jueves, 5 de junio de 2014

La abdicación, una cuestión de vida o muerte

Anda todo el mundo revolucionado estos días. Y es que en España no nos habíamos visto en otra igual desde hacía como 150 años. Aquella vez se produjo la última abdicación de un monarca reinante en nuestro país; el "honor" recayó en Amadeo de Saboya, aquel duque piamontés que sin apoyos e incapaz de apaciguar a un país convulso decidió renunciar a su cargo y regresar con precipitación a Italia mientras se proclamaba aquí la Iª República.

El lunes pasado muchos se levantaron con la noticia de la abdicación de Juan Carlos I y desde ese momento se sucedieron las especulaciones acerca de los motivos que le han llevado a tomar tal decisión. Habría que advertir primeramente que la abdicación de un monarca es un hecho poco frecuente en nuestra historia, pues no es nada habitual que un monarca "lo deje" antes de morir, así que la sorpresa fue la reacción principal entre el ciudadano de a pie.

Presumiblemente cierta incapacidad física debido a las numerosas operaciones de estos últimos años y, en especial, el hundimiento de la popularidad de la institución monárquica, han sido los dos motivos fundamentales para proceder a la abdicación. Pero, ¿hay algún otro motivo que nos estamos perdiendo? ¿algún elemento que ha precipitado los acontecimientos? Si lo hay, supongo que acabaremos por enterarnos antes o después. Pero en el discurso del monarca que siguió al anuncio de Rajoy se esgrime como la clave "la necesidad de dar paso a otra generación más acorde con los tiempos que estamos viviendo". Y puede que esa sea otra razón de peso.

El príncipe Felipe se nos presenta como un individuo muy preparado, con una ya dilatada experiencia como representante de su padre y gran conocedor de los problemas que atañen a la sociedad del s.XXI. Un hombre moderno e inteligente del que aún está por ver los cambios que pueda dar a la institución que está a punto de liderar. Personalmente no espero demasiados, pero creo que puede venir bien una cara fresca y popular ante los escándalos que han salpicado a la Familia Real el último lustro y que todos de sobra conocemos. El rey no estaba del todo limpio de culpa y especialmente el affaire Urdangarín ha sumido a la Corona en un desprestigio que ha contribuído sobremanera a avivar la desconfianza y las voces que proclaman un cambio de régimen. De cualquier forma, espero que este relevo no sirva como estrategia para taponar definitivamente todo el escándalo que atañe a los duques de Palma, del cual no se sabe a ciencia cierta la influencia que ha podido tener la figura de D. Juan Carlos como posibilitador de los negocios de Iñaqui Urdangarín. Yo no confío mucho en la Justicia, pero espero y deseo que este acontecimiento no influya para nada en la tramitación del proceso judicial.

¿Y ahora qué? En condiciones normales y pese a todo lo poco democrático que resulta que la jefatura del Estado se transmita por herencia, la transición debe ser tranquila. Pero en la España del 2014 hay tantos problemas que la propia Monarquía está siendo mirada con lupa, ahora ya más cuestionada que nunca. No creo que unas elecciones europeas con un incipiente repunte de partidos más a la izquierda que el Socialismo sean un argumento sólido para pedir un Referéndum, así como tampoco la alusión a un posible final del Bipartidismo, sostén como pocos de la figura del soberano (aunque no sólo el clan PP-PSOE apoya la Monarquía).

No veo racional tampoco juntar peras con manzanas en esta cuestión y puede que la forma que queremos dar a la Jefatura del Estado no sea algo tan importante como los muchos problemas y necesidades que tiene nuestro país y que le han hecho bajar unos cuantos escalones en el termómetro del bienestar social y del desarrollo. Eso sí que es primordial, eso sí que merece la máxima atención. Pero dedicarnos ahora a santificar la figura de un monarca es tan injusto como demonizarla y creo que hace falta algo de sosiego a la hora de valorarla en su justa medida.

Sacar a relucir el debate Monarquía vs República puede que no sea lo más apropiado en estos momentos. A modo de apunte contamos con el detalle de que la clase política está enormemente desprestigiada y mucha gente no quiere que ahora mismo otro político se haga cargo de la misma. ¿Sería Aznar, sería González, sería Zapatero? Tampoco iba a cambiar mucho la cosa y no tenemos que olvidar que la figura de un pte. del Estado tiene fundamentalmente una función moderadora.

No sé hasta qué punto debemos cuestionarnos la institución monárquica, que fue sancionada por la Constitución. Se oye decir que mucha gente no la quiere porque no la votó, que las nuevas generaciones no votaron la Constitución del 78. ¿Pero debemos someter a votación una ley tan fundamental con el paso de una generación a otra? Si nos ponemos así entonces igual deberíamos cuestionar otras cosas que refleja la Carta Magna. ¿O más democrático es que se sancionen unos fueros territoriales en un país donde supuestamente todos somos iguales, aludiendo exclusivamente a determinantes históricos? La Monarquía no es lo único que desprende olor a naftalina en nuestra Constitución y parece que de esas otras cosas se pasa un poco por alto. Espero haberme explicado bien...

El Parlamento no puede aferrarse con cerrazón a no introducir mejoras dentro de la Constitución del 78. Ésta no puede convertirse en un elemento inerte y desfasado ajeno al correr de los tiempos, por supuesto que no. Pero igual habría que abogar por no olvidar que aquella Constitución que a veces tanto se cuestiona y todo el estado de Derecho español fueron fruto de un trabajado consenso, de sacrificio por parte de la mayoría de fuerzas políticas y sociales de este país. No podemos olvidar de dónde venimos y todos los obstáculos que tuvo la nación durante décadas para llegar a ser lo que es hoy. Todo el mundo tuvo que ceder (unos más que otros, bien es cierto), pero no podemos obviar que lo que nos separa no es más que lo que nos une. No me gusta la jacobinización de cierta parte de la sociedad, tampoco el arribismo de otra, pero no debemos perder nunca la perspectiva del tiempo. España pasó una Guerra Civil y décadas de oscura Dictadura, incluso antes infinidad de momentos de desencuentro e inestabilidad política y social como para ahora enredarnos en descalificaciones y pensar solamente que cada parte tiene la verdad absoluta en cuanto a este tema.

La Corona, con el nuevo rey a la cabeza, necesitará imperiosamente modernizarse en aras de la claridad y la transparencia. Ponerse al nivel de las que hay en el norte de Europa donde esta institución está completamente controlada por el Estado. El ciudadano necesita saber a qué se destina su dinero. Todo lo contrario, y más ahora con el caso Noos, supondrá socavar su tumba. Esa es la única solución que tiene Felipe ante el clima de crispación general en el que se haya el país. Y a buen seguro no le va a quedar otra opción.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Ciudad ladrona de recuerdos

A veces me cuesta ponerme a escribir. Lo sé. Pero es que casi nunca uno se da por inspirado y para escribir y escribir pero no decir nada mejor dejarlo como está, ¿no es cierto?

