martes, 9 de enero de 2018

El mejor cine del 2017

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Acabó otro año y es el momento apropiado para recordar todas aquellas películas que he podido ver durante el 2017. La sensación es similar a la del año anterior: no hay una película indiscutiblemente buena que vaya a pasar a mi disco duro de los recuerdos con el paso de los años. Ahora bien, películas buenas (o muy buenas) las ha habido. Hagamos un repaso.

7. HANDÍA.
Comenzamos con este drama rodado en euskera en torno a la relación que se establece entre dos hermanos de un caserío de Guipúzcoa a lo largo de varias décadas; la fábula de un misterioso gigante en una España azotada por la confrontación entre el Carlismo y el Liberalismo a mediados del siglo XIX. 

"Handía" es puro clasicismo donde la pausa y el poder de la narración lo son todo. Cine distinto dentro de nuestro país por la época en que se ambienta y su poder de sugestión. Cuenta con 13 nominaciones a los premios Goya.



6. WONDER WHEEL.
Lo último de Woody Allen ha sido también lo último en estrenarse durante el 2017. Parece que el director neoyorquino tenía ganas de rodar con Kate Winslet y le ofreció el guión de una especie de tragedia griega trasladada a la playa y parque de atracciones de Coney Island, lugares donde se ubica una madeja de anhelos, celos e insatisfacciones en torno a 4 personajes durante la década de 1950. Un producto teatral, con una gran ambientación musical -que para eso es cine de Woody Allen- y una extraordinaria fotografía que juega con los colores luminosos del parque de atracciones donde se encuentra la casa donde residen los personajes principales. Me entretuvo y aunque la Winslet hace un papel parecido al de la extraordinaria Cate Blanchett en "Blue Jasmine" viene a engordar su ya considerable colección de interpretaciones jugosas en sus veintipico años de carrera.



5. LA GRAN ENFERMEDAD DEL AMOR.
No es mi género la comedia romántica, pero de vez en cuando resulta motivante ver películas inteligentes, naturales y sin exceso de edulcorantes como ésta. La clave reside en un guión bien armado, con frases que no suenen huecas o tontorronas, y unos actores entregados a sus jugosos papeles. Supone la vuelta a la gran pantalla de Holly Hunter y el descubrimiento de la química existente entre Kumail Nanjiani y Zoe Kazan. Una película que bascula entre el romanticismo, la emotividad y el humor y que en cierto modo me recuerda a una de las mejores comedias del género de los últimos años, "Una cuestión de tiempo". Todo un hallazgo que suena con cierta fuerza para las inminentes nominaciones a los Oscar.



4. LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS.
En el verano nos llegó la tercera entrega (¿será la última?)  de esta saga resucitada casi milagrosamente. ¡Quién me iba a decir a mí que me iba a gustar tanto...! Tras una estimable primera película y una segunda grandiosa y espectacular ésta tercera puede que esté un peldaño por debajo de la anterior, pero es igual de entretenida y maravillosa. Quizás le falte el arco tan variopinto de personajes que tenía la del 2014, pero siguen ahí de pié el mono César (para mí unos de los mejores personajes de película de este siglo XXI) y sus acompañantes luchando contra esa banda de desalmados humanos en una guerra sin cuartel donde hay pocos resquicios a la compasíón y a la fraternidad; pero cuando los hay, la dirección y el guión resultan tan verdaderos que lo que ves se convierte en verdadera magia.
Es una gran noticia comprobar que cuando a un correcto guión le acompaña una tecnología acertadamente utilizada se pueda hacer cine de gran espectáculo sin resultar vacuo ni cargante. Por ello, las últimas películas del Planeta de los Simios han convencido por igual a crítica y público.



3. LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND).
Probablemente el drama musical de Damien Chazelle sea el evento cinematográfico del año si dejamos remakes de cintas de culto y nuevas entregas de sagas galácticas aparte. 
La película, destinada a triunfar en la última entrega de los Oscar, se quedó con un palmo de narices al perder en la categoría principal no se sabe muy bien cómo y de aquella sorprendente manera; luego hablamos de los Goya... En cualquier caso, "La La Land" resulta de un atractivo visual tan evidente y tiene tanto encanto que resulta muy disfrutable, pero se la puso en su día tan... tan por las nubes que a más de uno y de dos le supo un poco a decepción, pese a tener un último acto arrebatador y casi casi perfecto. Ni un pero a la gran actuación de Emma Stone y a la realización prodigiosa de su aún muy joven director. 



2. COMANCHERÍA.
Según he podido saber, esta cinta de cine independiente  se exhibió en el Festival de Cannes de 2016 en el apartado "Una cierta mirada". Se ve que no tenía cabida en la sección oficial a concurso: había que hacer hueco a esos insufribles dramas asiáticos tan interesantes o a los nuevos trabajos de directores consagrados cuyos postulados cinematográficos no es capaz de entender el aficionado al cine de a pié por estar en otra dimensión intelectual. Pero a lo que voy, "Comanchería" de David Mackenzie fue una de las revelaciones el año pasado. Un thriller rural, un western social y policiaco con trasfondo familiar, que mereció mayor atención por parte de los aficionados al cine y los programadores de las salas  porque cuenta con un estupendo guión y unas interpretaciones de primerísimo nivel. Es fácil entender a los protagonistas y sus motivaciones, pues hace ya mucho tiempo que en el oeste norteamericano los indios dejaron de ser los verdaderos enemigos. Un mensaje tan de actualidad y en  una película tan bien realizada que harán que con el paso de los años "Comanchería" pueda convertirse en un clásico de nuestro era.



