miércoles, 3 de junio de 2015

La letra editorial

"Cada uno cuenta la fiesta como le interesa", y esto no es una verdad a medias, es una verdad completa. Vivimos en un país (el resto del mundo no está libre del mismo mal) donde cada vez todo está más politizado y donde da la sensación de que la razón de uno es la razón única e indiscutible. Por eso toda la atmósfera política y social está enormemente viciada. Se está perdiendo altura de miras y coherencia en el discurso. Las cosas a veces no son blancas o negras y está claro que el cuarto poder, a parte de informar, está contribuyendo de manera constatable a generar corrientes ideológicas en quienes consumen ese tipo de información.

No quisiera centrarme en el caso de la televisión, que probablemente sea el más paradigmático, pero para un servidor encender la tele y ver un informativo o las ahora muy recurrentes "tertulias" políticas es acabar con la cabeza como un bombo. ¿A quien creemos? ¿Quienes nos están diciendo la verdad?

Resulta harto complicado hallar un medio de comunicación lo suficientemente independiente para hacer enteramente creíble lo que te cuenta. Estamos en la época de los grandes titulares y las cortinillas estridentes para dar bombo y platillo a lo que nos van a contar. ¿Y realmente eso es periodismo?

Antes de que nadie me ponga la etiqueta de empatizar con uno u otro partido que sepa que soy del que sea honesto, servicial al ciudadano y no aproveche las flaquezas ajenas para ganar réditos electorales. O sea, de ninguno que yo sepa. Pero el juego de medios de comunicación cansa por la parcialidad de los que lo integran, o al menos esa sensación tengo con excesiva frecuencia. Porque son medios pertenecientes a grupos editoriales afines a unas determinadas siglas políticas.

Escuchar cadenas como la COPE, la SER o canales de televisión como Intereconomía o LaSexta, por poner algunos ejemplos, es saber de antemano lo que te van a contar. Ellos saben lo que pide su audiencia y de ninguna de las maneras van a traicionar a su oyente/televidente. Otra cosa es que el propio consumidor de información haga el suficiente juicio de valor para discernir realidad de ficción, o más propiamente separar la verdad de la mentira. Aquí no hay verdades absolutas, hay verdades con mentiras o medias verdades pero si lo que te están "vendiendo" te lo crees a pies juntillas porque lo dice "tal periodista" o "tal tertuliano" eso juega a su favor y estos medios de comunicación cuentan con esa importante baza. La autocrítica y el procesamiento de la información son fundamentales para generar opiniones personales que se alejen de la información de consumo rápido. Se está perdiendo en buena medida el contraste de la información en esta sociedad sobreinformada en la que estamos todos involucrados.

Me apena ver que cada uno cuenta las cosas como le conviene, basándose en el matiz y el dato interesado para lograr convencerte. Y todo el abanico ideológico es partícipe de ello, de uno de los males que afectan al periodismo en estos últimos años. Probar un poco de cada medio para conseguir una opinión propia, independiente, puede que sea la solución, pero como ya digo ni los medios de comunicación públicos ni tampoco los privados pueden abanderar por sí mismos la enseña de la imparcialidad porque de ninguna de las maneras lo están demostrando.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los Oscar 2015: predicciones

NO INTERNET, EMBARGOED FROM INTERNET AND TELEVISION USAGE UNTIL THE CONCLUSION OF THE OSCARS TELECASTSemana de los Oscar y semana que toca tratar de averiguar qué va a ocurrir la madrugada de este domingo al lunes. Hace un año la triunfadora fue "12 años de esclavitud", una gran película que entonces contaba como máxima rival a "Gravity". Mejor película para la primera y mejor dirección para la segunda, ese fue el balance a grandes rasgos. ¿Pasará lo mismo este año? Ya veremos...

2014 trajo una película pequeña pero muy esperada de nombre "Boyhood". Su mayor atractivo ha sido que fue rodada a lo largo de doce años, con lo que se puede ver una evolución real y verídica de los personajes, sin maquillajes ni otras historias. Real como la vida misma "Boyhood" ha maravillado sobre todo a los críticos, pero compartiendo esos elogios con el cambio de tercio de Alejandro González Iñárritu, que se ha adentrado en la comedia ácida con "Birdman" dejando de momento a un lado su cine-tortura."Descifrando enigma", "La teoría del todo" o "Whiplash" se antojan como meras comparsas de esas dos películas favoritas, aunque ojo con la primera que tiene detrás a los temibles hermanos Weinstein.

Son nominaciones las de este año para todos los gustos, con algunas sorpresas y también injustificables olvidos. Así son estos premios donde las influencias y el dinero mandan sobre el valor artístico y la calidad del cine, pero que año tras año suelen despertar muchísima atención entre los aficionados al séptimo arte.

Desgranemos ahora las categorías más importantes y nuestra previsión en clave de oscar (en rojo los ganadores).

MEJOR PELÍCULA
- El francotirador
- Descifrando Enigma (The Imitation Game)
- Whiplash
- El gran hotel Budapest
- Boyhood
- Selma
- Birdman
- La teoría del todo

Si los tejemanejes de los Weinstein no lo impiden estamos ante un cara a cara entre "Boyhood" y "Birdman", las dos películas más premiadas durante los meses previos. Pero el caso es que ninguna de ellas ha sido un gran éxito de público y es por ahí por donde podría saltar la sorpresa, que en este caso sería mayúscula. "Birdman" parece una cinta que, pese a su elenco de caras conocidas, no es muy del perfil de lo que suele premiar la Academia, así que la fresca novedad que ha supuesto "Boyhood" en las carteleras y todos los condicionantes de su largo rodaje se antojan como suficientes para encumbrarla esa noche. Yo apuesto por ella.