El caso es que estos últimos días se ha cumplido el décimo aniversario del atentado terrorista de Madrid. Un acontecimiento dramático el de los trenes de la muerte que convulsionó a toda España. Los medios de comunicación nos atiborraron aquellos días con imágenes impactantes y testimonios desoladores de gente que lo vivió en primera o tercera persona. El 11M  ha quedado grabado en la memoria de los españoles de manera perdurable. Pero, ¿dónde estaba yo por aquel entonces? Pues esa es la primera imagen que me viene a la cabeza al recordar aquel fatídico jueves.

En marzo de 2004 acababa de hacer el C.A.P. y seguía en Valladolid, por entonces compartiendo piso en el barrio de La Pilarica, al otro lado de las vías del tren. Estaba desayunando cuando me enteré de aquella desagradable noticia, al principio sin saber qué estaba ocurriendo en realidad, un poco perplejo como la mayoría de la gente. Me disponía, recuerdo, a marchar unos días a Aranda. Iba a coger el bus esa mañana, pero apenas pude comentar lo ocurrido con nadie debido a las prisas, supongo.

Aquel mes de marzo iba a suponer el final de mi estancia en la ciudad de Valladolid. Sería volver en unos días y entregar las llaves del piso porque no había razón alguna que me retuviera a orillas del Pisuerga (bueno, del Esgueva en aquel caso). Terminado aquel C.A.P. tan descafeinado, y sin otro motivo aparente, mi etapa vallisoletana tocaba de manera definitiva a su fin. Ahora se abría un nuevo horizonte, un incierto horizonte ya lejos de la "comodidad" propia del joven estudiante de universidad. Las miras las tenía puestas en las oposiciones de Auxiliar de Biblioteca, así que descartada de antemano la opción de ser profesor de Secundaria me había puesto a estudiar concienzudamente para posibles plazas en bibliotecas.

Edificio hco. de la Universidad, tal y como estaba entonces
Siempre he considerado mi etapa de universitario la más significativa de mi vida. Y no lo digo por todo lo que aprendí -y que ya hace tiempo que empecé a olvidar, claro- sino por todo lo que supuso, básicamente el florecimiento de mi independencia personal, aunque fueran mis papis quienes sufragaban aquella pseudoindependencia. Y pese a que reconozco que no la aproveché todo lo que debiera (a buenas horas mangas verdes...) me cambió mucho la mentalidad y me dio la oportunidad de conocer gente de mi edad en aquel entorno, gente de la que por mucho que pase el tiempo aún sigues acordándote. Una etapa que significó un punto y aparte y que logró dar carpetazo a la adolescencia.

Valladolid fueron 6 años y medio de ligazón a un entorno distinto al de Aranda con el que crecí, de descubrimiento de una ciudad que me encanta desde aquellos primeros días de universidad. De aquella época aún perduran amistades y sobre todo infinidad de recuerdos, la gran mayoría muy buenos o excelentes. Todos ellos reflejan la comodidad del día a día, de la despreocupación ante un futuro laboral que no me planteaba cercano. Lo importante era ir aprobando asignaturas, pero el mundo del trabajo no lo veía como demasiado próximo. Un mundo ciertamente idílico que reflejó una pizca de inmadurez y también de ingenuidad (siempre he tendido a ser un poco ingenuo, es uno de mis defectos), pero que como todas las etapas de la vida tenía que llegar a su fin antes o después. Pude dar cierta continuidad a todo aquello si realmente hubiera apostado por buscar un trabajo rápido en lugar de dedicarme en cuerpo y alma a opositar, pero año y medio después del final de la experiencia vallisoletana elegí otros caminos.

A estas alturas de mi vida y cuando el vértigo de la edad empieza a asomar, siento que esa época pucelana no tiene la puerta del todo cerrada. Siempre me negué a pensar que sólo Valladolid podía significar el pasado y juro que cada vez que la vuelvo a pisar me dan ganas de dejarlo todo por sentirme de nuevo como en casa. A veces en mi pensamiento miro por una ventanita y recorro aquellos rincones que quedaron grabados en mi memoria, es más, inconscientemente lo hago. Resulta todo muy curioso.

Seguro que cualquier persona un poco cuerda me soltará aquello de que el pasado es el pasado y mejor no removerlo, que hay que mirar sólo al futuro y demás. Lo sé, no soy tan tonto de no entenderlo. Pero muchas veces echo de menos aquello precisamente, el sentirme como en casa. Los recuerdos cada año son más vagos y muchas veces no asocio las caras a los nombres o no me acuerdo de anécdotas cada vez con más frecuencia. Tampoco me acabo de convencer de que Valladolid sea ya sólo el pasado, seguramente porque conscientemente no lo quiero. Pero es pasar junto a los leones de la vieja Universidad o atravesar la zona del Cuadro -donde viví en mi 2º año de carrera-, por poner solo unos ejemplos, y no puedo evitar la nostalgia.

La grabación de dos cortos, las merendolas que me pegaba en mi apartamento en aquellos descansos vespertinos con mi amigo Braulio, las sesiones de cine, las caminatas por Valladolid, las visitas a la biblioteca de S.Nicolás, los novillos del 1er año para ir a jugar a la máquina de fútbol o al futbolín, el sol del atardecer, los madrugones para ir al servicio de internet de la Residencia Alfonso VIII, las cenas con los de clase o con los compañeros del viaje de Fin de Carrera... Son sólo ejemplos de grandes momentos que uno lleva en la mochila atiborrada de la experiencia. Una época dulce pero cada día más distante en el tiempo.

Hace mucho que creé este blog tan personal y hasta ahora no había dedicado una palabras aunque fueran tan torpes a Valladolid. No merecía la espera, lo entiendo. Cuando a veces las circunstancias de la vida no te llevan por el camino de la plenitud personal es normal que uno mire hacia atrás y contemple el pasado. Una mirada condescendiente a una época dorada. Supongo que es normal verla como algo idílico cuando ya te hayas metido en el mundo de las responsabilidades, en el mundo de los adultos, donde las prioridades se hacen norma.

Pero Valladolid es una ciudad en continua transformación. Está cambiando bastante y cuando paso por allí me doy cuenta. También falta la gente, en su mayoría. Así que ya nada es como era entonces ni lo volverá a ser nunca jamás. Puede que añorar el pasado sea como correr tras el viento. Pero la verdad es que la felicidad siempre viaja de incógnito; y sólo después que ha pasado, sabemos de ella.







viernes, 28 de febrero de 2014

Los Oscar 2014: predicciones


Se encienden los focos y el mundo del cine mira a Hollywood. La madrugada del domingo al lunes se entregan un año más los premios Óscar. Una edición ésta en la que hay un puñado de buenas películas en competición y también algunos olvidos (como "Rush", de Ron Howard). Una amalgama de jóvenes actores junto a otros veteranos y reputados directores junto a aquellos que tratan de hacerse un hueco en la clase noble del cine norteamericano se disputan las preciadas estatuíllas doradas.