1. LOVING.
Y acabo con esta pequeña cinta dirigida por Jeff Nichols (otro director joven a tener en cuenta y autor de la recomendable "Mud"). Parecía destinada también a hacer ruido en las diversas entregas de premios, pero acabó por ser olvidada y, por supuesto, pasó de puntillas en su momento por nuestras carteleras. 
Rescatar su visionado y verla en V.O. no es un ejercicio de pérdida de tiempo en absoluto porque estamos ante una película que transmite tanta verdad, con tan pocos diálogos y tantos silencios, que resulta del todo reconfortante. Las pausas, la mirada de Ruth Negga y la historia, narrada de manera clásica, contenida y sutil, sin un solo amago de aspaviento, hacen de "Loving" la plasmación afortunada de una historia real tan injusta como dolorosa. Supone también la reivindicación de su joven director como uno de los mejores de la nueva generación de directores estadounidenses. Quizás, para mí,  la mejor película del año en un muy apretado podio final. Veremos qué nos depara el 2018.


sábado, 18 de noviembre de 2017

De Flandes a chirona... y tiro porque me toca





Igual debiera pedir perdón por no intentar explicarme en neerlandés, pero si de lo que se trata es de que se me entienda y de no enrollar más el ovillo creo que hacerlo en castellano resulta de lo más conveniente, ¿no es así? A tal esperpento, por mi parte, no íbamos a llegar.

Los acontecimientos que arriban las últimas semanas desde Cataluña o,  más al norte, desde la muy democrática, moderna y tolerante Flandes (o Valonia, porque al caso la patria chica del niño que mea está en el medio de ambos territorios) son lo más parecido que uno pueda imaginar a una tira cómica absurda, cutre y chabacana. Resulta que a unos iluminados convenientemente elegidos, contando con todas las herramientas que les proporciona el orden establecido, se les ha ocurrido montar un circo donde, a base de manejar a su antojo la educación pública y los medios de comunicación de todos, les han crecido los enanitos por doquier durante estos últimos años. Y ahora parece que más que un circo se ha logrado crear una especie de secta mesiánica donde el fin último justifica los medios: la independencia.

No está en mi ánimo analizar cada episodio de la rocambolesca deriva secesionista. Solo con atender a los periódicos y los informativos de la tv ya tenemos bastante. Pero quiero incidir en una cuestión que bajo mi punto de vista como ciudadano de a pie me preocupa. Porque ahí están los acontecimientos, no trataré de analizarlos, y por mucha declaración ante un juez que se efectúe pienso sinceramente que los hechos, ciertos y probados, son una irrefutable verdad que debiera servir para emitir un dictamen.

Con esto quiero decir que los (ir)responsables de haber mentido a todos los catalanes con un paraíso terrenal en forma de república, los que han destinado cantidades ingentes de dinero público a crear una conciencia popular en torno a la independencia, los que engañaron diciendo que no se iban a marchar las empresas, los que hicieron una campaña de acoso y derribo a todos aquellos ciudadanos que no comulgaban con su ideario radical y supremacista, quienes planearon y ejecutaron un plan para dejar al Estado y el nombre de España a la altura de un país dictatorial en el resto del mundo, los que se burlaron una y otra vez de las leyes catalanas y españolas, saltándose a la torera cualquier instrumento legal, los que declararon paros "a nivel nacional" en defensa de la independencia de Cataluña y quienes a posteriori comentaron ante los tribunales que se trataba todo de un arma para forzar una negociación o simple y llanamente una declaración simbólica de independencia (¿?) recogen todos los argumentos posibles para que sobre sus iluminadas y deslenguadas cabezas caiga todo el peso de la Justicia. Porque los votos en unas elecciones no eximen de responsabilidad, ya que no son una carta blanca que otorga inmunidad judicial o, lo que es más grave, no exime de responder de tus actos ante quienes te votaron y quienes no lo hicieron. ¿O es que el sr. Puigdemont -felizmente cesado de sus funciones de gobierno- no era también presidente de los catalanes no independentistas además de representante del Estado en su propia Comunidad Autónoma? A los políticos se les paga para que gobiernen, no para que hagan actos simbólicos no se sabe a nombre de qué, y eso en Cataluña ha brillado por su ausencia en estos últimos tiempos.

Está meridianamente claro de que esta pantomima no tiene que quedar en agua de borrajas pese al panorama de una elecciones inminentes. Quienes rompieron la baraja y se vanagloriaron de ello con regocijo no pueden irse de rositas. Aquí ha pasado algo grave, que no nos quieran engañar ahora pues todos sabemos que a la mínima oportunidad que tengan volverán por el mismo camino, el de saltarse la ley. Porque el Estatut, la Constitución y por ende el muy defenestrado artículo 155 son la ley mientras no se cambien. A nadie se le puede echar en cara sentirse únicamente catalán u oriundo de su diminuta parcela de tierra, sino que de lo que se trata es de que la convivencia se articule en torno a valores democráticos y de respeto, sin atajos, sin chantajes. 

Puigdemont, Junqueras, Forcadell y otros miembros de la fauna catalanista merecen acabar en la prisión -aunque se trate de celdas "de oro"- por empobrecer Cataluña, dividir a su sociedad e intentar manchar con falacias la imagen exterior de España. Y en el fondo es una verdadera lástima que entre todos se les haya incluso hecho la ola para llegar a estos límites. Desde que España es una (imperfecta) democracia a casi todos los partidos les ha interesado tener al independentismo de su lado para poder gobernar, vaciando al Estado de prerrogativas en ciertos territorios a costa de hacer desaparecer su presencia hasta niveles ínsospechados. Y ya se sabe, quien siembra vientos recoge tempestades. Ojalá nuestra muy vilipendiada Justicia sepa hacer bien su trabajo. Está en sus manos.


viernes, 29 de septiembre de 2017

Media vida

En este blog tan personal suelo hablar de cine, deportes, actualidad o viajes que he podido disfrutar, pero no creo recordar una sola vez en la que haya centrado mi discurso en alguien en concreto. Y es curioso, sobre todo conociéndome como me conozco (valga la redundancia), pero eso está a punto de cambiar dentro de escasos segundos.

