lunes, 10 de mayo de 2021

Confrontación


Ya podemos volver a nuestras vidas. No ha habido día, en los dos último meses, en el que los españoles que no poblamos la capital hayamos dejado de oir/ver soflamas con las que incentivar la participación electoral en la Comunidad de Madrid. Nos iba la vida en ello al resto. Porque si Madrid no es España... casi.

¿Unas elecciones que han servido de lección? Igual sí. Porque tela marinera con los partidos políticos y los candidatos a conseguir la presidencia... ¡Qué debate!¡Qué consignas!¡Qué todo! Aunque tampoco habría que olvidar la muy estimable colaboración de los medios de comunicación en su más amplio arco ideológico. Debían arrimar el ascua a su sardina. Perdón, mejor dicho intentar que se achicharrase la del contrario, la del enemigo, porque ya no hay rival bueno que valga.

Quedan lejos los días en que un terremoto con epicentro en Cartagena no tardó en generar una réplica inmediata e inesperada en la capital del Reino. Isabel Díaz Ayuso quería gobernar sola, se había cansado de rendir cuentas a sus desorientados socios y la ocasión venía que ni pintada para lograrlo en vistas de su disparada popularidad. Que Madrid tiene unos datos epidemiológicos preocupantes, qué mas da, ella lo vale. Total, cual chiquilla adolescente no hay nada ni nadie que se interponga ante sus deseos.

Tiremos de hemeroteca. De inmediato a la convocatoria a las urnas, puño en alto y a bombo y platillo, Pablo Iglesias decide desocupar su plaza vicepresidencial para lanzarse al barro y así combatir la amenaza del fascismo. Para Ayuso, el bocado perfecto y el rival deseado visto el rechazo que el ya exlíder podemita genera en amplios sectores de la sociedad madrileña (y española). Posteriormente, Pedro Sánchez y buena parte del aparato del sector socialista del Gobierno (incluido el Ministro del Interior y la Directora General de la Guardia Civil) deciden intervenir de manera protagónica en los mítines del candidato Gabilondo, comprando el diccionario político de Pablo Iglesias y acusando a la presidenta de llevar a la Comunidad de Madrid a la desobediencia civil  y la deslealtad institucional.

Y entre la caprichosa Isabel, un exaltado Iglesias, la amenaza de ver a VOX dentro del Gobierno autonómico, sobres amenazantes por doquier, un presidente del Gobierno dispuesto a picar el anzuelo y un partido como Ciudadanos con la batería fundida pero -pese a la dolorosa patada ahí, donde más duele- dispuesto a reeditar su pacto de gobierno con el PP, discurre una campaña fatigosa y barriobajera con el telón de fondo de las vacunas y el paro, en clave ya no madrileña sino nacional. Dos bloques enfrentados y un discurso de rompe y rasga en torno al fascismo, el comunismo y la libertad. Todo en lenguaje extremadamente retórico y con tintes guerracivilistas, como en el 36. Si hasta Ángel Gabilondo tuvo que aparcar su moderación para entrar al trapo de una manera tan burda, postiza y ridícula que esa ha sido una de las claves de la debacle de los socialistas el martes pasado.

Ayuso hizo que casi todos claudicaran ante ella cual araña venenosa, convirtiendo estas elecciones en un plebiscito sobre la libertad de los madrileños y sobre la gestión política del Gobierno de coalición en lo tocante a la pandemia. Enmascaró su irresponsabilidad y sus errores con los problemas de gestión del Gobierno central y con el rechazo que la figura de Sánchez genera debido a su política de alianzas. Muy hábil, pero a cambio de vender un discurso frentista y polarizando aún más a la sociedad, algo que prácticamente todos los partidos han buscado desde el primer instante al alzar el tema ideológico al púlpito del debate político. 

En España sobra mucha arrogancia en la clase dirigente y también en quienes ejercen de oposición. En una situación económica de delicadeza extrema, cuando aún hay mucha gente que no ha podido volver a su trabajo y cuando otros tantos se han visto endeudados o han tenido que clausurar sus negocios, la situación exige a los políticos empatía, altura de miras y que bajen a la realidad del día a día. En cambio, todo se ha enturbiado con el debate ideológico: las derechas, las izquierdas, los fachas, los comunistas... Imposible llegar a consensos con tales etiquetas trasnochadas y tanto griterío patrio. La ideología no da de comer a los españoles; lo da una administración práctica, ágil y cercana a las necesidades y circunstancias de la gente. Para lograrla, hay que escapar del discurso de baratija, aquel que solo sirve para alimentar mi popularidad entre quienes me votan.

Los unos dicen que la arrolladora victoria del Partido Popular tiene un significado nacional. Los otros, que solo se entiende en clave madrileña. Como siempre, cada cual ve la paja en el ojo ajeno. De cualquier modo, en el bloque progresista mal haría el PSOE si no analiza a fondo estos resultados que le han llevado a ser la tercera fuerza en el parlamento. A Ayuso le han votado también muchos desencantados con la gestión política y epidemiológica de Pedro Sánchez, eso es evidente. Un voto de castigo ante lo que supondría otro gobierno con Pablo Iglesias dentro. Por su parte, Ciudadanos sentencia su próxima desaparición tras este resultado catastrófico. Otro más. Que me expliquen cómo después de quedar humillado y en la cuneta por la presidenta Ayuso, su discurso ha girado inexorablemente en tratar de reeditar su alianza con los conservadores. Poca memoria la suya.

Se ha vuelto a comprobar. Desde hace unos años se ha convertido en un imposible la alianza entre los socialdemócratas y los liberales en nuestro país. Desde el frustrado "pacto del abrazo" entre Sánchez y Rivera en el 2016 no han hecho más que ponerse zancadillas. Los socialistas porque prefieren condicionar sus políticas al populismo de izquierda o apoyarse en el nacionalismo, mientras que los naranjas porque a la mínima oportunidad que tienen traicionan aquello que tanto pregonan para solaparse al PP en prácticamente todos los ámbitos territoriales. Si hay una salida honesta y moderada, tan necesaria, que pudiera representar la alianza de gobierno entre estos dos partidos, resulta ya una quimera. Y ahora en Madrid, tras sus desastrosos resultados, ha quedado meridianamente demostrado pese al perfil amable de sus candidatos.