Se espera alguna palabra de homenaje al gran Philip Seymour Hoffman, fallecido muy recientemente. Y sobre todo una lucha casi titánica entre las dos grandes favoritas del año: la sensación revolucionaria y taquillera (pero de calidad) y la película que desde un inicio todos señalaban como la rival a batir. "Gravity" y "12 años de esclavitud" se ven las caras en una batalla final que corone a la gran triunfadora de esta edición. "Nebraska", "Her" o "La gran estafa americana" son este año las damas de honor, asistentes a una fiesta de la que perfectamente pueden salir sin un mísero premio.

"Gravity" ha sido la película de referencia de la segunda mitad del año. La aventura espacial de Sandra Bullock y George Clooney -aunque el soltero de oro en plan robaescenas- ha tenido críticas excelentes y un funcionamiento en taquilla estupendo con su muy justificado 3D. Una peli para ver con las gafas puestas y sentir el desasosiego que produce la quietud y la soledad a miles de kilómetros sobre el planeta. Por su parte, "12 años de esclavitud" se erige como una obra maestra del cine reciente. Una cinta la de Steve McQueen sobria pero portentosa acerca de la pérdida de la libertad y el tesón de un hombre por volver junto a su familia; un retrato de la condición humana de reconocida complejidad que ha acaparado buena parte de los premios de la industria y de la crítica (incluyendo Globos de Oro, Bafta y Gremio de Productores). Apostar por "12 años de esclavitud" es apostar a caballo ganador, pero bien es cierto que más allá del premio gordo y del de guión adaptado no es favorito en muchos más aspectos, lo cual no es bueno. En mi caso, y gustos a parte, me mojo por esta última.

A destacar, pero siempre en un segundo plano, la 3ª nominación consecutiva en la rama de Mejor Película para una cinta de David O. Russell. Y no solo eso, sino que tal y como sucediera el año pasado con "El lado bueno de las cosas" vuelve a repetir pleno actoral otra vez. Sin duda, el bueno de David debe de tener un excelente enchufe dentro de la Academia y más allá de ser o no un buen director tiene buena mano para elegir a los actores con los que trabaja y moldearlos a su antojo. En cualquier caso, todo indica que las opciones de "La gran estafa americana" llegan un poco infladas a la gran noche, pero podría rascar algo en el apartado interpretativo o en el de guión.

Me gusta mucho el cine de Alexander Payne y me temo pueda decepcionarme un poco ante las grandes críticas que está cosechando con "Nebraska". He leído maravillas de ella, pero como siempre pasa con su cine tiene muchas papeletas para irse de vacío. Ni siquiera es favorito en la rama de guión, así que la cosa pinta más negro que blanco. Pero óscares a parte está claro que muy pocos directores saben captar como Payne la naturaleza compleja del ciudadano común. Por lo demás, destacan las nominaciones de las nuevas cintas de dos "jóvenes" veteranos, Martin Scorsese (postulado como director por "El lobo de Wall Street") y Stephen Frears ("Philomena"), sin visos de llevarse nada a la boca para sus respectivas películas.

En el apartado de director Alfonso Cuarón es el alma máter de la espectacularidad de "Gravity" y a priori el favorito en la categoría. Steve McQueen puede ser visto como un recién llegado, así que hay muy claros visos de que los premios de película y director se dividan, tal y como ocurrió el año pasado. Sería el primer óscar de dirección para un hispanoamericano.

Pasaré ahora a desgranar las ramas de interpretación. Parecen claros los triunfos sólidos e incontestables de Jared Leto (por su transformación física en un transexual enfermo de sida) y Cate Blanchett (por su alabado trabajo de señorona aprovechada venida a menos en "Blue Jasmine"). Las opciones de Michael Fassbender, actor emergente y de gran presencia en pantalla parece que mueren con la nominación. Lo mismo podríamos decir de la veterana Judi Dench. La actriz británica tiene un papel bombón, ideal para coronar una carrera llena de éxitos y reconocimiento los últimos 20 años, pero es que el minirregreso de Cate Blanchett al ruedo de Hollywood ha supuesto la irrupción en la industria de una actriz superlativa y de muchísima elegancia y talento. Cate Blanchett ya puede ir ensayando el discurso (aunque creo que no lo necesita), que a buen seguro será tan inteligente como es ella delante de las cámaras. Ni Miss Gravity ha logrado hacerla sombra a lo largo de la carrera y eso que se marca un papelón importante.

Más dudas me generan las otras dos categorías actorales: Mejor Actor y Mejor Actriz Secundaria. En la primera parece partir con ventaja Matthew McConaughey, ganador del Globo de Oro y el premio del Sindicato de Actores. Papel emocional y de transformación física el suyo que no es más que la constatación de que su carrera ha dado un vuelco total. En dos años lleva unos cuantos papeles que le han reportado prestigio y el de "Dallas Buyers Club" es la afirmación de que apunta muy alto. Lejos parecen quedar ya sus papeles en comedias insustanciales y este parece ser el año de su consagración. Pero ¿la Academia otorgará dos premios interpretativos a una cinta tan pequeña como la de Jean Marc Vallée? De que ha gustado la película en Hollywod no hay duda y las opciones de Leo DiCaprio y Bruce Dern parecen algo lejanas todavía. Sólo el Solomon Northup de Chiwetel Ejiofor podría ser capaz de arrebatarle la estatuílla al ex de Penélope Cruz en la foto finish. De cualquier modo para DiCprio estar en el quinteto final ya es un logro, visto el poco cariño que le tiene la Academia como demuestran algunos imperdonables olvidos estos últimos años.

Y llegamos a la categoría de mayor incertidumbre, la de Actriz Secundaria, propicia para premiar a primerizas y pseudoactrices. Hablar de los casos de Mo'nique o Jennifer Hudson es llevarse las manos a la cabeza y es que este premio es capaz de acabar con tu carrera si es que alguna vez la empezaste. También es categoría propensa para lloros y pataletas de sorpresa, pero argumentos a parte la realidad dice que la cosa puede estar esa noche entre Lupita Nyong'o ("12 años de esclavitud") y la niña mimada de Hollywood, Jennifer Lawrence ("La gran estafa americana"). Entre ellas se reparten los premios previos, pero hay un dato que puede resultar definitivo: la Lawrence lo ganó el año pasado y, como digo, en esta categoría se suele premiar a desconocidas, novatas y frecuentemente mujeres de color por aquello del black power. ¿Tiene entonces vía libre la delicada reina del algodón? Bueno, no está tan claro, podría también haber una tercera vía ante esta tesitura, no sería descartable, pero si gana Lupita que nadie se extrañe pese a que su trabajo en esta película sólo tiene realmente un momento de gloria y su actuación es más mérito del director que de la propia actriz, las cosas como son...