Me explico. Allá por el verano de 1997 andaba bastante despistado. Mi mente nunca ha sido nada maravillosa y tras un curso inmaculado y una Selectividad poco brillante mis pasos se dirigían a estudiar una carrera de Letras. Geografía, Historia del Arte o Historia a secas eras las tres opciones y fue la última la que iba a escoger después de un verano que apenas recuerdo y unas Fiestas Patronales de mi ciudad donde había podido recobrar el brío perdido a mi juventud tras año y pico de sinsabores personales. Porque el caso es que acababa el mes de septiembre y llegaba a Valladolid con cierta resaca festiva, osease, con más labia de la habitual, y este aparente nimio detalle iba a resultar clave en la historia que paso a narrar.

Ir a Valladolid suponía la primera vez que estudiaba fuera de casa. Y se abría ante mí un paisaje distinto -geográfico, humano, mental-, un nuevo mundo de posibilidades que iba a modificar mi manera de ser y mi manera de comportarme. Los años de Universidad -fueron 6 en total- lograron moldear mi personalidad y aquella "salida del cascarón" supuso el germen de lo que ahora mismo soy a mis treinta y pico años. Pero en esa eclosión la figura de B -el protagonista de este relato- iba a resultar decisiva y ciertamente fundamental.

Conocí a B en la segunda clase del primer día de Universidad, un 29 de septiembre de 1997, por la mañana. Ahora sé que no actúo de esa manera bajo ningún concepto, pero aquel día (y los muchos que vinieron detrás durante aquel 1º de Historia) me puse la mar de pesado. Porque abusé de cierto atrevimiento y me cambié de mesa para presentarme ante aquel tipo solitario que había visto entrar por la puerta de clase. Lo que nunca he tenido claro es la razón que me llevó a ello. Misterios del universo. Cada uno que saque sus propias conclusiones.

Y aquel lunes fue el inicio de una relación de amistad que al principio anduvo a trompicones. Yo no dejaba de ser un pesado que requería atención y B no dejaba de comportarse a veces como un borde, pero el entorno (los amigos de clase, fundamentalmente) ayudó a que todo tornara hacia una conexión especial manifestada en tantos y tantos momentos a lo largo de los años sucesivos dentro o fuera ya de las aulas. Porque aquello es lo que racional o irracionalmente estaba buscando con ahínco desde el principio.

Supongo que yo a B logré aportarle muchas cosas. De buen grado de él adquirí esa pequeña afición que mantengo por las bandas sonoras, me entretengo viendo los partidos del Atleti y, lo más importante, ha logrado influir en determinada medida en mi personalidad. Para que os hagáis una idea de lo importante que ha resultado ser, 2005 supuso un triple salto en mi devenir vital, que no hubiera sido posible de ningún modo sin esa amistad de acero de la que estoy hablando. Y en esas estamos ahora porque de vez en cuando echo una mirada al pasado y me doy cuenta de que conocer a B ha trastocado, espero que para bien, toda mi vida desde que era un joven de 19 años.

El curso 97-98 y el posterior están grabados en mi memoria con un marco de oro. Aquellos días fueron nuestros particulares tiempos de gloria. Las partidas de futbolín o a la máquina de fútbol suplantaban de vez en cuando a las clases aburridas impartidas por tediosos profesores. Éramos unos críos y fuimos madurando en responsabilidad con el paso de los años, extendiendo nuestra relación de amistad fuera de clase. Acabamos el periplo universitario y el enemigo de quedar todo en una vieja amistad estudiantil estaba a las puertas, pero supimos dar continuidad a todo lo que nos unía pese a los kilómetros que nos separaron aquellos primeros años. Después llegó seguir viéndonos casi a diario, las cenas de Navidad, los cafés a mitad de mañana, más bandas sonoras, los veranos musicales en Úbeda, su boda, su piso, mi piso, su niña, nuestro imborrable encuentro en Viena con James Horner... Tantos y tantos instantes irrepetibles y compartidos a los que hemos podido dar continuidad con el trascurrir de la vida.

Ahora siento que no soy el mismo de hace veinte años. Que he cambiado en muchísimas cosas casi sin percatarme de ello, con al misma invisibilidad con la que se me cae el pelo o a otros les invaden las canas. Teniendo la vida ante mis ojos y pese a la distancia geográfica que ahora me separa de B valga la comparación de que a estas alturas no hay iceberg que pueda llevar esto tan especial que nos une a la deriva. Por eso, a día de hoy no cabe otro sentimiento que el del orgullo por haber compartido tantos buenos momentos y durante tantísimo tiempo con una persona que sé que siempre está ahí aunque nos amenace la tormenta perfecta, sin ánimo de resultar exagerado. Tal día como hoy únicamente puedo decir a B y aunque no me esté leyendo ¡GRACIAS POR ESTOS 20 AÑOS DE AMISTAD!



jueves, 3 de agosto de 2017

Rumanía por descubrir

Castillo Corvinilor
Me encanta viajar. Por si alguien aún no se ha enterado supone la mejor inversión de tiempo y dinero que ahora mismo uno pueda imaginar. Porque VIAJAR, así en mayúsculas, es una palabra que comprende infinidad de cosas a su vez y algo que además se disfruta por partida triple: mientras preparas el viaje, mientras lo realizas y mientras lo recuerdas. Y en esta última fase me hallo ahora, liadillo clasificando las fotos.