En un tablero de buenos y malos, de blancos y negros donde jamás se buscan matices grises, siempre sacan provecho los extremos. Las cuentas están hechas. En el fondo Madrid podrá presumir de la rapidez conque va a tener un gobierno salido de las urnas. No como en Cataluña, donde aún discrepan del puesto -y la paga- que hay que asignar al president que mora en Waterloo. Mal vamos.


jueves, 12 de noviembre de 2020

El juego de las sillas

   



     Por entonces la imaginación lo era todo. Seguro que nadie olvida aquellos juegos colectivos con los que pasábamos el verano los niños que crecimos en los 80. Y entre ellos uno de los más significativos era aquel en el que un grupo de personas correteaba al son de la música en torno a un círculo de sillas vacías. Siempre había una persona más que el número total de sillas; así que cuando cesaba la música y había que buscar asiento, siempre un chaval, infeliz, quedaba apeado de su propósito. E incluso, algunas veces, veía aterrizar sus posaderas en el parqué o sobre el mullido y fresco césped.
     Aquel juego al que algunos encontraban su gracia es en lo que se ha convertido en esta recta final de año el panorama político español. Es casi el asunto de moda, salvando las distancias, claro está, con todo ese inmenso pack que tiene por etiqueta "covid-19". Tras varias prórrogas, ahora por fin toca aprobar unos nuevos presupuestos de país que son necesarios, pues irán en consonancia con las cuantiosas ayudas que se recibirán de la Unión Europea para paliar los estragos de la pandemia.
     Sin embargo, no se está hablando estos días de las medidas que la confección de esos nuevos presupuestos va a suponer: cuánto van a subir/bajar los impuestos, los gastos destinados a determinadas medidas, las inversiones... De lo que se habla es del sesgo ideológico, de quién debe apoyarlos y de quién no, de trazar fronteras, de vetarse. Y todo ese teatrillo de declaraciones que vemos u oímos a diario es altamente vomitivo e impresentable, porque de lo que se acuerde y de las medidas que se consensúen dependerá la salida a esta crisis para todo un país.
     En el epicentro hay un gobierno de opinión dividida: la parte de Unidas Podemos prefiere y exige que el apoyo a los presupuestos venga exclusivamente de los partidos de la investidura (partidos de izquierda; para ellos por supuesto incluyendo a los nacionalistas y naturalizando al PNV como partido aconsejable aunque no sea de izquierdas). Y el sector PSOE, que prefiere, al menos en teoría, abrir el abanico de apoyos a izquierda y derecha. La geometría variable de la que tanto se ha hablado. Y en esa diatriba está claro que hay un enfrentamiento y uno que hasta este instante va ganando.
     Para enredar el ovillo, ERC declara que no sumará su apoyo a esos presupuestos si lo hace Ciudadanos, por considerarse incompatibles. Y el partido naranja dice exactamente lo mismo con respecto a los republicanos y Bildu. El diseño en cuanto a medidas e impuestos de los presupuestos queda ya en un segundo plano frente a la política con los susodichos vetos cruzados, una vez superado el trámite de enmiendas a la totalidad.
     Ayer el vicepresidente Pablo Iglesias celebraba por todo lo alto que Bildu, con la portavocía de Arnaldo Otegi, fuera la primera fuerza en anunciar su apoyo a tan esperados presupuestos. El partido morado insiste con vehemencia en echar de la ecuación de apoyos al partido de Inés Arrimadas, que parece estar dispuesto a apoyar los presupuestos "por responsabilidad" y así demostrar ser un partido de política útil. Es por ello que Pablo Iglesias, una vez más, sale en apoyo de la pretensión de ERC de que Pedro Sánchez a la hora de alcanzar mayoría para tal propósito escoja finalmente a los republicanos catalanes en lugar de al partido liberal, que debe quedar fuera de la suma a toda costa y volver al redil de la foto de Colón.
     El pulso para Ciudadanos es de alto voltaje toda vez que ha mostrado su intención de pactar las cuentas. Buscar la moderación siempre ha estado mal visto en España y supongo que Inés Arrimadas sabe que todo lo que haga le va a acarrear impopularidad, incluso entre sus votantes. Lo más fácil sería seguir la estela oscura de Albert Rivera y negarse a negociar, enfurruñarse y plegarse al rifirrafe, alimentando con ello al fantasma -más real que imaginario- de las dos Españas. Según parece, hasta el momento aguanta no solo el pulso, sino los groseros improperios de otros oscuros personajillos como Rufián o Echenique. Pero, ¿no ve la hora de plantarse y decir basta? ¿De hacer saber a ese PSOE de dos caras que no todo vale para seguir en la Moncloa y que lo moral tiene un límite?
     Bien. En todo caso no nos equivoquemos. No podemos perder de vista que se votan unos presupuestos que son necesarios. Desconozco si son los mejores, si son buenos o si son malos. Pero desde luego de lo que no se debería tratar en este momento es de si tú vas a salir en la foto conmigo y yo no quiero. No hay muchas opciones: sí, no y abstención. Punto. No hay más. Solo la responsabilidad que conlleva el mandato ciudadano y de que la clase política cobra por trabajar para la nación e intentar entenderse. 
     Mi consejo para la sra. Arrimadas es claro: si los presupuestos no le disgustan, que los apoye, pese a que también lo hagan partidos que le aborrezcan. Condicionantes tan tajantes no son apropiados. Hay que demostrar visión de estado y no buscar la inmediatez de los votos. Lo importante es ser útil. Lo de los vetos es una estupidez ante las cosas de comer, que es lo que nos concierne ahora.

     Dicho lo cual, apena comprobar el poco criterio propio de la parte socialista del Gobierno de Pedro Sánchez. Con tal de permanecer en el poder el mayor tiempo posible está siendo capaz de tragar todos los sapos que le está lanzando el partido de Pablo Iglesias, especialmente cada vez que hace un ademán por buscar apoyos en el resto de partidos nacionales. Pedro está secuestrado irremediablemente por Pablo y así ese ejecutivo picapiedra, a la hora de la verdad y cuando hay que tomar decisiones, desoye a todo lo que no huela a ideología, pues el vicepresidente segundo impone con quién se ha de pactar, deambula a su libre albedrío y lo que es peor, dicta qué política hay que hacer para tener siempre contentos a esas, digamos, amistades peligrosas de las que frecuentemente place rodearse. El vicepresidente Iglesias, en cuanto tiene la ocasión, se convierte en ese niño travieso que convenientemente coloca la silla rota para ridiculizar al compañero que le cae mal; aquel que se las sabe todas y ante la falta de una autoridad que le meta en vereda ostenta el poder de hacer parar la música en el momento que estime. El resultado es una España dividida en dos, lo mismo, oh casualidad, que ansía VOX. 
     Aún no hemos dejado atrás lo peor de una pandemia que transita por una segunda ola que nos toca a todos, sin distinción de la ideología de cada cual. Mientras el virus campa a sus anchas se demuestra que el otro virus, el de la política, el de la división irreconciliable y el oportunismo, está siendo muchísimo peor. Pensábamos que igual la grave tesitura los iba a hacer cambiar, ¡qué ilusos! Se apaga la música y ellos siguen en sus sillones, con sus sueldazos, intocables; los españoles, en el fango, esperan una ayuda para incorporarse que no llega. De nada, ilustres diputados.

jueves, 16 de julio de 2020

Interpretar la Historia

Por fortuna y aunque nos parezca mentira, no solo de noticias en torno al coronavirus vive el habitante del mundo. Y es que, pese a lo intrincada que se ha vuelto la situación sanitaria a nivel tanto nacional como internacional, también han tenido lugar otros acontecimientos que han quedado inevitablemente en un segundo plano informativo.