Lo normal es que "12 años de esclavitud" y "Her" sean las ganadoras en las categorías de guión, aunque la alternativa a esta última sería "La gran estafa americana", que así evitaría marcharse del Dolby Theatre de vacío. Por lo demás, el previsible triunfo de la banda sonora de "Gravity" sería el colofón a una noche que se presenta con bastante incertidumbre, pero donde el peso actoral de la cinta sobre la esclavitud rodada por Steve McQueen puede resultar decisivo para su victoria final, tal y como sucedió en 2013 con "Argo". La gran mayoría de los académicos son intérpretes y ellos quieren ver ganar películas donde salen muchos actores, de ahí que "Gravity" lo tenga algo crudo, al igual que pasó hace 4 años con el "Avatar" de James Cameron.

¿Estamos ante la película definitiva sobre la esclavitud? Yo creo que no, sobre todo porque la cinta habla más del hombre que del esclavo pero tratar la historia de EE.UU. siempre es un punto a tu favor para granjearte apoyos en estos premios y no hay duda de que McQueen lo ha hecho bien, muy bien diría yo y este año además la mano larga de los hermanos Weinstein parece haber quedado en las nominaciones. Resulte como resulte la noche, pocos años se puede disfrutar de dos cintas tan referentes como ellas, cada una en su ámbito, y que unánimemente han logrado los parabienes del público y de la crítica desde que se estrenaron en las salas de cine.


MEJOR PELÍCULA (los ganadores en azul)
- Nebraska
- Dallas Buyers Club
- Capitán Phillips
- Her
- 12 años de esclavitud
- La gran estafa americana
- Philomena
- El lobo de Wall Street
- Gravity

MEJOR DIRECTOR
- Steve McQueen (por "12 años de esclavitud")
- Alfonso Cuarón (por "Gravity")
- Martin Scorsese (por "El lobo de Wall Street")
- David. O. Russell (por "La gran estafa americana")
- Alexander Payne (por "Nebraska")

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA
- Leonardo DiCaprio (por "El lobo de Wall Street")
- Bruce Dern (por "Nebraska")
- Chiwetel Ejiofor (por "12 años de esclavitud")
- Christian Bale (por "La gran estafa americana")
- Matthew McConaughey (por "Dallas Buyers Club")

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA
- Sandra Bullock (por "Gravity")
- Judi Dench (por "Philomena")
- Cate Blanchett (por "Blue Jasmine")
- Amy Adams (por "La gran estafa americana")
- Meryl Streep (por "Agosto")

MEJOR ACTOR DE REPARTO
- Jared Leto (por "Dallas Buyers Club")
- Jonah Hill (por "El lobo de Wall Street")
- Barkhad Abdi (por "Capitán Phillips")
- Michael Fassbender (por "12 años de esclavitud")
- Bradley Cooper (por "La gran estafa americana")

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
- Julia Roberts (por "Agosto")
- Lupita Nyong´o (por "12 años de esclavitud")
- Jennifer Lawrence (por "La gran estafa americana")
- June Squibb (por "Nebraska")
- Sally Hawkins (por "Blue Jasmine")

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
- David O. Russell y Eric Singer (por "La gran estafa americana")
- Woody Allen (por "Blue Jasmine")
- Craig Borten y Melisa Wallack (por "Dallas Buyers Club")
- Spike Jonze (por "Her")
- Bob Nelson (por "Nebraska")

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
- John Ridley (por "12 años de esclavitud")
- Richard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke (por "Antes del anochecer")
- Billy Ray (por "Capitán Phillips")
- Steve Coogan y Jeff Pope (por "Philomena")
- Terence Winter (por "El lobo de Wall Street")

MEJOR BANDA SONORA
- John Williams (por "La ladrona de libros")
- Steven Price (por "Gravity")
- Arcade Fire (por "Her")
- Alexandre Desplat (por "Philomena")
- Thomas Newman (por "Al encuentro de Mr. Banks")





domingo, 29 de diciembre de 2013

Un gran año (de cine)

Quedan dos meses para la porra de los Oscar, que publicaré en mi blog como está mandao. Una cita tradicional en la que me explayo sobre mis impresiones, pronósticos y todo lo que pueda deparar la gran noche del cine made in Hollywood. Pero hoy quiero dedicar esta entrada al cine estrenado en el 2013. Solo puedo hablar del que he podido ver y, desde mi selectiva forma de mirar el séptimo arte, ahí va una escueta relación de los títulos que más me han sorprendido. Todos ellos títulos muy recomendables, pero siempre desde mis preferencias y mi particular manera de ver el cine. ¡Allá vamos!

8. BLUE VALENTINE (Derek Cianfrance)
En primavera y con más de dos años de retraso al fin nos llegó a las salas españolas este crudo drama sobre la disolución de un joven matrimonio norteamericano. Michelle Williams y Ryan Gosling ponen el rostro a una historia de enamoramiento primero y posterior ruptura, pues se entrelazan a lo largo del metraje la ilusión de los inicios y el hartazgo del final de una turbulenta relación de pareja. Con las taras del cine indie, sabe ser sincera, real y profundamente dolorosa, además de estar estupendamente interpretada por dos actores con gran química. No me extrañaría que algún día se vendiera en el mismo pack que "Revolutionary Road".



7. UNA CUESTIÓN DE TIEMPO (Richard Curtis)
De esta comedia romántica con puntuales tintes de drama he leído en algún medio que es la reformulación de la comedia romántica tradicional. Una cinta que ya sea cierto o no esa afirmación sabe mostrarse fresca, divertida y sobre todo reflexiva en su parte final; una de esas cintas que hablan de la vida en su mayor extensión, de cómo maduramos y logramos afrontar lo bueno y lo malo de las cosas. El joven protagonista tiene un don: es capaz de viajar atrás en el tiempo y con él puede perfeccionar los errores del pasado para alcanzar la felicidad, pero hasta ahí puedo leer... Una fábula que pese a su toque romántico se muestra profunda y puede llegar a gustar tanto a  hombres como a  mujeres sin resultar remilgada ni tonta. Una pequeña joya que ha llegado del Reino Unido y que espero madure bien con el paso del tiempo.



6. MUD (Jeff Nichols)
Una muesca más de lo bien que saben hacer cine los yankis con poco dinero y un buen guión. Jeff Nichols muestra hechuras de gran director en esta historia absorvente, tierna y dura a la vez, sobre el final de la niñez en una zona pantanosa del sur de EE.UU., el curso bajo del río Mississippi, que es un protagonista más de la función. Los buenos trabajos de los dos chicos protagonistas son secundados eficientemente por Sam Shepard y Matthew McConaughey en una historia sobre dos chavales que tratan de huir de sus problemas  familiares viajando a una isla del río donde conocerán a un misterioso fugitivo con el que entablarán amistad comprometiendo con ello sus vidas. Una combinación potente de drama, thriller y poderosa narración en la linea del mejor cine indie norteamericano.