Cada vez aprecio más el contacto con la naturaleza y la satisfacción que produce la soledad, los colores del paisaje o el olor a aire limpio. Es como si se parara el tiempo de nuestras vidas incesantes, los acelerados días donde no nos detenemos prácticamente a observar nada. Quizás tenga que ver con mi concepción del tiempo; hastiado de su paso veloz, una mera excursión o un viaje de una semana suponen una bocanada de aire fresco que oxigena los corazones atormentados y para el ritmo de la vida por unos pocos instantes.



Hasta hace escasos días pude disfrutar de un magnífico viaje a Rumanía. En concreto a los Cárpatos meridionales y la región de Transilvania. Un grupo de ilusionados aventureros formado por Elena, Judit, Nines, Rocío, Fernando, Blanca, Ana Belén y el que escribe, comandados por el guía hispano-rumano Darío, nos movimos en furgoneta por atiborradas carreteras que unen los pueblos y ciudades del interior del país. A decir verdad, la percepción que tenía de Rumanía se cumplió: es un país de menor desarrollo al nuestro, uno de aquellos que tanto sufrieron tras la instauración del Telón de Acero y la posterior dictadura atroz de Ceaucescu, en este caso.




La afamada Transilvania es afortunadamente mucho más que el conde Drácula, personaje novelesco ligeramente inspirado en uno tan real como malicioso. Es tierra de castillos y fortalezas, de ciudades pequeñitas y pueblos en mitad de la campiña. Una tierra fértil y verde más agraria que ganadera flanqueada en su parte sur por una escarpada cordillera que aporta un gran caudal de agua a los ríos que bajan por su ladera norte.

Plaza Unirii, en Timisoara

Timisoara, la capital del Bánato, al oeste del país, es una urbe importante que vive aún de la industria y su universidad. Se nota su pasado como crisol de culturas: otomana, germánica, húngara o eslava. Su centro histórico destaca por sus plazas y sus iglesias, pero uno no puede dejar de sentir que se encuentra en una ciudad del Este de Europa, algo degradada aunque muy verde eso sí porque es "la ciudad de los parques y los jardines" de Rumanía.

Sibiu

La medieval Sighisoara conserva mucho patrimonio urbano, pero podría estar bastante mejor mantenida. Sus torres y sus murallas son un caramelo para los fotógrafos, que no deberían dejar pasar la oportunidad de recorrer sus calles pues es una de las urbes de origen sajón más bellas de la región. Por su parte, la intelectual Sibiu, también de origen alemán, es una ciudad para pasear o parar a tomar un café tranquilo en una de sus numerosas terrazas. Ha visto cómo sus distintos gobiernos han llevado a cabo proyectos para recuperarla y eso se nota en todo su cuidado casco histórico. En definitiva, una de las ciudades rumanas con mejor calidad de vida, volcada en la cultura y que a mí me supo a poco debido a lo corta que fue la estancia. Una sorprendente ciudad para volver, sin duda.

Pero el verdadero descubrimiento de un viaje como éste es la Cordillera de los Cárpatos. La parte rumana recuerda a aquellas estampas alpinas que hemos visto cientos de veces. Lagos, ríos, cascadas, hayedos, bosques... Son rincones que invitan a perderse y a volver a sacar la cámara (si es que la tenías guardada) pese a su climatología cambiante y a que como en nuestro caso puedes ser víctima de una inesperada tormenta. Lo mejor de todo es que cada paraje, cada lugar, cada rincón, puede ofrecerte un paisaje distinto, como el macizo de Piatra Craiului, lugar de peregrinación para los aficionados a la escalada debido a sus altas paredes de roca. Y además de eso, en los Cárpatos los senderos están perfectamente señalizados, algo de lo cual en España deberíamos aprender todavía.

No quiero enrollarme más, solo invitar a quienes tengan inquietudes culturales o alma aventurera (o ambas cosas a la vez, por qué no...) a que se acerquen unos días a Rumanía y disfruten de sus increíbles paisajes, sus ciudades, su gastronomía y su arquitectura tradicional, los de un país sosegado que está ahora abriéndose al turismo internacional. Un Estado no muy conocido, de raíces latinas como es el nuestro, que va mucho más allá de los tópicos y clichés que tenemos a esta orilla del continente.

Macizo de Piatra Craiului





jueves, 23 de febrero de 2017

Los Oscar 2017: mis predicciones

Image result for oscar 2017No podía faltar por estas fechas mi anual predicción oscaril. Ya sabéis, la de la película ganadora y los galardonados con la estatuílla dorada en la noche en la que la ciudad de Los Ángeles se llena de más estrellas por metro cuadrado.

Una temporada de premios que ya toca a su fin con una madrugada victoriosa, dadlo por seguro, del musical "La ciudad de las estrellas. La La Land". La película de Damien Chazelle acaparará premios tras un paso exitoso por las pantallas de cine de medio mundo y unas críticas más que notables. A todo el mundo no le habrá convencido la propuesta colorida, moderna y nostálgica del joven director norteamericano, pero no cabe duda de que ha sabido ganarse una gran reputación poniendo buena música al enamoramiento de esa joven aspirante a actriz interpretada por la encantadora Emma Stone con ese chulapo pianista de suerte adversa al que da vida Ryan Gosling. Su química, la magia de las imágenes y ese final que conviene no desvelar la cubrirán de gloria la madrugada de este domingo al lunes. Cualquier otra vencedora sería una auténtica sorpresa.