Uno de los asuntos que entran en ese escalafón es la explosión de un movimiento iconoclasta que ha tenido lugar en diversos lugares de América y también de Europa (a España parece que aún no ha llegado con la misma fuerza). Se caracteriza por la pretensión de derribar aquellos monumentos o recuerdos erigidos en honor de personalidades de un pasado más o menos lejano en el tiempo. Algunos son descubridores o conquistadores, también los hay que fueron dirigentes políticos (gobernadores, reyes...) o incluso benefactores y promotores de la economía, las ciencias o las artes.

Ira desatada contra las estatuas de Cristóbal Colón en Estados ...
Vivimos un tiempo de revisión continuada. Y a ciencia cierta que ello no resulta tan novedoso: el mundo siempre ha cuestionado los acontecimientos del pasado, que la mayor parte de las veces nos enseñaban que eran irrefutables o incontestables. La historia no es tan perfecta como se nos ha hecho ver, tiene muchos matices. Siempre ha habido momentos para censurar los tiempos pretéritos, como ocurrió en la Francia de la Revolución, que entre sus preceptos estaba el hacer tabla rasa de todo lo que recordara al periodo de absolutismo monárquico anterior. Y así en todas las naciones a lo largo y ancho de los siglos.


Pero esa reinterpretación de la Historia que algunos tratan de imponer ahora no nace desde un verdadero conocimiento de lo anterior. Desde luego que no desde un punto de vista sosegado. Nos creemos con la suficiente autorización para juzgar el pasado con los ojos del siglo XXI, desde nuestro mundo de valores moderno, superior y evolucionado. Nos permitimos el lujo de exigir a una persona del siglo XV o del XVI que tenga la misma compasión por el débil que la que podemos mostrar hoy en día, obviando que la Historia se escribe desde una ecuación de pugna constante donde siempre hay unos que dominan y otros que resultan dominados y, por cierto, casi nunca de manera consciente. Cada individuo no deja de ser producto del tiempo que le ha tocado vivir, con sus ataduras y todas su injusticias, por supuesto.

La clave del asunto estriba en que la gente que se amotina para echar abajo un monumento conmemorativo hacia una persona (hombre, casi siempre) no está juzgando el pasado sino que lo que lleva a hacerlo es su frustación con un presente o un futuro que no le gusta y que quiere modificar. Y como no puede, piensa que algo podrá contribuir a base de gestos, cuales derribar un busto o una estatua con toda su ira y desde luego sin miramientos.

Es preocupante que en nuestro tiempo no sean los historiadores quienes "nos cuenten" la historia, o más bien, que los ignoremos. Y son los políticos u otros agentes de la sociedad quienes, frecuentemente a través de la red social del pájaro (pero no solo ella), y como delante de un enfurecido altavoz, tratan de dar lecciones de lo que es moral o inmoral, bueno o malo, reinterpretando los hechos históricos a su antojo y además con sumo convencimiento y tratando de imponer su visión sesgada a los demás. Y qué duda cabe que sus impresiones van a llegar a más gente que las que pueda tener un curtido catedrático de Historia.

Hechos como la censura a una película como Lo que el viento se llevó por mostrar, según se ha dicho, valores "inapropiados" o "justificar el esclavismo", son inconcebibles y muy negativos, porque obliga a pasar por el tamiz de la corrección política a todas las creaciones artísticas o intelectuales de otro tiempo. Es una nueva censura. Lo mismo sucede cuando pretende instaurarse la moda de poner notas aclaratorias a los monumentos o a cualquier creación artística para no sentirnos cómplices de un pasado que a menudo nos sonroja. En este sentido, creo que nuestra sociedad va por muy mal camino porque eso nos infantiliza.

La Historia es pasado; no se puede modificar. Se interpreta y no se juzga, está ahí. En cambio, podrá servir para que fabriquemos las baldosas del sendero del futuro y evitar que lo negativo amenace con volver a repetirse o, lo que es peor, a destruirnos. 



martes, 25 de junio de 2019

CiudadanoX



Hará poco más de una semana, en una entrevista televisiva, Inés Arrimadas decía tantas cosas y con tanto convencimiento que a no mucho tardar vendrán a engrosar la hemeroteca famosa del verdadero o falso. Y no para bien de la diputada catalano-andaluza, precisamente.

Es digna de estudio y de análisis pormenorizado la trayectoria reciente de un partido de origen catalán como Ciudadanos (Ciutadans) y de extensión nacional desde las elecciones europeas de hace cinco años. Aunque por entonces la irrupción de Podemos, que emergía de las calles del 15M, fue mucho más relevante y rimbombante, la implantación a nivel estatal de un partido antinacionalista como Ciudadanos suponía también otra patada en la espinilla del bipartidismo político. Ambos, Podemos y Ciudadanos (en adelante C`s), pese a sus muchas diferencias, venían a regenerar la vida política, a insuflar nuevos aires al desacreditado panorama de la res publica; y lo hacían en principio de manera transversal. Además, tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias eran dos líderes jóvenes pero completamente diferentes que aún así abrían la puerta a posibles pactos entre estas formaciones en cuanto a la lucha por la regeneración y la transparencia de las instituciones. La realidad, en cambio, ha venido a contradecirles.

En este blog que actualizo cada mucho tiempo me he referido en varias ocasiones a la formación morada, pero hoy este post va dedicado al sr. Rivera y a la deriva tan triste como curiosa que ha llevado la formación que con mano de hierro aún sigue manejando el político barcelonés. He aquí un decálogo de los grandes males que ha ido acumulando el partido naranja.

1) C`s acusa el personalismo político de su líder. Porque debajo de esa apariencia de partido de bases todo se hace con la aquiescencia de Albert Rivera. Todo.

