martes, 12 de octubre de 2021
Instrumentalizar la Historia
lunes, 10 de mayo de 2021
Confrontación
Ya podemos volver a nuestras vidas. No ha habido día, en los dos último meses, en el que los españoles que no poblamos la capital hayamos dejado de oir/ver soflamas con las que incentivar la participación electoral en la Comunidad de Madrid. Nos iba la vida en ello al resto. Porque si Madrid no es España... casi.
¿Unas elecciones que han servido de lección? Igual sí. Porque tela marinera con los partidos políticos y los candidatos a conseguir la presidencia... ¡Qué debate!¡Qué consignas!¡Qué todo! Aunque tampoco habría que olvidar la muy estimable colaboración de los medios de comunicación en su más amplio arco ideológico. Debían arrimar el ascua a su sardina. Perdón, mejor dicho intentar que se achicharrase la del contrario, la del enemigo, porque ya no hay rival bueno que valga.
Quedan lejos los días en que un terremoto con epicentro en Cartagena no tardó en generar una réplica inmediata e inesperada en la capital del Reino. Isabel Díaz Ayuso quería gobernar sola, se había cansado de rendir cuentas a sus desorientados socios y la ocasión venía que ni pintada para lograrlo en vistas de su disparada popularidad. Que Madrid tiene unos datos epidemiológicos preocupantes, qué mas da, ella lo vale. Total, cual chiquilla adolescente no hay nada ni nadie que se interponga ante sus deseos.
Tiremos de hemeroteca. De inmediato a la convocatoria a las urnas, puño en alto y a bombo y platillo, Pablo Iglesias decide desocupar su plaza vicepresidencial para lanzarse al barro y así combatir la amenaza del fascismo. Para Ayuso, el bocado perfecto y el rival deseado visto el rechazo que el ya exlíder podemita genera en amplios sectores de la sociedad madrileña (y española). Posteriormente, Pedro Sánchez y buena parte del aparato del sector socialista del Gobierno (incluido el Ministro del Interior y la Directora General de la Guardia Civil) deciden intervenir de manera protagónica en los mítines del candidato Gabilondo, comprando el diccionario político de Pablo Iglesias y acusando a la presidenta de llevar a la Comunidad de Madrid a la desobediencia civil y la deslealtad institucional.
Y entre la caprichosa Isabel, un exaltado Iglesias, la amenaza de ver a VOX dentro del Gobierno autonómico, sobres amenazantes por doquier, un presidente del Gobierno dispuesto a picar el anzuelo y un partido como Ciudadanos con la batería fundida pero -pese a la dolorosa patada ahí, donde más duele- dispuesto a reeditar su pacto de gobierno con el PP, discurre una campaña fatigosa y barriobajera con el telón de fondo de las vacunas y el paro, en clave ya no madrileña sino nacional. Dos bloques enfrentados y un discurso de rompe y rasga en torno al fascismo, el comunismo y la libertad. Todo en lenguaje extremadamente retórico y con tintes guerracivilistas, como en el 36. Si hasta Ángel Gabilondo tuvo que aparcar su moderación para entrar al trapo de una manera tan burda, postiza y ridícula que esa ha sido una de las claves de la debacle de los socialistas el martes pasado.
Ayuso hizo que casi todos claudicaran ante ella cual araña venenosa, convirtiendo estas elecciones en un plebiscito sobre la libertad de los madrileños y sobre la gestión política del Gobierno de coalición en lo tocante a la pandemia. Enmascaró su irresponsabilidad y sus errores con los problemas de gestión del Gobierno central y con el rechazo que la figura de Sánchez genera debido a su política de alianzas. Muy hábil, pero a cambio de vender un discurso frentista y polarizando aún más a la sociedad, algo que prácticamente todos los partidos han buscado desde el primer instante al alzar el tema ideológico al púlpito del debate político.
En España sobra mucha arrogancia en la clase dirigente y también en quienes ejercen de oposición. En una situación económica de delicadeza extrema, cuando aún hay mucha gente que no ha podido volver a su trabajo y cuando otros tantos se han visto endeudados o han tenido que clausurar sus negocios, la situación exige a los políticos empatía, altura de miras y que bajen a la realidad del día a día. En cambio, todo se ha enturbiado con el debate ideológico: las derechas, las izquierdas, los fachas, los comunistas... Imposible llegar a consensos con tales etiquetas trasnochadas y tanto griterío patrio. La ideología no da de comer a los españoles; lo da una administración práctica, ágil y cercana a las necesidades y circunstancias de la gente. Para lograrla, hay que escapar del discurso de baratija, aquel que solo sirve para alimentar mi popularidad entre quienes me votan.