Además del premio gordo, conviene hacer algunas puntualizaciones. Emma Stone lo tiene casi hecho con un personaje que puede marcar toda su carrera. En el apartado de actriz y actor secundarios la emoción se ha esfumado casi por completo para dejar vía libre a galardonar  las interpretaciones de Viola Davis y Mahershala Ali, aunque éste aún no debería cantar victoria ante el peso de un actor como Jeff Bridges, comodísismo como hilo conductor en la muy recomendable "Comanchería". Y la mayor emoción debiera darse en el apartado de Mejor Actor con la pugna entre Casey Affleck y el veterano Denzel Washington. Si solo tuvieramos en cuenta los premiso precursores la victoria del pequeño -y dicen que el bueno- de los Affleck estaría cantada, pero a Washington le han reconocido los SAG e, igual que a Meryl Streep tenían ganas de darle un 3er oscar, hacer lo mismo con el actor negro por antonomasia a estas alturas de su vida también es muy tentador. Además, a Casey no le beneficia nada que su actuación sea tan introspectiva y su personalidad tan esquiva y ajena al mundillo de Hollywood. La cosa pinta al 50%, digamos.
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El resto de categorías servirán para encumbrar en mayor o menor medida al musical de Chazelle y, por otro lado, hacer de esta edición la de la reconciliación con el lobby negro de Hollywood. Nada más y nada menos que 6 actores de color han conseguido nominación en las categorías de interpretación y películas como "Moonlight" (la alternativa a "La la land") o "Fences", pelean con fuerza este año. Se puede discutir si el sector artístico de color ha sido más o menos marginado en las últimas ediciones de estos premios, pero uno se aventura a pensar que aquel #oscarsowhite ha pesado bastante en estas candidaturas. Probablemente Viola Davis haya sido relegada a la categoría de Actriz Secundaria para no competir de tú a tú con Emma Stone y de este modo poder asegurarse la estatuílla dorada; o la previsible victoria de Mahershala Ali se deba más que a una genial actuación al hecho de cumplir con la sempiterna cuota racial. Otra cosa muy distinta es que los dos protagonistas de "Fences" (Davis y Washington) puedan ganar sendos óscares gracias a personajes ya interpretados por ellos en las tablas del teatro frente a una interpretación de construcción como la que hace formidablemente bien Casey Affleck en la algo sobrevalorada "Manchester frente al mar". Pero todo esto son solo conjeturas mías frente a los hechos y las predicciones que marcarán los premios en la gran noche del cine. Estas son mis apuestas (en rojo los ganadores).

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Damien Chazelle puede hacer historia con "La La Land"
MEJOR PELÍCULA
- Lion
- Manchester frente al mar
- Figuras ocultas
- La La Land
- Comanchería
- Hasta el último hombre
- Fences
- La llegada
- Moonlight





MEJOR DIRECTOR
- Mel Gibson, por "Hasta el último hombre"
- Barry Jenkins, por "Moonlight"
- Damien Chazelle, por "La La Land"
- Kenneth Lonergan, por "Manchester frente al mar"
- Denis Villeneuve, por "La llegada"

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A Casey puede que acabe pesándole su apellido (para mal)


MEJOR ACTOR 
- Denzel Washington, por "Fences"
- Ryan Gosling, por "La La Land"
- Andrew Garfield, por "Hasta el último hombre"
- Casey Affleck, por "Manchester frente al mar"
- Viggo Mortensen, por "Captain Fantastic"





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En 6 años Natalie ha pasado de bailar como una cría a ser la viuda de América... Precocidad

MEJOR ACTRIZ
- Isabelle Huppert, por "Elle"
- Ruth Negga, por "Loving"
- Natalie Portman, por "Jackie"
- Meryl Streep, por "Florence Foster Jenkins"
- Emma Stone, por "La La land"

MEJOR ACTOR SECUNDARIO
- Mahershala Ali, por "Moonlight"
- Jeff Bridges, por "Comanchería"
- Dev Patel, por "Lion"
- Lucas Hedges, por "Manchester frente al mar"
- Michael Shannon, por "Animales nocturnos"

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
- Michelle Williams, por "Manchester frente al mar"
- Viola Davis, por "Fences"
- Octavia Spencer, por "Figuras ocultas"
- Naomie Harris, por "Moonlight"
- Nicole Kidman, por "Lion"


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Viola, la reina de los lagrimones, puede tener una gran noche
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
- Comanchería
- 20th Century Women
- Manchester frente al mar
- Langosta
- La La Land


MEJOR GUIÓN ADAPTADO
- La llegada
- Figuras ocultas
- Lion
- Moonlight
- Fences





MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL
- Jackie
- La La Land
- Moonlight
- Passengers
- Lion


jueves, 29 de diciembre de 2016

Ranking cinéfilo 2016

A las puertas de un nuevo año es momento de hacer un pequeño repaso a lo que estos dos ojos han visto en la pantalla grande a lo largo de 2016. Un año el que acaba con películas muy apreciables pero, a mi entender, y bajo la lupa que es mi selectiva manera de ver el cine, sin grandes películas que puedan hacerse un hueco en mi particular listado de cintas favoritas.

2016 ha supuesto cine de calidad, sin duda, pero al igual que la carrera por el Oscar no dejó en mi memoria esa gran película que recuerdas con el tiempo sucede algo parecido con este ranking. Veamos aquellos ejemplos de "lo mejor" que ha dejado el año que enseguida acaba.


7. Hasta el último hombre (Mel Gibson)
El actor/director australiano se ha tirado 10 años sin realizar ninguna película y ésta, a la chita callando, ha calado muy bien entre la crítica y el público, sonando bastante para los Óscar que se celebrarán en febrero. Una gran producción muy clásica en su primera mitad, puede que excesiva y reiterativa, pero que emerge en su segunda parte como una gran cinta bélica que te deja atónito por su realismo y por lo bien que se le da a Gibson retratar la furia y el heroísmo en pantalla. Pocas veces en el cine se ve la guerra desde las mismas entrañas y eso es un gran logro, aunque en el fondo quede algo lastrada la propuesta por un guión poco matizado y un mensaje religioso demasiado evidente.