2) En infinidad de ocasiones hay un patrón que se repite en la formación liberal: muchos de sus integrantes (a nivel municipal, sobre todo) provienen del PP o del PSOE. Sin ir muy lejos, de cara a las últimas elecciones al Parlamento Europeo fueron muy sonados algunos fichajes de tales formaciones. Gente que supuestamente ha venido a quedarse, con el único mérito de discrepar en ese momento de los dirigentes rojos y azules. C`s a veces da la sensación de que se nutre demasiado de las manzanas tocadas que caen del árbol.

3) Es una verdadera pena su cada vez más palpable falta de autocrítica. Si bien es verdad que no le fue mal en los comicios generales, en las autonómicas y municipales se dieron un batacazo. Contando con una menor implantación territorial que el Partido Popular era imposible competir de igual a igual, por más que Albert Rivera quisiera erigirse en el líder del espectro de centro-derecha. Y lo que es un fracaso lo es siempre aunque con la magia de las palabras trate de disfrazarse de otra cosa. La falta de modestia y de sentido de la realidad han venido a engullir el discurso de C`s hasta límites indignantes.

4) Sospechosos casos de amaño en distintas primarias nos dan a entender que aquello de la "nueva política" era un cuento. Rodearse de personajes tan en entredicho como la exconsejera del PP en Castilla y León Silvia Clemente era una decisión desacertada de la Dirección del partido y que iba a conllevar un importante descrédito. Pero es que en los últimos tiempos en C`s, ante las críticas, balones fuera y lo que es negro es leche porque me empeño yo. Mal camino llevamos.

5) El C`s actual no se asemeja nada a aquel que pactó un programa de gobierno con Pedro Sánchez a comienzos del 2016. El de ahora se ha agazapado en las trincheras y tiene la dudosa virtud de no  intentar apaciguar los encrespados ánimos de la política nacional por un mero interés partidista. Tenía razón Manuel Valls: "para C`s, cuanto peor, mejor" y sus declaraciones recientes tan devastadoras con el partido naranja vienen a expresar la realidad de lo que se ha ido convirtiendo un partido que representaba la centralidad política. Ese discurso de las derechas y las izquierdas vuelve a estar más vivo que nunca, ¿por qué será?

6) C`s ha insuflado vidilla al PP más derechizado de los últimos tiempos. La situación del partido conservador era tan sumamente delicada por la contundente victoria socialista a nivel global que solo un pacto con VOX y C`s le permitía seguir ostentando gran parte del pastel autonómico y municipal. El sr. Rivera tenía la posibilidad de dar la puntilla al PP de Casado, pero en cambio una alianza tan decidida como ciega con la sede de Génova 13 le ha dejado como un tenor del montón a cambio de un único plato de lentejas. Una estrategia a todas luces errónea que ya ha empezado a tener consecuencias en forma de deserciones.

7) La foto de Colón es la contundente y bochornosa imagen de la derechización de C`s, que hace ya tiempo renunció a su vocación socioliberal en aras de aliarse con el Partido Popular con el solo fin de derrocar a Sánchez. Ni siquiera los muchos casos de corrupción pendientes de esclarecer en las filas populares, ni sus numerosos años de tutelaje en autonomías y diputaciones, han logrado que Albert Rivera dé su brazo a torcer en casi todo el mapa nacional. Supongo que hay razones suficientes para poner el grito en el cielo con respecto a la alianza del PSOE navarro con los independentistas, pero hay muchísimas menos para dejar gobernar al partido más votado en Castilla y León con tal de tejer una alianza tan ciega como ingenua con un partido que lleva gobernando 32 años la comunidad más extensa de España y cometiendo durante ese lapso de tiempo no pocos desmanes. Muy bonito todo, Albert. Seguramente que son muchos los castellanoleoneses que te estarán felicitando. "Regeneración" lo llamabais.

8) Se puede acusar a Albert Rivera de obsesionarse con el preocupante -porque lo es- tema catalán. Y toda su manera de actuar a nivel político se ve contaminada por Cataluña. Incluso, para consensuar un pacto, su partido obligó a las direcciones territoriales del PSOE a firmar un documento donde expresar la disconformidad con las políticas de la dirección nacional y apoyar la aplicación del art. 155 de la Constitución en Cataluña. Así y todo, el asunto del Procés ha venido a condicionar  completamente la política social, económica e institucional del país gracias en cierta medida al empeño de C`s.  Mezclar las cosas nunca ha sido buena idea. Supeditar las reformas estructurales que necesita España, algunas bastante urgentes y que requieren una mayoría fiable en el Congreso, a que el Partido Socialista ni siquiera pueda reunirse con los partidos independentistas es una auténtica barbaridad que refleja la falta de ética del bandazo de C`s al papel de oposición feroz.

Mimetización con el PP, ese "contigo sí, pero como que no se note" con respecto a VOX para sacar cacho y un "cordón sanitario" al PSOE por considerar a Pedro Sánchez un nuevo Lucifer son sus dogmas de fe ahora. Aún decían hace unos días que con Jaume Collboni sí -pero con Colau nunca- para justificar su ruptura con Manuel Valls cuando habría que recordar que el propio PSC es lo más fiel al sanchismo que hay a nivel territorial. El argumento de C`s, además de una falacia, no se sostiene por incongruente. Otro más...

9) C`s ha vertido unas cuantas mentiras con respecto a Pedro Sánchez, investido legítima y constitucionalmente como jefe del Ejecutivo tras una moción de censura. Y justo en ese momento, cuando las encuestas con respecto a un posible adelanto electoral daban a C`s un importante subidón, llegó la negativa de Pedro a convocarlas. Cual niño pequeño que coge una rabieta en la que le va la vida, Albert Rivera, que hasta ese momento había sostenido al gobierno del que decían nunca iban a hacer presidente (Rajoy), jamás se lo ha perdonado y eso ha originado su intransigencia hacia los socialistas. Ha hipotecando el bien del país por una postura política impropia de un partido regenerador y liberal, llegando a tejer un juego de pactos tan oscuro y burdo como alejado de los postulados iniciales de su formación. Tras las últimas elecciones, C`s se ha rendido completamente al mercadeo de sillones con tal de ir de la mano en todo del Partido Popular.