MEJOR DIRECTOR
- Wes Anderson, por "El gran hotel Budapest"
- Alejandro González Iñárritu, por "Birdman"
- Bennett Miller, por "Foxcatcher"
- Morten Tyldum, por "Descifrando Enigma"
- Richard Linklater, por "Boyhood"
No debería de haber mucha más emoción que la de saber si Iñárritu o Linklater se hacen con esta estatuilla. ¿Premiarán los académicos el tesón y la paciencia del director de "Boyhood" o en su lugar la pericia técnica y el cambio de tercio del mexicano? Se adivina igualdad máxima, pero se me hace difícil pensar que dos años seguidos el mismo oscar vaya a parar a manos de un director de habla latina (y mexicano, más concretamente).

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA
- Michael Keaton, por "Birdman"
- Benedict Cumberbatch, por "Descifrando Enigma"
- Bradley Cooper, por "El francotirador"
- Eddie Redmayne, por "La teoría del todo"
- Steve Carell, por "Foxcatcher"



El único que repite nominación es Cooper, que lleva 3 años seguidos siendo nominado. Pero esta edición tampoco parece ser su guerra y si el ex-batman de Keaton no lo remedia el joven actor británico Eddie Redmayne (hace dos años pudo haber sido perfectamente nominado por su participación en "Los miserables") se llevará el gato al agua por encarnar a un personaje real. La nominación de Steve Carell ya es un premio a su cambio de registro y a su poco parecido físico en la lograda "Foxcatcher".






MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA
- Julianne Moore, por "Siempre Alice"
- Rosamund Pike, por "Perdida"
- Marion Cotillard, por "Dos días, una noche"
- Reese Witherspoon, por "Alma salvaje"
- Felicity Jones, por "La teoría del todo"
Este es el año de Julianne Moore
La edad es el único obstáculo de la pelirroja en su subida al escenario a recoger el oscar. Lo merece desde hace tiempo y esta vez la productora de su película apostó por ella a caballo ganador. Además, encarnar a enfermos mentales siempre es garantía de llegar a la gran noche, y en esta ocasión y pese a las limitaciones de la película, no va a ser menos. Uno de los premios más esperados de la gala aunque no estemos ante el mejor trabajo de Moore.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
- Mark Ruffalo, por "Foxcatcher"
- J.K. Simmons, por "Whiplash"
- Edward Norton, por "Birdman"
- Robert Duvall, por "El juez"
- Ethan Hawke", por "Boyhood"
Uno de los premios más cantados de la noche. Simmons, el otrora padre de Juno, es el claro favorito y un actor veterano al que por fin ponemos nombre. Ganador de todos los premios posibles deja sin esperanzas el resurgir de Norton o la trayectoria interesantísima de Ruffalo.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
- Laura Dern, por "Alma salvaje"
- Emma Stone, por "Birdman"
- Meryl Streep, por "Into the woods"
- Patricia Arquette, por "Boyhood"
- Keira Knightley, por "Descifrando Enigma"
Otro premio cantadísimo. Arquette ha logrado una carrera perfecta encarnando a lo largo de 12 años a una madre divorciada, desorientada y frustrada que ve cómo crecen sus hijos mientras tiene que hacer frente al paso de los años. No tiene rival en un año algo flojo, lo cual no ha sido impedimento para que, otra vez, veamos pasearse como si fuera su casa a la sra. Streep por la alfombra roja. La Academia la adora, incluso haciendo de bruja piruja. Flipante.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
- "Birdman" (Alejandro Glez. Iñárritu, etc)
- "Foxcatcher" (E. Max Frye y Dan Futterman)
- "El gran hotel Budapest" (Wes Anderson y Hugo Guiness)
- "Boyhood" (Richard Linklater)
- "Nightcrawler" (Dan Gilroy)
Seguramente es una de las categorías más disputadas. Descarto de inmediato un nuevo premio para Linklater, así que la cosa pinta a un duelo encarnizado entre "Birdman" y "El gran hotel Budapest", que ha gustado mucho y llega revitalizada a la ceremonia a tenor de la cosecha tan beneficiosa de candidaturas. Si nuestra predicción se cumple "Birdman" podría salir escaldada, o puede que no si consigue este premio de consolación.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
- "La teoría del todo" (Anthony McCarten)
- "Puro vicio" (Paul Thomas Anderson)
- "El francotirador" (Jason Hall)
- "Whiplash" (Damien Chazelle)
- "Descifrando Enigma" (Graham Moore)
Como "Birdman" en Guión Original, en este caso "Descifrando Enigma" se agarra a esta categoría para no quedar a 0. Lo tiene relativamente sencillo, una vez que el guión de "Perdida" quedó sorprendentemente en la cuneta, pero es una incertidumbre saber hasta qué punto la película sobre el personaje de Alan Turing ha calado en Hollywood. "Whiplash" se mantiene al acecho por si acaso.

¿Será el año de Alexandre Desplat?