6. Elle (Paul Verhoeven)
La cinta promovida por Francia a los Oscar supone la rentrée del director holandés en el panorama Hollywood, después de varios años dirigiendo alguna película que otra en su país natal. Y quien tuvo, retuvo, pues en "Elle" todo nos recuerda al psicothriller de los 90. A partir de la violación de la protagonista, una madura ejecutiva de armas tomar, se desarrolla una trama emocionantísima de venganzas, sexo y podrida moral. ¿Quien es la víctima: el acosador o el acosado? Al ingenio del veterano director se une el trabajo titánico y digno de premio de una Isabelle Hupert tan pérfida como comprensiva. Y es que parece que sólo ella quería interpretar el papel... Una película que engancha porque siempre están sucediendo cosas pese a que le sobre como una media hora hacia el final. 



5. Julieta (Pedro Almodóvar)
El manchego no se ha tirado una década sin dirigir, pero sí sin hacer cine del bueno, del que sabe hacer cuando no se pasa de rosca. Y "Julieta" supone su particular regreso, pese a que la taquilla no respondió en absoluto cuando se estrenó.
La Julieta del título, magníficamente interpretada en su madurez por Emma Suárez, es un ser dolido por el peso del pasado, como tantos otros en la filmografía almodovariana, pero uno no deja por menos de saber querer más de esa mujer solitaria que esconde tantos secretos. Y el director rebusca en las emociones y en las decisiones que tomamos en la vida para labrar una película lograda, menos artificial que muchas de las que le preceden, más comprensible pero sin renunciar a ese tono kirsch aunque limpiándolo casi por completo de cualquier atisbo de humor. Es una lástima que una película tan interesante como esta no haya tenido la respuesta de público que merecía.



4. Manchester frente al mar (Kenneth Lonergan)
Llegada de Sundance y vista en el Festival de Gijón es, sin duda, una de las películas de las que más se habla en clave de Óscar. Peli de gran recorrido pero de escaso presupuesto que nos traslada a esos pueblos marineros del nordeste de Estados Unidos para contarnos la historia de un hombre de oscuro pasado que sobrevive como puede en la ciudad en el momento en que sopesa regresar a su pueblo para hacerse cargo de su sobrino. Genialmente interpretada por Casey Affleck y Michelle Williams (en un pequeño -pero importante- papel), esta cinta es una de esas pequeñas maravillas que podemos ver todos los años en nuestra cartelera. Pese a ser una buena película, su premisa queda algo alargada por un exceso de metraje.



3. Un monstruo viene a verme (J.A.Bayona)
Ha sido mucho el público español que se ha dejado arrastrar por el imaginario creado por el director catalán. Es curioso cómo cada vez que Mediaset decide producir una película, a base de promocionarla y "contárnosla" treinta mil veces, resulta ser un éxito de público, como ya sucedió en su día con la anterior película de Bayona, "Lo imposible". Y es que en el fondo nos gusta que nos machaquen.
Esta fábula la sufres, la disfrutas o la recuerdas según te llegue su mensaje y según te sientas identificado con las circunstancias que ves en pantalla. La historia de Conor es la de cualquier adulto porque sus sentimientos son universales y no entienden de edad. A destacar su buen casting internacional, lo bien insertados que están los momentos de animación en la trama y unos diálogos bien trabajados que hacen de "Un monstruo viene a verme" cine de gran calidad. Lo malo, que los listos de Tele 5 ya nos la contaron sin verla. Imperdonable.



2. Spotlight (Tom McCarthy)
Ganadora del Oscar a Mejor Película será una de esas ganadoras que dentro de pocos años solo unos cuantos recordarán, pero la cinta que nos ocupa es ejemplo de cine bien hecho a partir de un guión perfectamente hilvanado, unas firmes interpretaciones y un ritmo constante que te deja quieto y parao en la butaca hasta el desenlace final. No hace falta una gran producción para hacer cine con mayúsculas, de ese que bebe del cine periodístico de los años 70. Y "Spotlight" ha sido una de las grandes revelaciones de la temporada sin duda. Cine honesto, sin estrellas (o con estrellas al servicio de un guión). Cine coral sobre la labor de los medios de comunicación y que indaga en  lo que somos capaces de soportar como sociedad por miedo al poder establecido.



1. Carol (Todd Haynes)
Unas estupendas Cate Blanchett y Rooney Mara protagonizan este film que recrea el Nueva York de los años 50 y las ataduras morales a las que se ven sometidos los individuos en ese cuento de hadas que es la sociedad acomodada y consumista de la Norteamérica de posguerra. Todd Haynes regresa a ese ambiente que tan bien retrató en "Lejos del cielo" o en la miniserie "Mildred Pierce" y lo hace con un cine pausado, detallista, sumamente elegante que bebe del cine de otra época, perfectamente calculado pero bajo el que late un torbellino de calladas emociones.
Un juego sugestivo donde nada ni nadie es perfecto y donde todos en el fondo somos en parte prisioneros de algo. La historia de estas dos mujeres a través de los fascinantes ojos de Rooney Mara es la lucha interior de miles de mujeres atrapadas en el infelicidad y el director ha sabido hacer una película tan fascinante como esa mujer rubia, bella, moderna y en apariencia perfecta a la que da vida una siempre acertada Cate Blanchett. Una gran película que te atrapa y que, sin duda,  merecía algo más de reconocimiento por parte del gran público y, por descontado, de los Oscar. El film que más me ha gustado a lo largo de este 2016.



viernes, 7 de octubre de 2016

¿Otras elecciones? No, ¡gracias!

El país vive desde hace casi un año inmerso en un bucle interminable. El tiempo pasa irremediablemente sin que nadie se ponga de acuerdo con nadie, alargando hasta límites insospechados las prerrogativas de un gobierno en funciones como el actual.