10) Esa enemistad irreconciliable de Sánchez y Rivera obliga a aquel a valorar otras alianzas con quienes C`s venía a tratar de frenar. La oportunidad de reducir la influencia de los partidos nacionalistas, tan insolidarios ellos, en la política nacional, se está dejando pasar, como a punto estuvo de suceder en el Ayto. de Barcelona si no media la loable decisión del exprimer ministro francés. Los españoles que no vivimos en Galicia, Cataluña o el País Vasco deberíamos dar a este C`s las gracias por permitir que la política nacional siga condicionada por los pactos con los partidos que desde luego no buscan el bien común. Es completamente mentira que Pedro Sánchez no desee entenderse con los naranjas, pero no le queda otra más que tratar de llegar a acuerdos con otras formaciones para ser investido porque de los contrario nos encaminamos a una repetición electoral. ¿Eso es lo que quiere C`s? ¿No trató de hacerlo a la inversa en 2016 para que una abstención de aquel PSOE turbulento permitiera investir a Mariano Rajoy ante la amenaza en el horizonte de otro domingo electoral?

Asi pues..., ¿qué más nos queda por ver con respecto a C`s? Intuyo que multiplicarse por cero, diluirse en el PP o la diáspora irremediable de sus dirigentes díscolos -que los hay, lo vamos comprobando-  ante la ceguera de la dupla Rivera-Arrimadas. Viene el recuerdo de aquel CDS que fundó Adolfo Suárez con las cenizas de la UCD o el de aquel partido personalista creado por Rosa Díez (UPyD) en una posición de socialismo moderado. Albert Rivera es ese Ciudadano X, esa incógnita que puede condicionar la estabilidad de los próximos años de gobierno a todos los niveles. Pero se siente más cómodo en la confrontación, repitiendo el mismo discurso altisonante o declinando reunirse con el presidente del Gobierno en funciones. Ya hasta ha perdido la capacidad de diálogo, como VOX, con quien por mucho que lo niegue ha de comer en la misma mesa. Visto lo visto parece que el multipartidismo no va a llegar a los postres.


miércoles, 1 de mayo de 2019

Compás de espera


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Las elecciones del domingo (tranquilos, que en nada aquí tenemos una segunda vuelta...🙈) aclararon bastante el incierto panorama ideológico y político de nuestro país. España ha votado moderación y ese, como primer punto, es un gran y feliz detalle. 

Dentro de la fragmentación que se preveía, es justo reconocer que el Partido Socialista ha conseguido un resultado encomiable, mérito de un Pedro Sánchez que ha compuesto, entre el juego cruzado de ruido y furia, el discurso menos iracundo y catastrofista de todos los candidatos. Pedro Sánchez tenía grandes hectáreas para agigantar la hegemonía que le otorgaban las encuestas. Ha logrado apropiarse de varias parcelas en perjucio de su flanco izquierdo, Podemos (lo de Unidas lo obvio por exceso de postureo), ha conseguido movilizar al abstencionismo y también ha echado el anzuelo a los desencantados con la deriva personalista y desaforada de Ciudadanos, gente moderada y progresista que en el pasado podía votar al PSOE antes de la crisis que negó Zapatero.

Así pues, el tablero político español queda de la manera que sigue: una izquierda aglutinada en torno a Pablo Iglesias e Irene Montero (matrimonio a lo Perón), bastante venida a menos, por cierto; un PSOE fortalecido que ha sabido acaparar voto propio pero también ajeno gracias a su mayor sentido de Estado y su discurso apaciguador; un Ciudadanos que consigue un buen resultado (sin sobrepasar al PP ni lograr largar a Sánchez de la Moncloa, desde luego), pero derechizado con respecto a las últimas elecciones generales; y un PP de Casado herido de muerte y arrastrado por el discurso totalitario de VOX, que emerge sin la fuerza que casi todos los medios anunciaban. Pero VOX está ahí y ahora con altavoz y voto en nuestro Parlamento. Les toca trabajar, a ver qué hacen...

En los dos debates electorales pudimos comprobar que lamentablemente hacer oposición es hacer el juego sucio al Gobierno, que la lucha por los votos entre los dos principales partidos de la derecha era titánica, que Pablo Iglesias triunfó travestido de una aleación de cura obrero y padre de la Constitución y que Pedro Sánchez no estaba dispuesto a bajar al barro pese al sonrojante bazar que se había instalado en el atril de Albert Rivera.

Bueno, ahora viene lo importante. ¿Ahora qué? Me temo que nada... al menos en un tiempo, hasta que pasen las elecciones de finales de mayo. Desde luego que a Pedro "el bello", como acaban de llamarle en algún periódico extranjero de manera un tanto chocante (y no sé si jocosa), no le interesa moverse de la baldosa donde se haya ni le conviene modificar el discurso. Solo al PP parece interesarle verdaderamente que las cosas cambien. Mucho se juega Casado ante  la presión de VOX y Ciudadanos, que le han comido la tostada que hasta hace más bien poco saboreaba tranquilamente desde la terraza de Génova 13.

Es muy probable que, sintiéndose fortalecidos, a los socialistas les interese gobernar en minoría con necesarios apoyos puntuales. Su alianza con el partido morado y un numeroso abanico de pequeños partidos más en el fondo puede ser un tanto imaginaria. Lo más plausible sería una alianza con Ciudadanos que les daría la mayoría absoluta. Pero no es el PSOE (pese a los gritos de repulsa de su exaltada feligresía) quien ha puesto un cordón sanitario a un acercamiento entre los dos partidos que debieran haber luchado por el hasta ayer mismo olvidado centro ideológico. Lo ha hecho Rivera y su muy discutida mimetización con el Partido Popular más radical en años.

En este sentido, el viraje de Ciudadanos hacia los postulados propios del PP, arrastrado este a su vez por la irrupción de VOX, ha dejado en el olvido a aquel partido regenerador que era propenso a llegar a pactos "a izquierda y derecha" con un discurso transversal, capaz en definitiva de alcanzar acuerdos para la estabilidad de los diversos gobiernos. Un partido liberal y de progreso en el que mucha gente confió visto el panorama tan desolador de nuestra clase política. No queda nada de aquello ante el personalismo de Rivera y Arrimadas, el discurso inamovible (y monotemático) del problema catalán, su ofrecimiento al PP a cambio de nada, su imposibilidad para distanciarse de inmediato de VOX, la falta de credibilidad entre lo que anuncia y luego hace, su olvido de los asuntos del día a día (no todo es la unidad nacional) y, por último, su oportunismo ante lo que van reflejando las encuestas. Si Ciudadanos conservara una pizca de sentido de Estado y no se creyera tanto que es el primer partido de la oposición (sus acusaciones a Sánchez de traidor no se sostienen) lograría algo que siempre sale de boca de sus dirigentes: que los nacionalistas no condicionasen la política española por una vez en Democracia. Si Sánchez y Rivera suman, ¿qué mas motivos tiene Albert para no pactar con Pedro? Este nuevo Ciudadanos vive muy cómodo en el discurso maximalista y en la confrontacíón, pensando que eso le va a generar votos con facilidad; el interés de la nación... es otra historia. Ya se lo decía el propio presidente en funciones la semana pasada: Rivera, ¡qué desilusión! Suscribo.

lunes, 21 de enero de 2019

El mejor cine del 2018


2018 ya expiró y para mi gusto no ha dejado una gran cosecha de cine. Claro que esta aseveración la ciño en exclusiva a ese manojo de películas que he podido ver en sala de enero a diciembre. Desgranemos lo que a mi juicio considero más destacado.