Los unos dicen que la arrolladora victoria del Partido Popular tiene un significado nacional. Los otros, que solo se entiende en clave madrileña. Como siempre, cada cual ve la paja en el ojo ajeno. De cualquier modo, en el bloque progresista mal haría el PSOE si no analiza a fondo estos resultados que le han llevado a ser la tercera fuerza en el parlamento. A Ayuso le han votado también muchos desencantados con la gestión política y epidemiológica de Pedro Sánchez, eso es evidente. Un voto de castigo ante lo que supondría otro gobierno con Pablo Iglesias dentro. Por su parte, Ciudadanos sentencia su próxima desaparición tras este resultado catastrófico. Otro más. Que me expliquen cómo después de quedar humillado y en la cuneta por la presidenta Ayuso, su discurso ha girado inexorablemente en tratar de reeditar su alianza con los conservadores. Poca memoria la suya.
Se ha vuelto a comprobar. Desde hace unos años se ha convertido en un imposible la alianza entre los socialdemócratas y los liberales en nuestro país. Desde el frustrado "pacto del abrazo" entre Sánchez y Rivera en el 2016 no han hecho más que ponerse zancadillas. Los socialistas porque prefieren condicionar sus políticas al populismo de izquierda o apoyarse en el nacionalismo, mientras que los naranjas porque a la mínima oportunidad que tienen traicionan aquello que tanto pregonan para solaparse al PP en prácticamente todos los ámbitos territoriales. Si hay una salida honesta y moderada, tan necesaria, que pudiera representar la alianza de gobierno entre estos dos partidos, resulta ya una quimera. Y ahora en Madrid, tras sus desastrosos resultados, ha quedado meridianamente demostrado pese al perfil amable de sus candidatos.
En un tablero de buenos y malos, de blancos y negros donde jamás se buscan matices grises, siempre sacan provecho los extremos. Las cuentas están hechas. En el fondo Madrid podrá presumir de la rapidez conque va a tener un gobierno salido de las urnas. No como en Cataluña, donde aún discrepan del puesto -y la paga- que hay que asignar al president que mora en Waterloo. Mal vamos.
jueves, 12 de noviembre de 2020
El juego de las sillas
Por entonces la imaginación lo era todo. Seguro que nadie olvida aquellos juegos colectivos con los que pasábamos el verano los niños que crecimos en los 80. Y entre ellos uno de los más significativos era aquel en el que un grupo de personas correteaba al son de la música en torno a un círculo de sillas vacías. Siempre había una persona más que el número total de sillas; así que cuando cesaba la música y había que buscar asiento, siempre un chaval, infeliz, quedaba apeado de su propósito. E incluso, algunas veces, veía aterrizar sus posaderas en el parqué o sobre el mullido y fresco césped.
Aquel juego al que algunos encontraban su gracia es en lo que se ha convertido en esta recta final de año el panorama político español. Es casi el asunto de moda, salvando las distancias, claro está, con todo ese inmenso pack que tiene por etiqueta "covid-19". Tras varias prórrogas, ahora por fin toca aprobar unos nuevos presupuestos de país que son necesarios, pues irán en consonancia con las cuantiosas ayudas que se recibirán de la Unión Europea para paliar los estragos de la pandemia.
Sin embargo, no se está hablando estos días de las medidas que la confección de esos nuevos presupuestos va a suponer: cuánto van a subir/bajar los impuestos, los gastos destinados a determinadas medidas, las inversiones... De lo que se habla es del sesgo ideológico, de quién debe apoyarlos y de quién no, de trazar fronteras, de vetarse. Y todo ese teatrillo de declaraciones que vemos u oímos a diario es altamente vomitivo e impresentable, porque de lo que se acuerde y de las medidas que se consensúen dependerá la salida a esta crisis para todo un país.
En el epicentro hay un gobierno de opinión dividida: la parte de Unidas Podemos prefiere y exige que el apoyo a los presupuestos venga exclusivamente de los partidos de la investidura (partidos de izquierda; para ellos por supuesto incluyendo a los nacionalistas y naturalizando al PNV como partido aconsejable aunque no sea de izquierdas). Y el sector PSOE, que prefiere, al menos en teoría, abrir el abanico de apoyos a izquierda y derecha. La geometría variable de la que tanto se ha hablado. Y en esa diatriba está claro que hay un enfrentamiento y uno que hasta este instante va ganando.
Para enredar el ovillo, ERC declara que no sumará su apoyo a esos presupuestos si lo hace Ciudadanos, por considerarse incompatibles. Y el partido naranja dice exactamente lo mismo con respecto a los republicanos y Bildu. El diseño en cuanto a medidas e impuestos de los presupuestos queda ya en un segundo plano frente a la política con los susodichos vetos cruzados, una vez superado el trámite de enmiendas a la totalidad.