MEJOR BANDA SONORA
- "Interstellar" (Hans Zimmer)
- "Mr. Turner" (Gary Yershon)
- "El gran hotel Budapest" (Alexandre Desplat)
- "La teoría del todo" (Johann Johannsson)
- "Descifrando Enigma" (Alexandre Desplat)

El globo de oro fue a parar a la partitura sobre la película de Stephen Hawking, pero eso no significa absolutamente nada en la categoría más inesperada de todas. Un nombre destaca sobre los demás, el del francés Alexandre Desplat, que lucha por ganar de una vez el oscar que tanto va mereciendo. El compositor más hiperactivo de la humanidad juega con dos cartas, pero sobrevuela la división de votos y especialmente el hecho de que casi siempre se prefiera premiar a novatos o intrusos en este apartado cinematográfico. Sabiendo cómo se las gastan, me temo que Desplat tendrá que seguir esperando su día de gloria. Será una pena, pese a que no compita con la maravillosa partitura de "The Monuments Men".

lunes, 2 de febrero de 2015

Ecléctica Argentina

Avenida 9 de Julio

Un viaje a la Argentina. De eso quiero hablar en esta entrada. Nos retrotraemos en el tiempo al 2010, pues por entonces tuve la oportunidad de ver una deliciosa película titulada "El mismo amor, la misma lluvia"; argentina era, y de Juan José Campanella, ni más ni menos. El creador de las brillantes "El hijo de la novia" o "El secreto de sus ojos", y de la para mí una de las obras capitales del serial en castellano, "Vientos de agua", decía a propósito de Jorge Pellegrini, el personaje principal de "El mismo amor...": Jorge Pellegrini no deja de ser la personificación de esa Argentina que se embriaga de esperanzas para acabar hundida de nuevo, con las alas cortadas, como en una montaña rusa de espectaculares ascensos y dramáticos descensos". Y creedme, sin conocer prácticamente a ningún argentino tiene uno la sensación de que la apreciación no es nada desafortunada.

Pero hay más de una Argentina porque un país tan grande ofrece muchísima diversidad. Y de todas ellas, Buenos Aires es un mundo aparte. Una ciudad que desconcierta. Según se adentra uno en la capital federal empieza a ver barriadas con sus edificios aterrazados y sus fachadas desconchadas. No es la mejor bienvenida a una de las mayores urbes de América del Sur. Por momentos uno siente que penetra en una ciudad salvaje, abandonada, empobrecida. La sensación continua cuando se atraviesa la Avenida 9 de Julio -la del obelisco-, tan llena de coches como de personas, aunque ya la cosa parece otra un poco más distinta. Es el centro mismo de la ciudad, pero una urbe tan inmensa como Buenos Aires te invita a recorrerla y es ahí cuando te das cuenta de su pluralidad.


Calle Caminito, La Boca

La Plaza de Mayo es el centro originario de la capital argentina. Sus palomas y sus palmeras la otorgan cierta gracia. Lugar de congregaciones y manifestaciones masivas, sorprende ver sábanas y carteles reivindicativos que hablan de cierta desigualdad intrínseca de oportunidades. Al sur, el barrio de San Telmo tiene un marcado aire colonial, mitigado en buena medida por el abandono y deterioro de sus edificios. Es una pena que un barrio que se antoja bonito y con tanta historia -aquí residía la burguesía poderosa de las primeras décadas de la Argentina independiente- esté tan mal mantenido. Y más al sur todavía (¿por qué siempre el sur?) está la Boca. Este barrio con tanta identidad y también tan futbolero es por otra parte un reclamo para el turista aunque también conlleva un aviso para navegantes: hay que andar con ojo, pues la cámara y la cartera corren peligro si se está despistado. Sorprende el colorido de sus edificios en el entorno de Caminito; son los populares conventillos, aquellos habitáculos alrededor de un patio interior que sirvieron como alojamiento a quienes acababan de llegar de Europa con ilusiones renovadas y escapando de las guerras o del hambre. Hoy hay algunos muy bien conservados, muy coloridos y que se pueden visitar, acondicionados como talleres y tiendas de artesanía, pero su mayor valor reside en su significado en una tierra que por entonces ofrecía muchas oportunidades. Estamos hablando de una nación hecha en base a la llegada masiva de barcos procedentes de Europa y la Boca era la puerta de entrada a la ciudad. Ir a Buenos Aires y no visitar un conventillo en esta parte de la capital porteña es como saltarse una parte fundamental de su historia.

La Calle Corrientes, repleta de cines, librerías y cafeterías, es como la Gran Vía madrileña. Todo aquí te recuerda a Europa, así como pasear por la peatonal Calle Florida y el entorno del Microcentro. Buenos Aires respira mucha vida cultural y es normal que de día todo esté atiborrado de gente. La ciudad es un poco caótica y en general no está muy bien cuidada. Me llevé una mala imagen al ver las aceras tan mal conservadas, su deterioradísimo mobiliario urbano, aquellos perros sueltos durmiendo junto a los comercios, los indigentes removiendo la basura a cualquier hora del día o los aparatos de aire acondicionando "escupiendo" agua a tu paso (pues en Buenos Aires durante el verano tienes aseguradísimo un calor asfixiante ya que hay mucha humedad). Así de caótica es la capital porteña y el caso es que los bonaerenses parecen ya muy resignados a todo esto. Pero al norte la ciudad gana en encanto: el barrio de Recoleta, en los alrededores de su archiconocido y bellísimo cementerio, es un París en pequeño. Jardines, farolas doradas, infinidad de árboles (esto es algo general en Buenos Aires), estatuas y magestuosos edificios de corte francés hacen de esta zona una de las mejores para caminar. Palermo, justo al norte, es el barrio por antonomasia de la clase media. Es un barrio también muy a la europea, con sus placitas y sus comercios, pero más sosegado que el centro y con menos tráfico.

Faro Les Eclaireurs, en el canal Beagle, Ushuaia
No tuve mucho más tiempo para ver la ciudad. Se nota que inicialmente hubo un gran afán de emular a las grandes capitales europeas (y si no basta entrar en el espectacular Teatro Colón, a pocas manzanas del obelisco). Y es que el porteño siempre se ha creído un europeo desplazado a América, y esto entronca directamente con la apreciación de Campanella sobre Jorge Pellegrini. ¿Cuantos sueños se han debido de quedar en el camino? Y esa es la sensación que desprende Buenos Aires, la de cierto abandono, la de que cualquier pasado fue mejor y que de hecho tuvo un pasado de gran prosperidad. Una nación echada muchas veces a perder por sus gobernantes; una nación muy rica pero enormemente desaprovechada.