7. LAS ESTRELLAS DE CINE NO MUEREN EN LIVERPOOL, de Paul McGuigan.
Drama romántico de toque british para mayor gloria de la improbable pareja formada por Annette Bening y Jamie Bell (sí, el niño de la sensacional "Billy Elliot"). Porque es cierto, si algo destaca en esta pequeña película son sus interpretaciones, sobre todo la de la esposa de Warren Beatty y su partenaire. La química funciona, aunque de ella ya esperábamos una interpretación tan bien equilibrada entre lo dramático y lo seductor. No sirvió para darle a Annette una nominación -merecida, quizás- pero el film funciona y tiene cierto encanto. Se está poniendo de moda eso de rescatar las vivencias de las estrellas del Hollywood clásico, aunque en esta ocasión igual nos quedemos con ganas de saber más de esa Gloria Grahame que vive su ocaso en la ciudad de Liverpool.




6. EL AUTOR, de Manuel Martín Cuenca.
Se hace también buen cine en España, no hay duda. Lejos han quedado las películas recurrentes sobre la Guerra Civil; ahora se apuesta por el thriller y las argumentos psicológicamente complejos (me viene a la cabeza "La isla mínima", sin ir más lejos) que estilan calidad, más propia del cine de otros hemisferios.
El caso de "El autor" es de una gran valentía. Lo que empieza siendo la narración de la vida diaria de un solitario escritor de novelas acaba por convertirse en un relato turbio y paranoico. Una película sobre la manipulación y la amoralidad cuyo desarrollo atrapa pese al error de casting que supone María León (¡menos mal que sale poco!). Javier Gutiérrez compone una interpretación sobria y creíble con muy pocos recursos. Un Goya merecidísimo el suyo.




5. TULLY, de Jason Reitman.
En el 2012 nos llegó aquella pequeña joya titulada "Young adult", en la cual Charlize Theron se desprendía de todo su glamour para interpretar a una mujer que no había superado la etapa de icono estudiantil. Seis años después se reúne de nuevo con Jason Reitman y la guionista Diablo Cody para relatarnos el día a día de una madre de tres hijos que vive en un permanente estado de excitación por la carga de trabajo que eso conlleva y la falta de horas de sueño.
"Tully" es el reverso de "Young adult" y Marlo solo quiere agarrarse como un clavo ardiendo al recuerdo de su pasado de soltería. Una película metafórica que brilla como su predecesora por una Charlize que, cuando elige bien, es una de las mejores actrices del Universo. Que nadie recuerde su gran trabajo habla muy mal del tejemaneje que suponen los Oscar. Y que la misma Theron, Reitman y Cody vuelvan a reunirse es una de las mejores cosas que le pueden pasar al cine en la actualidad.




4. CAMPEONES, de Javier Fesser.
El autor de "Camino" no solo ha dado en la diana del espectador con "Campeones", sino también en la de la crítica (pocas veces coincidentes) con esta película deliciosamente divertida. Su primera media hora es desternillante e ingeniosa y, a medida que el drama gana peso, se convierte en una imprescindible del cine español estrenado en el 2018. Otro papel que borda Javier Gutiérrez con pasmosa naturalidad y no caer en los estereotipos del cine lacrimógeno cuando de gente discapacitada se trata es su mejor baza, como aquella escena de la canasta final tan bien ideada. En el haber de Fesser está saber equilibrar las ínfulas de emoción, comedia y drama en todo su metraje. ¿La ganadora de los Goya? Bueno, ya veremos... no siempre lo más importante es ganar.




3. TODOS LO SABEN, de Asghar Farhadi.
Podía haber salido cualquier cosa: un director de prestigio iraní, un casting español de relumbrón (demasiadas estrellas del cine patrio), una localización excesivamente cañí... Pero no, "Todos lo saben" es un drama rural de la España seca que funciona. Y rodado en castellano, por supuesto. El director deja hacer a su plantel de actores, incluso mete a Darín porque ya forma parte del cine de aquí aunque sea en un papelito corto... Tras ubicar bien la trama y a cada personaje, el argumento gana en intensidad beneficiándose sobre todo de la gran labor que desarrolla Javier Bardem. Él y Penélope no estaban de paso y "Todos lo saben" supone la recuperación del drama rural que tan buenos resultados dio en tiempos pasados. Cine pausado bien labrado en el que cada personaje parece guardarse algo.




2. YO, TONYA, de Craig Gillespie.
Algo de ruido hizo en los últimos oscar, pero no el suficiente. La historia de la patinadora Tonya Harding es una de las mejores películas estrenadas en el 2018 y ello le debe mucho a Margot Robbie, que supo elegir el proyecto adecuado para que el mundo la vea como una actriz a tener en cuenta. No es un biopic al uso, lleno de saltos en el tiempo, con entrevistas como -felices- catalizadores del argumento, con buena música y una pizca de sentido del humor macabro. Todos ellos son aciertos, al querer alejarse de lo clásico y tradicional. Un "Cisne negro" del patinaje que a la vez es una peli de matones a sueldo donde quedan retratados, para mal, el mundillo de las competiciones deportivas y  esos padres que solo conciben ver ganar a sus hijos. El sueño americano que estalla en pedazos tras un affaire que alteró al deporte de alta competición. Interpretaciones, guion y dirección a un muy buen nivel. Y mejor verla en versión original, desde luego.