Ayer el vicepresidente Pablo Iglesias celebraba por todo lo alto que Bildu, con la portavocía de Arnaldo Otegi, fuera la primera fuerza en anunciar su apoyo a tan esperados presupuestos. El partido morado insiste con vehemencia en echar de la ecuación de apoyos al partido de Inés Arrimadas, que parece estar dispuesto a apoyar los presupuestos "por responsabilidad" y así demostrar ser un partido de política útil. Es por ello que Pablo Iglesias, una vez más, sale en apoyo de la pretensión de ERC de que Pedro Sánchez a la hora de alcanzar mayoría para tal propósito escoja finalmente a los republicanos catalanes en lugar de al partido liberal, que debe quedar fuera de la suma a toda costa y volver al redil de la foto de Colón.
El pulso para Ciudadanos es de alto voltaje toda vez que ha mostrado su intención de pactar las cuentas. Buscar la moderación siempre ha estado mal visto en España y supongo que Inés Arrimadas sabe que todo lo que haga le va a acarrear impopularidad, incluso entre sus votantes. Lo más fácil sería seguir la estela oscura de Albert Rivera y negarse a negociar, enfurruñarse y plegarse al rifirrafe, alimentando con ello al fantasma -más real que imaginario- de las dos Españas. Según parece, hasta el momento aguanta no solo el pulso, sino los groseros improperios de otros oscuros personajillos como Rufián o Echenique. Pero, ¿no ve la hora de plantarse y decir basta? ¿De hacer saber a ese PSOE de dos caras que no todo vale para seguir en la Moncloa y que lo moral tiene un límite?
Bien. En todo caso no nos equivoquemos. No podemos perder de vista que se votan unos presupuestos que son necesarios. Desconozco si son los mejores, si son buenos o si son malos. Pero desde luego de lo que no se debería tratar en este momento es de si tú vas a salir en la foto conmigo y yo no quiero. No hay muchas opciones: sí, no y abstención. Punto. No hay más. Solo la responsabilidad que conlleva el mandato ciudadano y de que la clase política cobra por trabajar para la nación e intentar entenderse.
Mi consejo para la sra. Arrimadas es claro: si los presupuestos no le disgustan, que los apoye, pese a que también lo hagan partidos que le aborrezcan. Condicionantes tan tajantes no son apropiados. Hay que demostrar visión de estado y no buscar la inmediatez de los votos. Lo importante es ser útil. Lo de los vetos es una estupidez ante las cosas de comer, que es lo que nos concierne ahora.
jueves, 16 de julio de 2020
Interpretar la Historia

martes, 25 de junio de 2019
CiudadanoX
Hará poco más de una semana, en una entrevista televisiva, Inés Arrimadas decía tantas cosas y con tanto convencimiento que a no mucho tardar vendrán a engrosar la hemeroteca famosa del verdadero o falso. Y no para bien de la diputada catalano-andaluza, precisamente.
Mimetización con el PP, ese "contigo sí, pero como que no se note" con respecto a VOX para sacar cacho y un "cordón sanitario" al PSOE por considerar a Pedro Sánchez un nuevo Lucifer son sus dogmas de fe ahora. Aún decían hace unos días que con Jaume Collboni sí -pero con Colau nunca- para justificar su ruptura con Manuel Valls cuando habría que recordar que el propio PSC es lo más fiel al sanchismo que hay a nivel territorial. El argumento de C`s, además de una falacia, no se sostiene por incongruente. Otro más...
9) C`s ha vertido unas cuantas mentiras con respecto a Pedro Sánchez, investido legítima y constitucionalmente como jefe del Ejecutivo tras una moción de censura. Y justo en ese momento, cuando las encuestas con respecto a un posible adelanto electoral daban a C`s un importante subidón, llegó la negativa de Pedro a convocarlas. Cual niño pequeño que coge una rabieta en la que le va la vida, Albert Rivera, que hasta ese momento había sostenido al gobierno del que decían nunca iban a hacer presidente (Rajoy), jamás se lo ha perdonado y eso ha originado su intransigencia hacia los socialistas. Ha hipotecando el bien del país por una postura política impropia de un partido regenerador y liberal, llegando a tejer un juego de pactos tan oscuro y burdo como alejado de los postulados iniciales de su formación. Tras las últimas elecciones, C`s se ha rendido completamente al mercadeo de sillones con tal de ir de la mano en todo del Partido Popular.