Pero por suerte mi viaje fue más allá de la capital. Casi en los confines del planeta, Ushuaia es una ciudad algo fantasma, pero circunscrita a un entorno sin parangón. Bañada por el canal Beagle y peinada por irrefrenables vientos es la ciudad más austral del planeta, rodeada de bosques, valles y montañas que recuerdan a otras latitudes. Todo gira entorno al turismo en Tierra del Fuego y de hecho aquello parece otro país (aunque ya sabemos que los argentinos de cualquier región se consideran muy argentinos, y aquí no es menos...)

El Lago Argentino es un mar rodeado por un secarral en la zona de El Calafate y por la cordillera de los Andes en su otro costado. Aquí se encuentra el impresionante glaciar Perito Moreno, de hielos tan azules que te invita a estar continuamente dándole al botón de tu cámara. Aunque cierto es que hay muchos más glaciares, el Perito Moreno es, con mucho, el más visitado por los turistas nacionales o extranjeros y tiene bien ganada su fama.

Glaciar Perito Moreno, Patagonia
El Noroeste argentino es una dura zona para vivir. Fuera de los vergeles donde se hallan Salta o San Salvador de Jujuy empieza la puna, el altiplano, y también la Quebrada de Humahuaca, que es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Aquí nos hallamos en la tierra de los indios coya y cualquiera pensaría que estamos en pleno Perú o Bolivia. Es la Argentina más americana de todas, la más andina e igual también la más pobre. La ciudad de Salta parece que nunca duerme y deslumbra por sus edificios coloniales y la fachada rosada de su imponente catedral. También por su gastronomía: tamales, humitas o el delicioso dulce de cayote con queso dan sabor a la zona de raíces más indígenas del país.


Iguazú es un área selvática compartida por Argentina, Brasil y Paraguay. Su parque nacional comprende las maravillosas cataratas. La mayoría están en el lado argentino, pero las mejores vistas se tienen desde el lado brasileño, pues el río hace de frontera. Alrededor se abre un paisaje de profusa vegetación que no hace más que ensalzar la belleza de las aguas y el rugir de sus cascadas. La selva misionera (o paranaense, si uno la visita en Brasil) es un placer para la vista y no defrauda. Una de las 7 Maravillas Naturales del Mundo, y poco más hace falta añadir.

La Paleta del Pintor, en Maimará (Jujuy)

Un viaje variado el mío para un país que ofrece muchísimas posibilidades al turista. Está tratando de responder con acierto a las demandas del extranjero que llega para recorrerla. Hay buenos hoteles, óptimos restaurantes y un personal muy preparado para que disfrutes y aproveches tu estancia. Pero se me escapa por qué Argentina no tira más para arriba, el porqué de esa sensación de decadencia y de parecer anclada en un pasado floreciente sin que se atisbe a simple vista que la gente tenga muchas ganas de cambiar las cosas. Horroriza pensar que tanto mito tenga tanto peso en la idiosincrasia del país: Evita, el general San Martín, Maradona, Gardel, las Malvinas... En Argentina se lleva la mitomanía, pero uno se pregunta si esa fama de guías espirituales del país es del todo merecida. Al menos a quienes vivimos en la Vieja Europa pensar así se nos hace raro.



Y sí, Buenos Aires se nos muestra tal y como la ha retratado Campanella con su cámara en sus películas, con ese halo decadente, con esos edificios y con esos árboles. Jorge Pellegrini no es sólo el fabuloso Ricardo Darín (el actor que lo encarna en la película). Jorge Pellegrini es el porteño medio embriagado de esperanzas, pasional como lo es el tango (ir a Buenos Aires y no ver un espectáculo de este género tan universal es para tirarse de un puente) y sumido en sus propias contradicciones y en su perenne melancolía. Así es Buenos Aires, una "rara avis" a orillas del Río de la Plata en América del Sur. Y Argentina un país variopinto que merece la pena recorrer, ver, degustar, y casi todo lo que a uno se le ocurra, porque con crisis o sin ella cruzar el charco y recorrer ese país maravilla a cualquiera.

Salto San Martín, Iguazú

lunes, 5 de enero de 2015

Otro gran año (de cine)

Época navideña y época en la que se multiplican los rankings de todas las cosas que podamos imaginar. Como ya hice el año pasado quiero dedicar este post a "lo mejor" que he podido ver en el 2014. Algo enteramente subjetivo, claro, pero con el deseo de que el 2015 depare otro cargamento del mejor cine.

7. HER (de Spike Jonze)
¿Hasta qué punto las nuevas tecnologías pueden llegar a condicionar nuestras relaciones sociales? ¿Cuales son los límites de nuestra dependencia emocional? Son estas dos sólo algunas de las preguntas que aborda "Her", una cinta sobre la incomunicación en un futuro no tan lejano y que compitió en la pasada edición de los Oscar, haciéndose con el premio a Mejor Guión Original. Una peli increscendo que termina tocando la fibra sensible, sorteando una línea casi imperceptible entre la sonrisa y la emoción. La voz en inglés de Scarlett Johansson y el rostro taciturno, pero amable aunque sirva de precedente, del gran Joaquin Phoenix son los mascarones de proa de una rareza con la que si conectas te puede llegar a encantar.