1. CALL ME BY YOUR NAME, de Luca Guadagnino.
Ni "Tres anuncios en las afueras", ni "La forma del agua", ni "Hereditary" ni "Ha nacido una estrella". A los puntos puedo considerar "Call Me By Your Name" la mejor película que pude ver el año pasado. Excelente guión y muy buenas interpretaciones por parte de Timothée Chalamet -revelación- y Armie Hammer. Guadagnino compone un lienzo a la italiana, el del verano del 83 donde las cosas fluyen como esos arroyos que bajan susurrantes de los Alpes. La pausa, las miradas y los silencios contribuyen a que en una película donde al principio no parece pasar nada acabe por suceder algo grande e importante, sobre todo para la vida de Elio en el verano que cambiará su vida. No conviene contar mucho más; solo diré que el último plano de esta fascinante película es uno de los mejores que se han rodado en el cine reciente. El triunfo de la sutileza y la sencillez en una cinta cocinada a fuego lento que, en su último acto, logra dejarte completamente rendido. Habrá que estar atentos a la curiosa "secuela" que ya se prepara. 





miércoles, 5 de diciembre de 2018

Intolerantes


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Hace un par de días, tras conocerse los resultados de las elecciones en Andalucía, Pablo Iglesias llamaba de todo a VOX, el partido de Santiago Abascal que ha irrumpido con inusitada fuerza en el Parlamento andaluz. Entre otras cosas, le atribuyó los calificativos de machista, franquista y homófobo. Nada nuevo.

Lo curioso es que se da el caso que el partido ganador -el PSOE- parece que ha sido el gran perdedor. Y sin embargo, el partido que obtiene menos representación parlamentaria -VOX- ha sido el que ha ganado las elecciones. Las cosas de la política. Y para muestra, no había más que ver el semblante de Susana Díaz, que en un par de horas había envejecido quince años y había adelgazado veinte kilos. Las cosas de vete tú a saber...

Pero lo sucedido en la comunidad autónoma más poblada de España ¿es extrapolable al resto del Estado? Bueno, evidentemente se trata de un aviso a navegantes, sobre todo para un Partido Socialista que tenía en Andalucía su mayor granero de votos y donde llevaba varias décadas sin bajarse del sillón, cometiendo los peores vicios de quienes ya llevan tanto tiempo gestionando la cosa pública. ¿Desgaste? Seguro. Pero también algo más.

Estos resultados hay que analizarlos en clave nacional, por más que la aún presidenta se esforzara en campaña por no tocar los "leitmotiv" de la política nacional, a sabiendas de que éso era destructivo para sus resultados. Y a decir verdad parece que de Andalucía se habló más bien poco, pues la votación al final se convirtió en un plebiscito hacia las políticas de Pedro Sánchez, que sufre un duro revés de cara a lo que queda de legislatura (que a saber cuánto de poco será).

Pero, ¿por qué VOX? Y también, ¿por qué ahora? Esas preguntas debieran hacérselas todos los partidos políticos. Sin posponerlas y sin evitar la autocrítica. Todo lo relacionado con el "asunto catalán" ha enturbiado tanto el ambiente político español que no dudo que haya sido causa directa del ascenso de la ultraderecha, precisamente ahora y a rebufo de lo que ya es una realidad en la mayor parte del resto de países de Europa. Pero hay más. La izquierda en España, a mi juicio, vive una pérdida de valores; lleva tiempo olvidando e incluso despreciando ciertos emblemas que en otras naciones no se discuten. Y todo ello coqueteando y simpatizando con los partidos nacionalistas o directamente secesionistas, en lugar de tratar de mantener un equilibrio sin cuestionar en demasía los valores que refleja la Constitución. La nueva izquierda española (Podemos, básicamente) no se siente reflejada en el ordenamiento surgido en la Transición y se siente más cómoda con aquellos que directamente quieren acabar con él y con el Estado. Está radicalizada.

España ha perdido el centro. La radicalidad de la que hablo e incluso la intolerancia ha ganado terreno a la mesura y al reformismo, al diálogo y al parlamentarismo. Y nadie debe mirar para otro lado. ¿Cómo es eso de que el mismo lunes en Málaga, Sevilla y Granada se convocaran manifestaciones (no autorizadas) para protestar contra los 12 diputados conseguidos por VOX?  ¿Y las protestas de ayer en Cádiz acompañadas de destrozos al mobiliario público? Ésto es democracia, señores, aunque no nos gusten sus postulados. Habrá que vencerlos con la palabra, para que vean que muchas de las cosas que defienden no tienen cabida en un régimen democrático.

Mi percepción personal es que el nuevo PP de Pablo Casado ha revitalizado los peores clichés de aquel Aznar en la oposición. Que Ciudadanos, partido que al inicio se autoproclamaba socialdemócrata y reformista, en los últimos tiempos ha perdido el centro. Sus ansias de poder le hacen defender los mismos postulados que los populares, e incluso en no pocas ocasiones con mucha más beligerancia. Que Albert Rivera y Pablo Casado coincidan en la indumentaria igual no es tanta casualidad. Ese viraje de estos dos partidos hacia las trincheras de la dura oposición ha envalentonado a aquellos que menos campaña han hecho en Andalucía porque muchos andaluces han perdido la fe en los partidos tradicionales, que ya no les representan. Y el discurso de VOX es mucho más barato de comprar, desde luego.

El PSOE, por su parte, sobrevive sobre una fina cuerda sufriendo el desgaste de gobernar con tan pocos diputados y el apoyo cuestionable de los peores compañeros de viaje posibles, mientras se cuentan los días para que empiece el juicio de los encarcelados por el Procès. Si Pedro Sánchez ha intentado -acertadamente o no- mantener un diálogo con Cataluña para no enmarañar más el asunto, tampoco ha encontrado demasiada ayuda, esa es la verdad.

Entonces, ¿qué panorama tenemos? El de la radicalización. La que vemos todos los días en las redes sociales y también en las cuentas de Twitter de nuestros representantes públicos. Medio éste que ahora sirve para dar a conocer los programas y las acciones de los distintos partidos, e incluso para rendir cuentas al ciudadano. Da que pensar. Pero como iba diciendo, ese lenguaje taxativo, de blanco o negro, que se ha establecido en el Congreso y en los mítines a pie de calle no hace ningún bien a la labor de no alimentar el extremismo. La intolerancia por aquel que no piensa como nosotros nos está devorando porque en lugar de bomberos muchos políticos se han erigido en verdaderos pirómanos. ¿Y qué es sino VOX? Pues una reacción al extremismo del otro lado, a la pérdida de valores de la izquierda, entre otras cosas. Entonces, ¿de qué nos extrañamos? La radicalidad siempre genera más radicalidad y aquí cada vez hay menos gente dispuesta a querer apagar las llamas.


viernes, 17 de agosto de 2018

Croacia: la tierra y el Adriático

La "caída del muro", la desmembración de la URSS, la guerra de Bosnia... Son hitos de nuestros años de crecimiento, de nuestra juventud. Acontecimientos que pudimos ver en imágenes, no con la calidad visual que tenemos ahora, desde luego, pero sí como hechos tan definitorios que han servido para entender la Europa que ahora contemplamos.