Y a este panorama de incertidumbre se ha venido a añadir la profunda brecha abierta en el seno del PSOE. Y no es algo que deba habernos pillado por sorpresa, pues la guerra de poderes entre la dirección nacional del partido y los tan cansinamente denominados "barones territoriales", con su baronesa mayor a la cabeza, ha dejado al pollo no solo sin cabeza, sino también desplumado casi de un día para otro (y no me refiero a su líder al utilizar esta expresión). No va a tener fácil el PSOE la labor de reestructurarse (ahora lo llaman coser) de cara a unas inminentes nuevas elecciones o a un rápido posicionamiento ante un nuevo gobierno del Partido Popular; el tiempo es el que es, escaso, y las premuras del país se agolpan sin remisión cada día que pasa.

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La situación que desvive al PSOE no ha llegado de la noche a la mañana. Se ha ido gestando desde hace bastante tiempo dentro de un partido plural pero con varios puntos de conflicto y de debate. Un partido que ha perdido a gran parte de su joven electorado en beneficio de otros, venido a menos y sin la capacidad de atraer a la masa social.  La "cuestión catalana" puede que sea el quebradero de cabeza más severo ante el que ha debido hacer frente. Y es que la fórmula de predicar un neofederalismo español ha sido la manera del PSOE de Pedro Sánchez de tratar de contentar a todos sin conseguirlo. Y es tanto en su falta de liderazgo como en la cuestión territorial donde el PSOE no ha sabido trasmitir un mensaje claro a los españoles.

Pedro Sánchez tuvo una oportunidad inmejorable de llegar al Gobierno en marzo pese al desastre electoral, pero el inmovilismo del PP y de Podemos echaron por tierra esa posibilidad de manera muy irresponsable. Su alianza con Ciudadanos (que no fue nada bien vista precisamente en las federaciones que recientemente se levantaron en armas, curioso...) le pasó factura y el giro posterior consistió en cerrarse en banda a cualquier negociación con los populares tratando de pensar, de manera engañosa, que era posible un gobierno del PSOE apoyado con partidos a su izquierda y nacionalistas de todos los colores. Pero el caso es que Pedro Sánchez tampoco hizo nada para lograrlo, si es que esa era su intención, y muy a su pesar resultaba imposible por su elevado precio: era una entelequia. De una posición importante para pedir reformas a cambio de una abstención se ha pasado en este momento a tener la soga al cuello y estar a merced de la clemencia del partido de Mariano Rajoy, que si se pone en plan malo-malísimo de película de terror puede llevarnos a todos a otras elecciones, las terceras en un año, contando con obtener ya sí que sí para entonces la mayoría absoluta. Se ha perdido no solo un tiempo de oro sino la posibilidad de apretar las tuercas al Partido Popular en los asuntos que afectan a todos los españoles. ¿Cuando se darán cuenta nuestros políticos que no todo consiste en gobernar sino también en hacer una oposición eficaz? Máxime cuando ya no existen las mayorías absolutas capaces de hacer y deshacer a su arbitrio.

Todo esto va a tener que votarse ya dentro del PSOE, donde casi nadie habla claro, mareando la perdiz o montando el espectáculo que vimos hace solo una semana. Las llenas acechan por la izquierda mientras los subalternos del lobo de Rajoy amenazan con imponer condiciones a una más que probable abstención del PSOE en una inminente sesión de investidura. No debiera confundirse el gobierno de la nación con lo que ocurre en el patio de cada casa, pero hay al parecer gente que nunca logrará entenderlo y el "borreguismo" de los militantes parece que tampoco.

Análisis a parte, valga decir que en lugar de haberse puesto como locos a hablar, a negociar, a reunirse unos con otros tras la jornada electoral del 26 de junio, se fueron pasando los días sin que casi nadie moviera una coma y sin que se llegara a plantear un cierto boceto de acuerdo (más allá de la posición variante de Ciudadanos).  El PP, crecido y sin mayoría absoluta, estaba en el error de pensar que solo por los votos ya todo estaba hecho, que no debía ceder ni un ápice a cambio de conseguir la Presidencia. Se dejó tan importante tema para después de las elecciones vascas y gallegas y solo la debacle del PSOE en ambos comicios ha permitido desenquistar algo la situación. ¿Acaso no había un mandato ciudadano lo suficientemente elocuente como para que se hubieran puesto a currar desde el primer día? Y además, lo había por partida doble porque dos veces nos mandaron acercarnos a los colegios electorales. 

No han sabido -o querido- entender lo que expresamos en las urnas y ahora algunos nos vienen hablando de nuevas elecciones... Es una irresponsabilidad y una vergüenza que aún haya representantes políticos -no pondré nombres- que busquen eso después de toda la que ha caído. Si se decide que debemos volver a echar la papeleta en la urna conmigo que no cuenten. Y por favor, pónganse de acuerdo de una maldita vez y dejen de mirar solo por el interés de su partido o el de sus votantes. Igual el día 12 toca implorar a la Virgen del Pilar para que obre el milagro después de tantos meses de vergüenza política por parte de todos lo que dicen representarnos. Ahora más que nunca la clase política sí que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias.


lunes, 4 de julio de 2016

Una semana después

Que se acabe el mundo si de estas nos dirigimos a unas terceras elecciones generales. Llevamos bastante más de medio año con un gobierno en funciones y nadie puede asegurar aún que no tardando muchas semanas España vaya a contar con un ejecutivo que pueda hacer frente a los problemas y los desafíos de nuestro país. Así de claro.

Atrás ha quedado ya la jornada electoral del 26 de junio y una campaña semilight que ha resultado ser una continuación de la precampaña, la campaña y la postcampaña precedentes. Si es que, ¿cuando hemos dejado de estar de elecciones?