6. LA ISLA MÍNIMA (de Alberto Rodríguez)
Seguramente uno de los directores españoles que mejor aborda el cine policial al más puro estilo norteamericano. Aquí, dos policías que tienen muy poco en común se adentran en un entorno pantanoso (las Marismas del Guadalquivir, expléndidamente fotografiadas) para aclarar un suceso luctuoso. Mientras van tirando de la madeja, pronto se darán cuenta de que el caso se complica más de lo que deseaban. Un thriller oscuro, muy bien interpretado y con un guión concienzudo que deja, eso sí, varias preguntas en el aire al espectador. En España se puede hacer buen cine, de calidad e interesante, y "La isla mínima" bebe sin duda del cine norteamericano de los 70.



5. PHILOMENA (de Stephen Frears)
El ecléctico director británico no siempre convence con cada uno de sus proyectos y aunque ya ha quedado muy lejos en el tiempo esa obra magna titulada "Las amistades peligrosas" este año nos sirvió en bandeja un vehículo muy interesante para el lucimiento de Judi Dench. Puede que estemos ante el último gran papel de esta gran dama de la escena, pero es que "Philomena" es ella. La historia de una mujer de hondos sentimientos religiosos que decide 50 años después buscar a su hijo dado forzosamente en adopción. El resultado es una entrañable road movie que consiguió merecidamente varias menciones de premio.



4. BOYHOOD (de Richard Linklater)
Si el año pasado lo fue "Gravity", la peli-acontecimiento del 2014 lo ha sido "Boyhood". Rodada a lo largo de 12 años con los mismos actores nos cuenta el proceso de crecimiento y maduración de un chico en un entorno familiar desestructurado. El culmen del cine naturalista con el que no todos logramos conectar, pero ese plus del paso del tiempo, la contextualización musical y la maestría tras la cámara para hablar de algo tan mundano como la vida hacen de "Boyhood" una experiencia diferente y por momentos fascinante. Lo de los 12 años, ¿será una premonición?



3. NEBRASKA (de Alexander Payne)
Es uno de mis directores favoritos y tras "Entre copas" y "Los descendientes" llegó esta cinta en blanco y negro para poquito a poco ir haciendo mucho ruido. Un anciano con demencia senil, su muy cascarrabias esposa y su incrédulo hijo forman el tridente de este viaje por el interior despoblado y abandonado de los Estados Unidos. La excusa es el cobro de un premio, que sirve de gancho para hablar de muchísimas otras cosas. Pese al protagonismo de unos perdedores, te ríes, como siempre en el cine de Payne, uno de las realizadores más destacados del nuevo cine norteamericano, el rey de la dramedia en este siglo XXI. Ojalá no tarde mucho tiempo en presentarnos una propuesta tan interesante como "Nebraska" y que por fin sea reconocido a nivel de premios más allá de sus elaborados guiones.



2. EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (de Matt Reeves)
Tres años antes llegó "El origen del planeta de los simios" y me sorprendió mucho porque esperaba más bien poca cosa. Siguiendo la estela de aquella se estrenó en verano esta segunda parte que la gana aún en espectacularidad. Tecnológicamente de matrícula de honor y con un ritmo endiablado, su estudiadísimo guión convierte a "El amanecer..." en una experiencia única, rotunda y mastodóntica. El mono César es uno de los mejores personajes de los últimos años y aquí los efectos especiales están al servicio de una historia, la lucha ya no tanto entre clases sino entre el bien y el mal. Un retrato impresionante de la condición humana (sí, aunque aquí también hablemos de simios muy evolucionados) para ver sobre todo en pantalla grande. Muy disfrutable.



1. 12 AÑOS DE ESCLAVITUD (de Steve McQueen)
Tras "Shame" el director británico se adentró en la historia profunda de EE.UU. en el siglo XIX. Quizás estemos ante la película definitiva sobre la esclavitud -aunque no me guste mucho esta expresión-, una cinta que fue la ganadora de los Oscar y que ya engrosa el capítulo de películas imprescindibles. La epopeya de Solomon Northup es la lucha por la libertad y la dignidad del ser humano. Un guión pausado, elaborado y matizado, pero cargado de gran realismo convierten a esta película en un triunfo donde todo encaja (salvo igual Brad Pitt). Una gran producción que acaba por conmover a cualquier espectador.


viernes, 31 de octubre de 2014

La música de tu vida

¿Quien alguna vez no ha recordado un momento de su vida al escuchar una determinada canción? ¿Quien no ha podido evitar echar la vista atrás al oír los acordes de una melodía? No hay duda, nuestra propia vida tiene su propia banda sonora porque cada momento destacado viene acompañado de una canción. Unas canciones que de manera irremediable nos retrotraen a tiempos mejores -o no tanto-, al pasado. Pero todo esto tiene un matiz: la percepción que da el paso de los años y el peso de la experiencia vivida son capaces de hacernos modificar ese sentir con el transcurrir de los años, ese "revival" que producen las canciones que trufan los momentos más destacados de nuestra vida.

Por todo lo expuesto, pienso hacer en este post un pequeño recorrido sonoro por una parte de mis 36 años de existencia. Serán sólo 5 ejemplos, y además puede que en algunos casos no los más significativos. Pero me apetecía y estoy aquí para compartirlo con quienes osan leerme.


Empezamos en 1993. Se acerca el final de las vacaciones. Unas vacaciones en bicicleta, diría yo, por viñedos, pueblos y carreteras. Había descubierto el gusto por andar en bici. Y por entonces sonaba algo como esto y que olía a exitazo musical. El tiempo se encargaría de confirmarlo.



1997. La Universidad me abrió los ojos. Todo me parecía una novedad. Nuevas compañías, una ciudad por descubrir y los sentimientos a flor de piel. De la dupla 97-98, mi primer curso en la facultad, es difícil quedarme con una sola canción, pero Torn sin ninguna duda estuvo siempre presente en aquel mágico año.