Tales acontecimientos, que no tienen más de treinta años, han quedado muy lejanos. Como lejanos nos parecían países como Yugoslavia, la Unión Soviética o la R.D.A., siempre al otro lado del Telón de Acero, como mirándolos por encima del hombro gracias a un sistema político y social que les diferenciaba como europeos de tercera. Por suerte, y para bien o para mal, hoy en día es posible la circulación de personas entre los distintos territorios, matices aparte claro está. Uno puedo un día despertarse en Sarajevo y acostarse después de un día agotador y tras contemplar su magnífica estampa de edificios dorados por el sol de la tarde en la espectacular Praga. O hacer lo  mismo en Timisoara y en Madrid. ¡Ay, si es que no hay nada como viajar! Pasear, descubrir, la historia, la cultura... Mejor no sigo.

Vista del golfo de Kvarner con alguna de sus islas desde el P.N. Risnjak
Mi última aventura me ha llevado a una de esas naciones "de moda": Croacia. País pequeño pero con esa conjunción irresistible de paisaje, bosques, costa y ciudad. Si las piedras hablaran Croacia sería un loro parlanchín. Romanos, eslavos, otomanos, italianos, austriacos... Está claro de que Croacia se ha configurado a base de oleadas de invasiones, de ahí su riqueza cultural y patrimonial aunque afortunadamente para ellos, y desde inicios de los noventa, ahora pueden pavonearse de llevar las riendas de su propio destino.

El caso es que el país con la bandera del mantel a cuadros es de todo menos feo. Desconozco las regiones del interior, así como su capital, Zagreb. Pero de la cordillera de los Alpes Dináricos hacia la costa es un país francamente bonito. Para mí ha sido lo esperado. No me esperaba más, pero tampoco me esperaba menos. Sabía a lo que iba y eso me permitió disfrutarlo en todo su sentido.


Lo que más llama la atención de Croacia es lo mediterréneo que se ve y se huele. No faltan los pinares, las higueras, los frutales, las vides o los olivos. Tampoco faltan sus numerosas horas de sol y el calor, pegajoso debido al efecto del influjo de la mar. Su costa recortada por cientos de islas e islotes y flanqueada por la silueta de la cordillera de los Alpes Dináricos le dan una cierta imagen de edén, casi virginal. ¿El Mediterráneo tal como era? Puede ser, aunque Croacia ya ha sido devorada por el turismo y todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Y decía que llama la atención porque frente a esa imagen está la de los croatas, muchos de ellos rubios y de piel pálida que en nada son la imagen que uno espera para un terreno de tales características, el de un país del sur de Europa. No quiero decir que todos los croatas sean rubios, desde luego, pero hay algo en ellos que hace decirme "esta gente parece venir de otro lugar". ¡Claro... son eslavos!

No es sencillo quedarse con una única imagen de un país tan interesante. Pequeño, pero interesante... Si no caben más de 4 millones y poco se debe a que no se han puesto a talar árboles. Los espectaculares lagos de Plitvice, en el interior, son Patrimonio Mundial de la UNESCO y tienen una fama muy bien ganada. La pena es que están masificados los senderos que los recorren. Pero la conjunción de cascadas, agua de color turquesa y la frondosidad de sus bosques les hacen ser parada obligatoria en cualquier viaje a Croacia que se precie.

Y qué decir de Split, la capital de la costera región de Dalmacia. Una ciudad portuaria, histórica, aunque puede ser que algo venida a menos tras la caída del Comunismo. Aquí no hay dudas, descubrir Split es lo mismo que decir Palacio de Diocleciano. La estrechez de sus calles y la antigüedad de sus piedras te trasladan a la vieja Roma, ahora bien, a la Roma ya en decadencia que está a punto de ser presa de los bárbaros (aquí, los eslavos). Imagino que la vieja Spalato está orgullosa de su antiguo esplendor como centro importante del Imperio, aunque a decir verdad y para colmo de males me fue imposible comprobarlo. Otra vez será.

La bella Dubrovnik
Costa al norte y costa al sur la mente te retrotrae al esplendor veneciano. Pueblos que en su día fueron escala en el comercio generado desde Venecia a lo largo de todo el Adrático. Esbeltos campanarios de piedra y pequeñas playas, de cantos en su mayoría, para disfrutar de las cristalinas aguas y de una vegetación y un clima espectaculares. Y así, hasta llegar a Dubrovnik, rival en su día de aquella Venecia que aquí lo acaparaba todo. La ciudad parece algo escondida según te acercas, pero ya allí te ofrece el mejor casco histórico de toda Croacia. La ciudad vieja está rodeada de casi 2 kms. de muralla desde la que se divisa el Adriático en toda su dimensión. Una ciudad abierta al turismo, algo cara para ser exactos, pero con un patrimonio civil y religioso de primer orden. Aún  son visibles en ella las consecuencias de aquella guerra contra Serbia y Montenegro que dejó a la "perla del Adriático" sumida en la tristeza y la devastación. Pero Dubrovnik, como Croacia, ha sabido recuperarse y sacar la cabeza hasta ser considerada un destino de primerísimo orden.

Hacer parada de solo un día en la isla de Hvar (tan cara como intensamente bonita) te sabrá a poco. Y de allí rumbo al norte de nuevo para aproximarnos al golfo de Kvarner, o de Rijeka. Por aquí la influencia italiana ha sido más reciente, así como la austriaca o centroeuropea. La ciudad-balneario de Opatija trae reminiscencias de aquellos años en que esta zona era parte del Imperio de los Habsburgo, salida al mar de Austria-Hungría. Antes, eso sí, de que terminaran los vals con disimulado estrépito y la Gran Guerra pusiera la zona y al mismo imperio patas arriba. Nunca más regresó ese esplendor, aunque sus ciudadanos lo intentan con jornadas estivales de recreación histórica.

Resumiendo. Croacia, país moderno y joven (piedras aparte) es complicado que te defraude, inimaginable diría yo. Puedes pedir más a los croatas en su esfuerzo por dar un servicio turístico de calidad. También puedes pedir mejores hoteles, desde luego; hay muchas cosas que aún deben mejorar, de hecho. Pero no puedo concebir que a nadie pueda dejarle indiferente. Así que ya sabéis, daos un capricho, ahorrad un poquito porque no demasiado lejos se encuentra un país de aguas limpias, turquesas, bosques milenarios y pueblos/ciudades con encanto que os está aguardando. ¡No olvidéis vuestra cámara y a disfrutar!


Split observada desde el Adriático