5. GRAVITY (Alfonso Cuarón)
Tras una complicada postproducción llegó este año, para hacer taquilla y recopilar premios y parabienes, esta cinta protagonizada por Sandra Bullock y George Clooney. La acción se desarrolla por completo en el espacio, en una misión espacial norteamericana que sufre una lluvia de meteoritos que llevará al transbordador y las vidas de sus astronautas a la deriva. Imprescindible verla en 3D por esa sensación que ofrece de estar flotando en el espacio; ya por eso solo vale pagar la entrada de cine. Pero "Gravity" es mucho más, es una historia de supervivencia, de superación de los miedos y de fe en las posibilidades de cada uno. Me gustó su poética y el agobio -y hasta casi terror- que te genera. Clooney está en plan robaescenas mientras el peso de la película recae en una Sandra Bullock muy creíble y que es el corazón de la historia. Los Oscar técnicos se los llevará de calle.



4. EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING (James Wan)
El terror no es mi género, pero el verano nos deparó una de las gratas sorpresas del año. Una casa encantada, secretos que se esconden detrás de los armarios y en el sótano, en cada habitación. La historia, verídica por otro lado, nos presenta a una familia numerosa que compra una casa encantada y una pareja de expertos en el mundo paranormal ayudará a los nuevos inquilinos a librarse de la presencia oscura. No ofrece una trama novedosa, pero estremece y te pega a la butaca por su dosificación de sustos y su capacidad para profundizar en el drama de cada personaje. Cierta atmósfera a lo "Zodiac"  junto a un guión sosegado hacen el resto. Lo dicho, una gran sorpresa.



3. RUSH (Ron Howard)
Este año ha vuelto la versión buena de Ron Howard. En "Rush" nos narra la lucha que libraron dentro y fuera de los circuitos de Fórmula 1 los legendarios pilotos Niki Lauda y James Hunt. La película tiene un ritmo trepidante, una lograda ambientación "setentera" y más de un puñado de buenos diálogos, además de por supuesto una gran escena final. Pero el corazón de este film no son la gasolina ni los caballos de potencia sino el particular duelo que enfrenta a ambos pilotos, dos formas completamente diferentes de ver la vida y de encarar el éxito o el fracaso fuera de las pistas. "Rush" es una película muy bien hecha, para nada recomendable únicamente para los aficionados a ese deporte entre los que yo no me encuentro. Un duelo apasionante muy bien rodado y que me dejó un gran sabor de boca.



2. LA CAZA (Thomas Vinterberg)
Y llegamos a las dos películas que posiblemente me hayan llenado más. Sólo puedo decir ¡viva el cine danés! y que sin ningún género de dudas el actor nórdico Mads Mikkelsen es el actor del año. En "La caza" interpreta con probada solvencia a un maestro de guardería acusado de abusos sexuales por la comunidad del pequeño pueblo donde vive y trabaja. Presenciamos el relato demoledor de un hombre acusado y acosado por la sociedad. Su austera puesta en escena acrecienta la sensación de opresión, que podemos percibir como una patada en el estómago del espectador ayudándose además en una escena final magnífica y muy lograda. Te remueve la conciencia y genera debate a la salida del cine. ¿Alguien dijo que los niños nunca mienten? Pues, por favor, que vea "La caza".



1. UN ASUNTO REAL (Nikolaj Arcel)
Me va el cine histórico y no puedo negarlo; pero a veces las pelis de época abusan de ser demasiado frías, largas y con grandes incorrecciones históricas, al servicio casi siempre de sus archiconocidos actores. "Un asunto real" es ejemplo de cómo se hace con corrección una película de ese género. No oculta el gusto por el detalle para ilustrarnos una época oscura, la que vive Dinamarca en el s.XVIII, años antes de que irrumpiera la Revolución Francesa en el viejo continente. Asistimos a la lucha entre las ideas de la Ilustración y los postulados del Antiguo Régimen, salpicando en esta ocasión a la propia Corte a través de un triángulo amoroso que hará saltar casi todo por los aires. El guión ralla a gran altura sin forzar el desarrollo de la historia pero otorgando suficientes matices a cada personaje. Una cojonuda ambientación hace que a esta lujosa producción no se le vean nunca los remiendos. Las ansias de poder, la lealtad, la pasión, el idealismo y la venganza confluyen en esta gran historia con ecos en la crisis de valores del presente. Además, Mads Mikkelsen sigue haciendo de las suyas. Como para no perdérsela.







sábado, 12 de octubre de 2013

Algo se nos quedó en Viena

Iglesia de S.Carlos Borromeo
Ya lo decía John Malkovich en la estupenda "Las amistades peligrosas", pero es que no puedo evitarlo. Ciudad que piso y visita que cae en la que trato de engullirme de su historia. Además de eso reconozco que me lo preparo casi todo bastante bien y no sólo en lo referente a los transportes y a su callejero. En una ciudad me estimula empaparme de sus monumentos y de su urbanismo. En una palabra, DISFRUTO.

La escusa en este caso fue la mente maravillosa de James Horner, el compositor que puso música al hundimiento del Titanic y que logró que todos los espectadores nos pusiéramos azules viajando al planeta Pandora en la espectacular "Avatar" o que anheláramos aún más la libertad si cabe con el martirio de Mel Gibson en la muy heroica "Braveheart".

Para nosotros, asistentes afortunados al concierto del 4 de Octubre en la Konzerthaus, el nombre de James Horner irá ya unido para siempre a la palabra Viena y la relación no es baladí, pues el compositor californiano hunde sus raíces familiares en la vieja Europa. Pero llenó de gozo a todo un auditorio rendido a su música. El mundo de James Horner ha hecho feliz a mucha gente y Viena ha sido el bello telón de fondo para el protagonismo de sus geniales partituras.

Pero acerquémonos a Viena. La coqueta y muy limpia capital austriaca muestra el señorío de su pasado esplendoroso. Un día fue la grandiosa capital de un basto imperio que englobaba una gran porción del continente europeo, pero de la noche a la mañana, concretamente en 1918, ese imperio de 50 millones de habitantes quedó reducido a un pequeño estado de poco más de 6 millones. Viena era la tercera ciudad de Europa en número de habitantes, en cambio hoy en día no alcanza la cota que tenía al comenzar la Primera Guerra Mundial.

Desconozco si el Danubio es tan azul como se piensa, no tuve tiempo para comprobarlo, pero sí me he podido percatar de una urbe moderna, comercial, cosmopolita y abierta. Conserva muchos restos del pasado y calle por la que pisa uno escaparate que ve donde las imágenes de Mozart y de la emperatriz Sisi lo acaparan todo. Sin lugar a dudas mucho debe esta ciudad a ambos personajes.