10) Esa enemistad irreconciliable de Sánchez y Rivera obliga a aquel a valorar otras alianzas con quienes C`s venía a tratar de frenar. La oportunidad de reducir la influencia de los partidos nacionalistas, tan insolidarios ellos, en la política nacional, se está dejando pasar, como a punto estuvo de suceder en el Ayto. de Barcelona si no media la loable decisión del exprimer ministro francés. Los españoles que no vivimos en Galicia, Cataluña o el País Vasco deberíamos dar a este C`s las gracias por permitir que la política nacional siga condicionada por los pactos con los partidos que desde luego no buscan el bien común. Es completamente mentira que Pedro Sánchez no desee entenderse con los naranjas, pero no le queda otra más que tratar de llegar a acuerdos con otras formaciones para ser investido porque de los contrario nos encaminamos a una repetición electoral. ¿Eso es lo que quiere C`s? ¿No trató de hacerlo a la inversa en 2016 para que una abstención de aquel PSOE turbulento permitiera investir a Mariano Rajoy ante la amenaza en el horizonte de otro domingo electoral?
Asi pues..., ¿qué más nos queda por ver con respecto a C`s? Intuyo que multiplicarse por cero, diluirse en el PP o la diáspora irremediable de sus dirigentes díscolos -que los hay, lo vamos comprobando- ante la ceguera de la dupla Rivera-Arrimadas. Viene el recuerdo de aquel CDS que fundó Adolfo Suárez con las cenizas de la UCD o el de aquel partido personalista creado por Rosa Díez (UPyD) en una posición de socialismo moderado. Albert Rivera es ese Ciudadano X, esa incógnita que puede condicionar la estabilidad de los próximos años de gobierno a todos los niveles. Pero se siente más cómodo en la confrontación, repitiendo el mismo discurso altisonante o declinando reunirse con el presidente del Gobierno en funciones. Ya hasta ha perdido la capacidad de diálogo, como VOX, con quien por mucho que lo niegue ha de comer en la misma mesa. Visto lo visto parece que el multipartidismo no va a llegar a los postres.
miércoles, 1 de mayo de 2019
Compás de espera
Dentro de la fragmentación que se preveía, es justo reconocer que el Partido Socialista ha conseguido un resultado encomiable, mérito de un Pedro Sánchez que ha compuesto, entre el juego cruzado de ruido y furia, el discurso menos iracundo y catastrofista de todos los candidatos. Pedro Sánchez tenía grandes hectáreas para agigantar la hegemonía que le otorgaban las encuestas. Ha logrado apropiarse de varias parcelas en perjucio de su flanco izquierdo, Podemos (lo de Unidas lo obvio por exceso de postureo), ha conseguido movilizar al abstencionismo y también ha echado el anzuelo a los desencantados con la deriva personalista y desaforada de Ciudadanos, gente moderada y progresista que en el pasado podía votar al PSOE antes de la crisis que negó Zapatero.
En este sentido, el viraje de Ciudadanos hacia los postulados propios del PP, arrastrado este a su vez por la irrupción de VOX, ha dejado en el olvido a aquel partido regenerador que era propenso a llegar a pactos "a izquierda y derecha" con un discurso transversal, capaz en definitiva de alcanzar acuerdos para la estabilidad de los diversos gobiernos. Un partido liberal y de progreso en el que mucha gente confió visto el panorama tan desolador de nuestra clase política. No queda nada de aquello ante el personalismo de Rivera y Arrimadas, el discurso inamovible (y monotemático) del problema catalán, su ofrecimiento al PP a cambio de nada, su imposibilidad para distanciarse de inmediato de VOX, la falta de credibilidad entre lo que anuncia y luego hace, su olvido de los asuntos del día a día (no todo es la unidad nacional) y, por último, su oportunismo ante lo que van reflejando las encuestas. Si Ciudadanos conservara una pizca de sentido de Estado y no se creyera tanto que es el primer partido de la oposición (sus acusaciones a Sánchez de traidor no se sostienen) lograría algo que siempre sale de boca de sus dirigentes: que los nacionalistas no condicionasen la política española por una vez en Democracia. Si Sánchez y Rivera suman, ¿qué mas motivos tiene Albert para no pactar con Pedro? Este nuevo Ciudadanos vive muy cómodo en el discurso maximalista y en la confrontacíón, pensando que eso le va a generar votos con facilidad; el interés de la nación... es otra historia. Ya se lo decía el propio presidente en funciones la semana pasada: Rivera, ¡qué desilusión! Suscribo.
lunes, 21 de enero de 2019
El mejor cine del 2018
5. TULLY, de Jason Reitman.
2. YO, TONYA, de Craig Gillespie.
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Intolerantes