Los partidos políticos y todo el arco parlamentario deben ponerse las pilas para tratar de sacar al país de su "día de la marmota" particular, anteponiendo los intereses generales y tratando de llegar a consensos que nos beneficien a todos. Ya sé que es mucho pedir, pero si no se abandonan los frentes (las izquierdas, las derechas...) se antoja una misión imposible. ¿Qué explicaciones nos van a dar los políticos el día que deban convocarse las terceras elecciones en menos de una año? ¿Cómo van a justificar que no han sido capaces siquiera de sentarse a la mesa? No quiero ponerme en plan negativo, pero la posibilidad está ahí y no es en absoluto desechable a día de hoy.

Los resultados del 26 de junio han sorprendido a la mayoría de los españoles. Son numerosas las preguntas que nos podemos hacer al respecto, tratando de buscar culpables o de explicar el éxito del Partido Popular, intentando adivinar por dónde pueden ir los tiros de la confección de un gobierno, los apoyos de unos o los vetos de otros. El tiempo pasa muy deprisa y tras una semana de aquello no hay ninguna novedad al respecto. Pero las tendrá que haber y más pronto que tarde, no hay otra opción.

Visto que el pacto al que llegaron PSOE y Ciudadanos a comienzos de año no ha sentado bien -electoralmente hablando- a ninguno de los dos, cosa que ya se sabía que podía suceder, las miras estaban puestas en el fortalecimiento del Partido Popular y un destacado avance de Podemos (ahora Unidos Podemos), osease, el famoso, manido y muy cansino sorpasso. Pero en las huestes de Pablo Iglesias la cosa no ha ido en absoluto como esperaban tras su confluencia con Izquierda Unida.

Si damos por hecho que el asunto del fraude electoral es un farol podemita por sus malos resultados después de unas muy esperanzadoras encuestas, sus dirigentes deberían reflexionar sobre lo que el partido morado quiere ser en el panorama político nacional. Su confluencia con fuerzas soberanistas, su alianza con un partido tan trasnochado como IU, la renuncia a su transversalidad o los vaivenes de su líder (un día autoproclamándose socialdemócrata, otro día comunista; a ratos arrogante, a ratos simpático y aperturista) son aspectos que han podido llevar a que una parte de sus potenciales votantes no haya querido ir a las urnas o directamente haya cambiado el sentido de su voto. Porque el "pacto de los botellines" no ha supuesto la aglutinación de las fuerzas descontentas de izquierda. Ni siquiera el buzoneo de propaganda electoral la misma tarde del último día de campaña ha servido para convencer a los indecisos de que el partido de Iglesias y Errejón puede ser garantía de un cambio a mejor y de que este partido está limpio de cualquier tipo de sospecha. La gente no ha acabado del todo convencida con esta opción que, dicho sea de paso, tiene el logro de haber llegado al decadente panorama político nacional con una fuerza arrolladora e inusitada estos tres últimos años.

Respecto al Partido Popular resulta curioso que la concatenación asombrosa de casos de corrupción no haya hecho mella en las opciones de la agrupación de la gaviota. Más votos y más escaños, así de simple. Y sin despeinarse ni saltar a la arena. Con un sistema de proporcionalidades que le beneficia, el PP se ha erigido con diferencia en la opción preferente de gobierno para buena parte de los españoles. Que todos los días sean protagonistas en los medios de comunicación los casos de corrupción de representantes del Partido Popular ya ha dejado de sorprendernos y puede que esto solo sea la punta del iceberg, pero habría que preguntarse qué es lo que ha llevado a que a última hora muchos hayan decidido votarles. No es un cheque en blanco, pero si ahora mismo hay alguien legitimado para formar un nuevo gobierno ese es Mariano Rajoy, nos guste más o nos guste menos. El hecho de que no vaya a tener mayoría absoluta va a permitir el control de su gestión y eso será siempre una muy grata noticia.

Y una última reflexión que hago. Los medios de comunicación están sirviendo como canalizadores de corrientes ideológicas. La independencia de los medios de comunicación españoles está bajo mínimos, pero están jugando su papel en el panorama sociopolítico actual. Si los medios  más críticos con el gobierno (léase la Cadena SER, laSexta o el Diario Público, por poner solo unos ejemplos) cada día están poniendo la lupa sobre la corrupción del Partido Popular, reincidiendo en la desvergüenza de quienes dicen representarnos durante estos años de crisis pero por contra, y tal como se vio el día 26, la gente sigue votando las opciones tradicionales, puede ser que sus campañas periodísticas no sean tan efectivas como esperaban. Cuando uno reincide con mucha asiduidad en lo mismo pierde eficacia en su mensaje y esto es lo que ha estado pasando con estos medios. Para los votantes de Podemos lo que se dice en ellos es la verdad, sin matices, los demás son los que ocultan la realidad, pero para los votantes afines al Partido Popular que igual puedan cuestionar a su partido, ese mensaje de denuncia acaba por no calar al estar estos medios excesivamente ideologizados (el votante medio del PP dirá: "eso lo dicen porque son medios de comunicación de izquierda, por lo tanto no me los creo"). Si no, no hay manera de entender que con la gran losa que es la corrupción para el PP, éste continúe liderando la intención de voto en nuestro país. ¿Nos estamos olvidando de la corrupción o es que las alternativas no son lo suficientemente atractivas para los españoles? ¿Por qué los partidos de la oposición no han podido aprovechar esta tesitura durante los últimos cuatro años para atraer al votante? ¿O es que solo hay manera de enterarse de los tejemanejes políticos a través de la prensa (politizada, claro) porque la Justicia siempre va a rebufo? En cualquier caso, debería todo eso hacernos reflexionar.