Que Mozart pasó parte de su vida en Viena es más claro que el agua. Si transitas junto a la Ópera y no se te acerca uno a su imagen y semejanza no me lo creo. El caso de Sisi -nacida como Isabel de Baviera- tiene cierta intrahistoria: esta tía despreciaba Viena y seguramente se sentiría horrorizada si hoy en día viera su imagen en todos los escaparates habidos y por haber. Más le vale a la ciudad no compartir el sentimiento de infelicidad que la consumía. Sisi odiaba el protocolo de la Corte y por ello emprendió una huida de sí misma a lo largo de toda Europa, haciendo lo que realmente le venía en gana, y mucho dolía en los altos círculos de Viena que prefiriera Budapest y a los húngaros en lugar de a los altaneros austriacos. ¡Pobre Francisco José! Si en algo la desdichada emperatriz tenía razón es en que se olía que aquel puzzle de nacionalidades llamado Austria-Hungría tenía los días contados. Aquel imperio estaba a punto de estallar en pedazos y sólo 2 años después de la muerte del muy currante marido de Sisi, verdadero sostén de aquella potencia ya venida a menos, todo saltó por los aires llevándose consigo el régimen imperial y la pompa de los Habsburgo.

Palacio del Hofburg
Pero la Viena imperial no se esfumó, es bien visible en sus calles, en los palacios, en esas grandes avenidas que flanquean los monumentales edificios de la capital. Visitar el palacio del Hofburg es aprender un montón sobre Viena como centro de poder de la Europa de antaño. Recorrer la Ringstrasse es apreciar que Viena se ha convertido en un escaparate turístico de primer orden; y subir a alguno de sus innumerables tranvías conlleva que no sepas muy bien si te encuentras a un lado u otro del extinto Telón de Acero, al fin y al cabo Viena siempre quedó en zona de nadie como cumplidora aprendiz de un pasado tumultuoso. Tener la oportunidad de pasar una mañana en barrios tan pintorescos como Favoriten te muestra la cara étnica de Viena, la de una ciudad engrandecida por la inmigración turca y asiática donde los puestos de kebap proliferan y el olor a especias se aprecia en cada esquina del barrio.

La Viena multirracial, la Viena imperial, la Viena barroca de iglesias, conventos y palacios, la Viena de los renombrados y centenarios cafeses, todas ellas conforman las diversas caras de una misma ciudad. Marché con ganas de más Viena, algo apenado por no descubrir buena parte de lo que no me hubiera gustado perderme, porque es que Viena tiene tanto que mostrarte... La batuta de Horner mandaba -pese al lapsus de que él no subiera a dirigir ni una sola pieza- , así que no se hable más. Me llevo el atractivo de una urbe que embelesa, que siente pasión por la música y por la cultura, y que además es capaz de ganarte también por el estómago con su deliciosa repostería.

Me encuentro aún sin haber aterrizado del todo, pero me he traído el regusto de unos días extraordinarios. Parafraseando al rey francés Enrique IV, diría que Viena bien vale un concierto, y si es de James Horner os aseguro que muchísimo mejor. Mereció la espera.



jueves, 5 de septiembre de 2013

Los últimos coletazos del verano

Ya está aquí! Ya ha llegado! El R.Madrid ya tiene a su Bale, ese deseado "batman" por el que han suspirado socios y aficionados durante casi tres meses. Y por un montante -no sé si total- de 91 millones de euros (o lo que nos quieran decir). Guauuuu... creo que este país no cabe de gozo por saber si su fichaje lo merece o no. Al menos ahora tendrán que seguir inventado cosas para continuar entreteniéndonos a todos estas calurosas jornadas de verano.

Pero lo dicho, y no nos engañemos, se acaba el verano y veranillos aparte ya empieza a oler a hojas caídas mientras la actualidad no para de dejarnos titulares. Y no me refiero al inicio del curso político y a esas grandes "congregaciones" de feligreses o corderillos, muchos de ellos convenientemente bronceados en las paradisiacas playas de Cádiz o de Oropesa del Mar, y que se reúnen estos días  para calentar el panorama político mientras adulan sin capacidad de crítica alguna a su jefe de filas (sirva de inciso que al menos ya no tenemos que tragarnos el "desfile" de la "juventud obrera" de Rodiezmo, en algo hemos ganado...) Pero esa no es la noticia, y si para muchos lo es a mí me importa un comino.

En mitad del estío nos sorprendió la desgracia del accidente ferroviario de Santiago de Compostela. Algo que nunca debió haber ocurrido, pero que ha conllevado una necesaria investigación judicial para esclarecer las causas y sus responsables. Y no me digáis por qué, pero al mismo tiempo en el Congreso de los Diputados se abrió apresuradamente un gabinete de investigación con la única finalidad de sacar a relucir las responsabilidades políticas que pudiera haber. Como otras muchas veces, la política mete el morro antes que la investigación judicial. ¿Oportunismo político? Pudiera ser, pero creo que no se acierta si se piensa que sólo el gobierno de ahora es responsable de este accidente. Habría que repasar detenidamente numerosos aspectos que han podido influir en el siniestro, pero tanto unos como otros (me refiero a PP-PSOE, que han monopolizado los diversos gobiernos) han llevado una política excesivamente interesada en materia de transporte ferroviario, cerrando vías convencionales, dejando sin modernizar al más económico para el ciudadano tren tradicional para construir cientos de kilómetros de línea de alta velocidad que sólo pueden utilizar unos cuantos. Puestos a pedir responsabilidades yo también se las pediría a quienes han consentido que un medio de comunicación cómodo como es el tren se fuera a la mierda y grandes, extensas partes del territorio nacional no cuenten con medios de transporte público rápido y ajustado al siglo XXI. Como digo algunas veces, este es un país con vagones de muchas clases aventurándose al descarrilamiento definitivo. Y habrá culpables desde luego, pero es que me atrevo a asegurar de que hay muchísimos más cómplices.

Por otra parte, continuamos hablando de los "papeles de Bárcenas" y la novedad es que ya no existen los archivos originarios en los ordenadores. Es el cuento de nunca acabar y no tengo dudas de que todo quedará en papel mojado, porque en este juego de la Democracia tal y como está montado todos quieren meter la mano en el saco y tapan sus miserias con el juego del "Y tú más...". Y lo mismo digo del "caso Noos", cuyas telarañas salpican a gobiernos y cargos de manera descarada e incluso ahora parece haber certeras sospechas de que la implicación económica del monarca ha podido ser decisiva en los tejemanejes del duque y la duquesa. Que sí, que ya no se libra ni le Tato de tanta mierda...