Primavera del 2002. Al contrario que con la canción anterior ésta me acerca al crepúsculo de mis años universitarios. Praga es el entorno al que me dirige. Gran viaje de fin de carrera. E irrepetible. 



El verano de 2005 supuso la llegada de mi primer contrato de trabajo. Vino a la par que un momento crucial y de profunda reflexión, pues sólo un par de meses después tomé la decisión de preparar las maletas e iniciar otro periplo vital lejos del hogar. Sonaba a todas horas esta estupenda canción de "Amaral", para mí una de las mejores del reciente pop español. El videoclip la hace justicia (no como a la canción de Anastacia).



Y para acabar este pequeño recorrido tan personal nos vamos a 2009. Lady Gaga (con filete como sobrero o sin él) supuso todo un pelotazo y hacía ya por entonces de las suyas con su estética y su electrónica rompedora. Por mi parte, un verano de dos tocaba a su fin. ¿Sería premonitoria esta canción de lo que iba a pasar en aquellas fechas? A mí aún Bad Romance me dice algo.


sábado, 23 de agosto de 2014

Nadies

Dicen que el verano produce atontamiento y hay días que con tanto calor no es para menos. Pero si hay un electrodoméstico que todos tengamos por casa que sufra de un atontamiento especial ese no es otro que la caja tonta, la tele.

La tele, ya tonta de por sí, está repleta de tontos y de atontaos, o de zumbaos, por eso de no repetirnos tonto -digo tanto-. Es encenderla y empezar a zapear sin acabar en ningún destino. O películas repetidas de dudosa calidad, o programas mil veces emitidos con sus correspondientes superbloques de publicidad... Eso es todo lo que ofrece en verano y en no verano.

Pero si hay espacios que por tonillo dan verdaderas nauseas -y no me refiero a las noticias de Deporte de Antena3, con ese soniquete que busca siempre el pareado o la redondilla- esos son los programas del corazón. Es digno de estudio la cantidad de público que pueden llegar a congregar esos rondos de tertulianos sibilinos que pueblan los programas de la tarde y a veces de la noche. Con ganas demuestran la vena más rastrera, cotilla y malintencionada de nuestra realidad social. Y parece que la cosa gusta, y mucho...

Luego está la cadena pública que trata de hablarte del famoseo (esta palabra es muy genérica y está muy distorsionada) imperante en nuestro país y parte del extranjero. Que España es un país de modelos, toreros y futbolistas no es descubrir la pólvora ni la fórmula de la bebida más popular del mundo, pero el trío que pueden llegar a montar estos tres elementos es de aúpa. Ahora bien, la cosa no se queda ahí tampoco.

La moda ya es ser HIJO Ó HIJA DE. Cuanto más inútil e inmaduro eres más cancha tienes en este tipo de programas y en la prensa rosa (o amarilla). Los hijos de la Pantoja o los adoptados por la más grande y el descerebrado de Ortega Cano son unas piezas de mucho cuidao, casi igual o más que los padres. Eso si que es tener la vida resuelta montando el numerito o haciendo declaraciones apresuradas sabiendo que siempre va a haber una cámara y su correspondiente alcachofa delante. Porque este es el tipo de famoseo que nos mola. ¿Y qué me decís del percal que te lo cuenta? Si es que parece que fuera la cosa más importante del mundo... Tan blancos quieren  aparentar que resultan transparentemente estúpidos este tipo de programas del corazón de TVE.


Así que lo dicho, un país de eternos cotillas este, oiga. María Isabel, Paquirrín, Gloria Camila, José Fernando, nombres todos tan relevantes para quitar de la parrilla televisiva cosas muchísimo menos interesantes. Pero vamos, es lo que hay y parece que también lo que se pide. Ya se sabe que el share  manda, y no poco precisamente. Feliz estío.


jueves, 5 de junio de 2014

La abdicación, una cuestión de vida o muerte

Anda todo el mundo revolucionado estos días. Y es que en España no nos habíamos visto en otra igual desde hacía como 150 años. Aquella vez se produjo la última abdicación de un monarca reinante en nuestro país; el "honor" recayó en Amadeo de Saboya, aquel duque piamontés que sin apoyos e incapaz de apaciguar a un país convulso decidió renunciar a su cargo y regresar con precipitación a Italia mientras se proclamaba aquí la Iª República.

El lunes pasado muchos se levantaron con la noticia de la abdicación de Juan Carlos I y desde ese momento se sucedieron las especulaciones acerca de los motivos que le han llevado a tomar tal decisión. Habría que advertir primeramente que la abdicación de un monarca es un hecho poco frecuente en nuestra historia, pues no es nada habitual que un monarca "lo deje" antes de morir, así que la sorpresa fue la reacción principal entre el ciudadano de a pie.

Presumiblemente cierta incapacidad física debido a las numerosas operaciones de estos últimos años y, en especial, el hundimiento de la popularidad de la institución monárquica, han sido los dos motivos fundamentales para proceder a la abdicación. Pero, ¿hay algún otro motivo que nos estamos perdiendo? ¿algún elemento que ha precipitado los acontecimientos? Si lo hay, supongo que acabaremos por enterarnos antes o después. Pero en el discurso del monarca que siguió al anuncio de Rajoy se esgrime como la clave "la necesidad de dar paso a otra generación más acorde con los tiempos que estamos viviendo". Y puede que esa sea otra razón de peso.

