad del emigrante; gran trabajo el suyo. Junto a ellos tenemos al gran Héctor Alterio dando vida y sentido al emigrante asturiano ya anciano que tiene cuentas pendientes con su pasado; su interpretación en el último episodio está más allá del elogio, ¡está asombroso!
Eduardo Blanco y Angie Cepeda
En papeles secundarios destacan las actrices porque en "Vientos de agua" la mujer tiene un papel fundamental como motor de la historia. Nombres como los de las españolas Bárbara Goenaga, Marta Etura, Pilar Punzano y Silvia Abascal, la colombiana Angie Cepeda (delicioso su papel de compañera de piso del Ernesto interpretado por Eduardo Blanco) y la argentina Claudia Fontán (como la sufrida mujer del susodicho Ernesto) dan luz y color a la historia. Tampoco dejaría pasar por alto a Julius y Gemma, los compañeros de travesía del minero emigrante que son acertadamente interpretados por Pablo Rago y Giulia Michelini. Y no me quiero olvidar tampoco de la breve pero estelar aparición del fallecido recientemente José Luis López Vázquez, que tiene aquí una escena poderosa que te remueve las entrañas.
El gran Héctor Alterio en el 1er. capítulo
Por todo ello "Vientos de agua" merece esta reseña y un visionado futuro también. Pocas series o películas se me han quedado tan grabadas en los últimos tiempos y es que Campanella habla con tal franqueza de cosas tan humanas que es muy difícil abstraerse de todo ello o no sentirse reflejado en alguno de los muchos personajes que pueblan esta gran historia sobre la emigración de ida y vuelta y sobre el papel de los recuerdos (concepto fundamental en la filmografía del director) para poder conocer lo que somos y de dónde venimos. Para abrir el apetito aquí cuelgo el comienzo de la serie, incluyendo por supuesto los soberbios créditos iniciales con su fantástico tema central:
Para terminar haré referencia al maltrato que tuvo cuando se estrenó por tv. Tele 5 la estrenó en Navidades (3 de enero del 2006) en prime time, pero tuvo la genial idea de poner los dos primeros capítulos seguidos, por lo que la gente que madrugaba se desengachó (máxime cuando cada capítulo dura 70 min.) Posteriormente cambió el día y la hora de emisión de los siguientes capítulos, así que no había alma humana que pudiera seguirla, retirándola finalmente de la parrilla sin haberla emitido en su totalidad. La "cadena amiga" ante las críticas que se levantaron aludió que la retiraba para que no fuera pirateada, reconociendo que era un producto más apropiado para sacar en DVD, pero resulta paradógico que fue una serie que contó con mucha publicidad los días anteriores a su estreno y que encima nos la vendían como una serie diseñada a marcar una época. En fín, cosas de una cadena adicta a la telebasura y a series con tan poco ingenio como "Los Serrano" por aquel entonces. (http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/Tele/retira/serie/Vientos/agua/elpporgen/20060205elpepirtv_2/Tes)
Momento del rodaje en Prieres (AS)
El DVD (completito, en 5 discos), éso sí, funcionó muy bien en el mercado español y en Argentina se emitió con bastante más éxito que aquí. Desde Argentina aseguraron que su fracaso televisivo en nuestro país se debió a que toca temas que no nos gustan porque nos podemos sentir reflejados como nación que surtió de emigrantes y que ahora se encarga de recibirlos con toda la problemática que conlleva. Pero yo no creo que sea ése el problema, sólo la falta de tino y de sensibilidad por parte de Tele 5. Ya se dijo que la miel no está hecha para la boca del asno... pues éso.