Para acabar Siria. El uso, parece que comprobado, de armas químicas han acarreado masacres masivas de ciudadanos. La guerra civil que enfrenta al gobierno y a la oposición lleva sin interesar demasiado al resto del mundo bastante tiempo. La ONU resulta incapaz de mediar en el conflicto mientras las potencias occidentales discrepan sobre la idoneidad de una intervención militar en el país. Y hasta hoy, cuando parece que EE.UU. va a dar un paso adelante para proceder a una intervención de carácter selectivo. ¿No recuerda esto demasiado a la guerra de Irak? ¿El "príncipe de la paz" se está convirtiendo en un nuevo Bush? ¿Le ha dado un aire a Obama? El riesgo de convertir Siria en un nuevo Irak resulta evidente, pero ¿en qué medida las potencias internacionales tienen la obligación de inmiscuirse en los asuntos de un país soberano? ¿es ético dejar que siga muriendo tanta gente de manera tan febril y dolorosa mientras el resto del mundo mira para otro lado?


Son preguntas que dejo en el aire. Lo hago también para llenar un poco de espacio en este blog que tengo medio abandonado, en barbecho, mientras el verano -pese al engañoso calor de este inicio de Septiembre- amenaza con dejarnos en manos de un otoño que poco a poco se vislumbra en el horizonte.

lunes, 15 de julio de 2013

Deporte y crisis

Madrid 2020 o los anhelos de la excelencia deportiva. No hay semana que no oigamos hablar de comisiones de evaluación o presentaciones de proyecto, pero es verídico y comprobable que las autoridades parecen estar echando el resto para que Madrid siga los pasos de Barcelona 28 años después. ¿Será de esta?

El proyecto de Madrid 2020, más allá de su dudoso -o no tanto- beneficio económico, está tratando de tapar la realidad del deporte español en estos tiempos de crisis acuciante. Se quiere dar una imagen de país viable, atractivo, de gran solera olímpica y deportiva, de un país amigo que ya sabe lo que es organizar eficientemente una gran cita internacional. En definitiva, una cortina de humo tras la que se yergue la sospecha de la financiación fraudulenta por las telarañas del "caso Noos" en años precedentes o el lamentable incidente de la macrofiesta del Madrid Arena (una de las sedes del Madrid olímpico), el colmo de la desorganización y de la irresponsabilidad. Está sirviendo para que autoridades de la capital y de organismos estatales "encarezcan el producto" con esa retahíla de recepciones, viajes y dietas, bajo la compañía siempre estimable de aquellos viejos deportistas metidos a políticos de turno y de beneficio.

España no está para fastos. Porque mientras se quiere dar esa imagen impoluta los cimientos se desmoronan. Mismamente esta semana se ha anunciado el cese de actividad de uno de los gigantes de nuestro balonmano, el Atlético de Madrid. Una liga unicolor espera mientras los humildes deben hacer encaje de bolillos para seguir adelante ante una ASOBAL sedienta de nuevos réditos para tapar su  suma incompetencia. El Atlético es uno más que pasará al olvido, lo mismo que lleva ocurriendo en otros deportes desde hace ya unos cuantos años. Se acabaron los patrocinios, los dineros públicos han quedado muy mermados y una gestión desternillante acabó con el deporte de élite.

Más grave es, si cabe, lo relacionado con los deportes "minoritarios", sobre todo con aquellos que tienen un carácter más individual o de sacrificio. El caso del atletismo es sintomático: menos becas, muchos cargos federativos ventajosos pero pocos resultados y con la sombra del dopaje acechando con fuerza en cada competición. Ya incluso trasciende que las federaciones no tienen un duro para que viajen los deportistas o que hay que reducir el número de preparadores/entrenadores. Pero si te llevas una medalla no te faltará nadie quien quiera hacerse la foto contigo, eso por descontado...

El dinero llama a dinero. Los casos de Alonso o de Nadal no deben servir para negar lo evidente. Estos deportistas, muy buenos en lo suyo, ostentan patrocinios personalizados y un eco mediático que les hace estar en otra realidad. Y el fútbol, por supuesto, es un mundo aparte. Una pirámide donde el F.C. Barcelona y el Real Madrid encarecen el mercado a mansalva. Es una dictadura que se agudiza con los años. Millones y millones de euros a disposición de dos entidades que dan solera pero destruyen, bajo la tácita complicidad de los organismos federativos y de las autoridades políticas, el fútbol profesional y por ende todos esos deportes menores que ya no tienen apenas hueco en periódicos y cadenas de radio o televisión. No trato de culparlos de la crisis que se cierne sobre nuestro deporte, pero su exceso de protagonismo está sirviendo para que la cosa ya no funcione y cada vez contrasten más las luces y las sombras del deporte español.

Este verano parece ser un verdadero baile de ascendidos "sin ascenso", de puja de plazas, de descensos administrativos, etc etc en casi todos los deportes de equipo. La estabilidad económica ya vale más que la competición propiamente dicha. Tantas alegrías y tantos llantos al final de temporada ya prácticamente no sirven para nada, así que convendría recordarlo en tiempos venideros cuando se reparta el bacalao allá por el mes de Mayo.

Los éxitos de la selección de fútbol o la euforia desatada de un Madrid-Barça -o a la inversa- no deben impedirnos ver el bosque, porque esto cada vez se parece más a la burbuja inmobiliaria, a algo que se ha estado incubando durante años y que ahora ha encontrado el caldo de cultivo ideal para saltar por los aires. Los deportes de equipo (el fútbol de manera especial) han vivido por encima de sus posibilidades, con presupuestos irreales, fichas desorbitadas y otras historias para más orgullo de media España. Ahora sólo queda reorganizarse, aunque claro, con eso de que le fútbol es el deporte rey siempre habrá casos para hacer la vista gorda en temas de Hacienda o de Seguridad Social. Y por añadidura, a los políticos españoles les interesa que el club de su ciudad o de su región subsista, como buen canalizador de suculentos votos en este permanente estado electoral en el que vivimos actualmente.

La solución se logrará si sabemos aprender de los errores del pasado pero sin consignas previas. O todos o ninguno, porque si no la imagen de nuestro deporte seguirá estando permanentemente desenfocada. Madrid 2020 es como el AVE, siempre estamos dispuestos a los altos vuelos mientras el suelo está cada vez más lleno de maleza. Nuestro deporte está herido de muerte y pienso que se otorgue a Madrid los Juegos Olímpicos no evita que sea absolutamente necesario modificar el sistema de gestión del deporte de competición, su financiación, su regulación, o esa gran pirámide acabará totalmente derruida por los sueños de grandeza de no pocos iluminados.

lunes, 15 de abril de 2013

Tardes de gloria y transistor

Hace poco tuve la ocasión de leer en la prensa que un exjugador de fútbol, un tal Crescencio Cuéllar, trataba de vender la camiseta con la que metió el gol del primer ascenso del Mérida a Primera allá por 1995.  Trataba con esto de paliar su desagradable situación económica al encontrarse en bancarrota.
...Y aquí acaba una anécdota que tiene un principio.

Año 1994. Aranda de Duero. Se cierran las puertas del verano y atrás quedan los ecos del Mundial de EE.UU.  que ganó Brasil. Para ser sincero, me interesaba bastante poco aquello del fútbol, tanto verlo como jugarlo (no se me daba bien), pero la gente con la que iba sí era futbolera y también echábamos emocionantes partidas al futbolín en bares que los domingos ponían el Plus.