El príncipe Felipe se nos presenta como un individuo muy preparado, con una ya dilatada experiencia como representante de su padre y gran conocedor de los problemas que atañen a la sociedad del s.XXI. Un hombre moderno e inteligente del que aún está por ver los cambios que pueda dar a la institución que está a punto de liderar. Personalmente no espero demasiados, pero creo que puede venir bien una cara fresca y popular ante los escándalos que han salpicado a la Familia Real el último lustro y que todos de sobra conocemos. El rey no estaba del todo limpio de culpa y especialmente el affaire Urdangarín ha sumido a la Corona en un desprestigio que ha contribuído sobremanera a avivar la desconfianza y las voces que proclaman un cambio de régimen. De cualquier forma, espero que este relevo no sirva como estrategia para taponar definitivamente todo el escándalo que atañe a los duques de Palma, del cual no se sabe a ciencia cierta la influencia que ha podido tener la figura de D. Juan Carlos como posibilitador de los negocios de Iñaqui Urdangarín. Yo no confío mucho en la Justicia, pero espero y deseo que este acontecimiento no influya para nada en la tramitación del proceso judicial.

¿Y ahora qué? En condiciones normales y pese a todo lo poco democrático que resulta que la jefatura del Estado se transmita por herencia, la transición debe ser tranquila. Pero en la España del 2014 hay tantos problemas que la propia Monarquía está siendo mirada con lupa, ahora ya más cuestionada que nunca. No creo que unas elecciones europeas con un incipiente repunte de partidos más a la izquierda que el Socialismo sean un argumento sólido para pedir un Referéndum, así como tampoco la alusión a un posible final del Bipartidismo, sostén como pocos de la figura del soberano (aunque no sólo el clan PP-PSOE apoya la Monarquía).

No veo racional tampoco juntar peras con manzanas en esta cuestión y puede que la forma que queremos dar a la Jefatura del Estado no sea algo tan importante como los muchos problemas y necesidades que tiene nuestro país y que le han hecho bajar unos cuantos escalones en el termómetro del bienestar social y del desarrollo. Eso sí que es primordial, eso sí que merece la máxima atención. Pero dedicarnos ahora a santificar la figura de un monarca es tan injusto como demonizarla y creo que hace falta algo de sosiego a la hora de valorarla en su justa medida.

Sacar a relucir el debate Monarquía vs República puede que no sea lo más apropiado en estos momentos. A modo de apunte contamos con el detalle de que la clase política está enormemente desprestigiada y mucha gente no quiere que ahora mismo otro político se haga cargo de la misma. ¿Sería Aznar, sería González, sería Zapatero? Tampoco iba a cambiar mucho la cosa y no tenemos que olvidar que la figura de un pte. del Estado tiene fundamentalmente una función moderadora.

No sé hasta qué punto debemos cuestionarnos la institución monárquica, que fue sancionada por la Constitución. Se oye decir que mucha gente no la quiere porque no la votó, que las nuevas generaciones no votaron la Constitución del 78. ¿Pero debemos someter a votación una ley tan fundamental con el paso de una generación a otra? Si nos ponemos así entonces igual deberíamos cuestionar otras cosas que refleja la Carta Magna. ¿O más democrático es que se sancionen unos fueros territoriales en un país donde supuestamente todos somos iguales, aludiendo exclusivamente a determinantes históricos? La Monarquía no es lo único que desprende olor a naftalina en nuestra Constitución y parece que de esas otras cosas se pasa un poco por alto. Espero haberme explicado bien...

El Parlamento no puede aferrarse con cerrazón a no introducir mejoras dentro de la Constitución del 78. Ésta no puede convertirse en un elemento inerte y desfasado ajeno al correr de los tiempos, por supuesto que no. Pero igual habría que abogar por no olvidar que aquella Constitución que a veces tanto se cuestiona y todo el estado de Derecho español fueron fruto de un trabajado consenso, de sacrificio por parte de la mayoría de fuerzas políticas y sociales de este país. No podemos olvidar de dónde venimos y todos los obstáculos que tuvo la nación durante décadas para llegar a ser lo que es hoy. Todo el mundo tuvo que ceder (unos más que otros, bien es cierto), pero no podemos obviar que lo que nos separa no es más que lo que nos une. No me gusta la jacobinización de cierta parte de la sociedad, tampoco el arribismo de otra, pero no debemos perder nunca la perspectiva del tiempo. España pasó una Guerra Civil y décadas de oscura Dictadura, incluso antes infinidad de momentos de desencuentro e inestabilidad política y social como para ahora enredarnos en descalificaciones y pensar solamente que cada parte tiene la verdad absoluta en cuanto a este tema.

La Corona, con el nuevo rey a la cabeza, necesitará imperiosamente modernizarse en aras de la claridad y la transparencia. Ponerse al nivel de las que hay en el norte de Europa donde esta institución está completamente controlada por el Estado. El ciudadano necesita saber a qué se destina su dinero. Todo lo contrario, y más ahora con el caso Noos, supondrá socavar su tumba. Esa es la única solución que tiene Felipe ante el clima de crispación general en el que se haya el país. Y a buen seguro no le va a quedar otra opción.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Ciudad ladrona de recuerdos

A veces me cuesta ponerme a escribir. Lo sé. Pero es que casi nunca uno se da por inspirado y para escribir y escribir pero no decir nada mejor dejarlo como está, ¿no es cierto?

El caso es que estos últimos días se ha cumplido el décimo aniversario del atentado terrorista de Madrid. Un acontecimiento dramático el de los trenes de la muerte que convulsionó a toda España. Los medios de comunicación nos atiborraron aquellos días con imágenes impactantes y testimonios desoladores de gente que lo vivió en primera o tercera persona. El 11M  ha quedado grabado en la memoria de los españoles de manera perdurable. Pero, ¿dónde estaba yo por aquel entonces? Pues esa es la primera imagen que me viene a la cabeza al recordar aquel fatídico jueves.