Es verdad que yo era una pizca -pero sólo una pizca- merengón y como a falta de Real Burgos buenas son tortas surgió así como de la nada un cierto aprecio a determinados clubes modestos y muy especialmente a uno de la Segunda División: el C.P. Mérida.

De la simpatía inicial partió la afición y, aunque no se me había perdido nada ni nadie a orillas del Guadiana, todos los domingos estaba expectante por oír sus resultados en los programas deportivos de la radio (todos sabemos que aquello de la tv a la carta vino después, eran otros tiempos). El caso es que igual fui talismán, creo humildemente que sí (risas), pero el conjunto blanquinegro cogió el impulso de un cohete y, tras proclamarse "campeón de invierno", una segunda vuelta espectacular le dió el campeonato, obteniendo por lo tanto un ascenso histórico en el campo de Ipurúa de Eibar (0-1, gol del susodicho Cuéllar). Era el 27 de Mayo de 1995 y tres jornadas antes de acabar la competición Extremadura ya podía presumir de tener representación en la máxima categoría.

Bajo la paciente batuta de Sergio Kresic el Mérida fue un equipo defensivamente impecable (sólo encajó 19 goles en toda la temporada) y además contaba con dos estiletes ofensivos muy notables: Juanma Prieto (luego del Celta y máximo goleador en la hª del club romano) y el paraguayo Miguel Ángel Benítez (cedido por le Atlético de los Gil en el mercado invernal). Acabé superenganchado a aquel humilde equipo de sobrio juego y rapidez en ataque, lo hice propio y al llegar el verano envié una animosa carta de felicitación al club por el ascenso, de la cual obtuve su correspondiente respuesta, por supuesto. Y como buen aficionado pecholata no veía con muy buenos ojos que al año siguiente el C.F. Extremadura de la vecina Almendralejo siguiera los pasos de mi equipo (por aquello de subir a Primera División).

Hasta aquel entonces el Mérida era un equipo con raíces y estructura de Segunda, donde competía desde la 91/92. En esa primera temporada su juego vistoso y ofensivo fue la impronta que trataba de sellar el mítico Juanito en su primera experiencia en un banquillo. Pero su fallecimiento en un accidente de coche dejó huérfano al equipo emeritense, que aún así acabó haciendo una muy buena temporada.  Las dos siguientes  dejaron al club pronto sin aspiraciones, siempre en tierra de nadie, pero la temporada 94/95 sirvió para destapar el tarro de las esencias extremeñas.



Todo estaba listo para el debut histórico en la máxima categoría. Se remodeló completamente el estadio (el Estadio Romano), se hicieron muchos fichajes -tanto de trayectoria contrastada como jóvenes promesas- pero tras un sorprendente comienzo con empate en el Camp Nou incluído los blanquinegros  se vieron obligados a luchar por no descender en aquella novedosa Liga de 22. La fortuna no acompañó, seguro, como en aquel partido en casa ante el líder Atlco. de Madrid, cuando un gol de Kiko cercenó los méritos de al menos haber puntuado ante el eficaz equipo rojiblanco que sufrió durante todo el partido. El fichaje más carismático de ese año fue Manolo, que había sido pichichi en la Liga 91/92 precisamente con el equipo de Gil, pero el jugador extremeño más destacado de la última década tuvo una grave lesión que le impidió iniciar la temporada y le acabaría jubilando del mundo del fútbol. También recuerdo como dolorosa la celebración del gol del ya españolista Miguel Ángel Benitez, que no se cortó un pelo ante la afición que lo había idolatrado en aquel Mérida-Español que acabó con victoria catalana. La estrella del año del ascenso se había convertido en incómodo visitante para la afición pecholata.

De esta manera el Mérida acabó por acompañar al Salamanca a Segunda División. Tocaba planificar el retorno. Pese al gran arranque, una pequeña pájara conllevó la destitución de Kresic mediada la temporada, pero el equipo -dirigido ahora por D'Alessandro- se recompuso y se alzó de nuevo con el título de campeón de Segunda División. Se abrían otra vez las puertas de la Liga de las Estrellas y para ello se confeccionó una plantilla experta (Biagini, el Mono Navarro Montoya, Sabas, Radchenko, Leo Franco, Pablo Alfaro...); pero varios fichajes no funcionaron y el equipo acabó otra vez descendiendo de categoría por sólo un punto de diferencia. Otra oportunidad perdida, ¿sería la última?


La 98/99 no fue buena. Un mal arranque y un anodino final nunca dejaron vislumbrar las luces de la Primera División. Fue otra decepción. La temporada siguiente fue claramente de menos a más y de la mano de Juan Señor un final de liga arrollador permitió al equipo llegar al final con una mínima posibilidad de ascenso. Además, una vibrante eliminatoria de cuartos en la Copa ante el Real Madrid, al que tuvo contra las cuerdas, acabaría por quedar en el recuerdo de los aficionados como el último gran episodio de un club que el año pasado hubiera celebrado su centenario.

Porque todo quedaría en eso, en el recuerdo. En agosto del año 2000 se confirmaron los malos augurios. Las deudas acumuladas y los denuncias por impago a los jugadores conllevaron la decisión administrativa de liquidación del club. Igual se había vivido durante años por encima de las posibilidades reales, pero fue doloroso comprobarlo sólo dos años después de haber saboreado las mieles de Primera. ¿De qué sirvió fabricar  sueños para después recoger frustraciones?

Su equipo filial cogió el relevo del conjunto blanquinegro, pero el nuevo Mérida U.D. ha tenido un auténtico carrusel de problemas económicos (tanto en Tercera como en Segunda B) y compite en la Tercera extremeña sabedor de que al finalizar esta campaña se disolverá por mandato judicial al no poder hacer frente a las deudas contraídas estos últimos años.

Igual en la vieja Emérita Augusta puedan aún hoy oírse los ecos de aquellas tardes que hicieron historia en los 90, y de verdad que tengo ganas de comprobarlo; sin duda sirve de buena excusa para acercarse a una Extremadura que añora los viejos laureles de la gloria futbolística. Así que por mi parte, MUCHAS GRACIAS por hacer vibrar a aquel chaval de instituto y por hacerme sentir partícipe de un éxito que fue efímero pero que espero no tarde mucho en volver a repetirse sin los mismos errores.

Ha pasado mucho tiempo de todo aquello pero tengo el firme convencimiento de que hoy ya no disfruto tanto del fútbol como lo hacía antes, me da muchas veces igual uno que otro, apenas me identifico con ningún equipo y con ninguna afición. Puede ser que en el infortunio un club también se haga grande aunque siempre sea doloroso pensarlo y Mérida en ello ciertamente se ha llevado su parte. Ahora bien, ¿quien dijo aquello de que todos teníamos que ser del Barça o del Madrid? Yo desde luego no.