En marzo de 2004 acababa de hacer el C.A.P. y seguía en Valladolid, por entonces compartiendo piso en el barrio de La Pilarica, al otro lado de las vías del tren. Estaba desayunando cuando me enteré de aquella desagradable noticia, al principio sin saber qué estaba ocurriendo en realidad, un poco perplejo como la mayoría de la gente. Me disponía, recuerdo, a marchar unos días a Aranda. Iba a coger el bus esa mañana, pero apenas pude comentar lo ocurrido con nadie debido a las prisas, supongo.

Aquel mes de marzo iba a suponer el final de mi estancia en la ciudad de Valladolid. Sería volver en unos días y entregar las llaves del piso porque no había razón alguna que me retuviera a orillas del Pisuerga (bueno, del Esgueva en aquel caso). Terminado aquel C.A.P. tan descafeinado, y sin otro motivo aparente, mi etapa vallisoletana tocaba de manera definitiva a su fin. Ahora se abría un nuevo horizonte, un incierto horizonte ya lejos de la "comodidad" propia del joven estudiante de universidad. Las miras las tenía puestas en las oposiciones de Auxiliar de Biblioteca, así que descartada de antemano la opción de ser profesor de Secundaria me había puesto a estudiar concienzudamente para posibles plazas en bibliotecas.

Edificio hco. de la Universidad, tal y como estaba entonces
Siempre he considerado mi etapa de universitario la más significativa de mi vida. Y no lo digo por todo lo que aprendí -y que ya hace tiempo que empecé a olvidar, claro- sino por todo lo que supuso, básicamente el florecimiento de mi independencia personal, aunque fueran mis papis quienes sufragaban aquella pseudoindependencia. Y pese a que reconozco que no la aproveché todo lo que debiera (a buenas horas mangas verdes...) me cambió mucho la mentalidad y me dio la oportunidad de conocer gente de mi edad en aquel entorno, gente de la que por mucho que pase el tiempo aún sigues acordándote. Una etapa que significó un punto y aparte y que logró dar carpetazo a la adolescencia.

Valladolid fueron 6 años y medio de ligazón a un entorno distinto al de Aranda con el que crecí, de descubrimiento de una ciudad que me encanta desde aquellos primeros días de universidad. De aquella época aún perduran amistades y sobre todo infinidad de recuerdos, la gran mayoría muy buenos o excelentes. Todos ellos reflejan la comodidad del día a día, de la despreocupación ante un futuro laboral que no me planteaba cercano. Lo importante era ir aprobando asignaturas, pero el mundo del trabajo no lo veía como demasiado próximo. Un mundo ciertamente idílico que reflejó una pizca de inmadurez y también de ingenuidad (siempre he tendido a ser un poco ingenuo, es uno de mis defectos), pero que como todas las etapas de la vida tenía que llegar a su fin antes o después. Pude dar cierta continuidad a todo aquello si realmente hubiera apostado por buscar un trabajo rápido en lugar de dedicarme en cuerpo y alma a opositar, pero año y medio después del final de la experiencia vallisoletana elegí otros caminos.

A estas alturas de mi vida y cuando el vértigo de la edad empieza a asomar, siento que esa época pucelana no tiene la puerta del todo cerrada. Siempre me negué a pensar que sólo Valladolid podía significar el pasado y juro que cada vez que la vuelvo a pisar me dan ganas de dejarlo todo por sentirme de nuevo como en casa. A veces en mi pensamiento miro por una ventanita y recorro aquellos rincones que quedaron grabados en mi memoria, es más, inconscientemente lo hago. Resulta todo muy curioso.

Seguro que cualquier persona un poco cuerda me soltará aquello de que el pasado es el pasado y mejor no removerlo, que hay que mirar sólo al futuro y demás. Lo sé, no soy tan tonto de no entenderlo. Pero muchas veces echo de menos aquello precisamente, el sentirme como en casa. Los recuerdos cada año son más vagos y muchas veces no asocio las caras a los nombres o no me acuerdo de anécdotas cada vez con más frecuencia. Tampoco me acabo de convencer de que Valladolid sea ya sólo el pasado, seguramente porque conscientemente no lo quiero. Pero es pasar junto a los leones de la vieja Universidad o atravesar la zona del Cuadro -donde viví en mi 2º año de carrera-, por poner solo unos ejemplos, y no puedo evitar la nostalgia.

La grabación de dos cortos, las merendolas que me pegaba en mi apartamento en aquellos descansos vespertinos con mi amigo Braulio, las sesiones de cine, las caminatas por Valladolid, las visitas a la biblioteca de S.Nicolás, los novillos del 1er año para ir a jugar a la máquina de fútbol o al futbolín, el sol del atardecer, los madrugones para ir al servicio de internet de la Residencia Alfonso VIII, las cenas con los de clase o con los compañeros del viaje de Fin de Carrera... Son sólo ejemplos de grandes momentos que uno lleva en la mochila atiborrada de la experiencia. Una época dulce pero cada día más distante en el tiempo.

Hace mucho que creé este blog tan personal y hasta ahora no había dedicado una palabras aunque fueran tan torpes a Valladolid. No merecía la espera, lo entiendo. Cuando a veces las circunstancias de la vida no te llevan por el camino de la plenitud personal es normal que uno mire hacia atrás y contemple el pasado. Una mirada condescendiente a una época dorada. Supongo que es normal verla como algo idílico cuando ya te hayas metido en el mundo de las responsabilidades, en el mundo de los adultos, donde las prioridades se hacen norma.

Pero Valladolid es una ciudad en continua transformación. Está cambiando bastante y cuando paso por allí me doy cuenta. También falta la gente, en su mayoría. Así que ya nada es como era entonces ni lo volverá a ser nunca jamás. Puede que añorar el pasado sea como correr tras el viento. Pero la verdad es que la felicidad siempre viaja de incógnito; y sólo después que ha pasado, sabemos de ella.