lunes, 4 de julio de 2016

Una semana después

Que se acabe el mundo si de estas nos dirigimos a unas terceras elecciones generales. Llevamos bastante más de medio año con un gobierno en funciones y nadie puede asegurar aún que no tardando muchas semanas España vaya a contar con un ejecutivo que pueda hacer frente a los problemas y los desafíos de nuestro país. Así de claro.

Atrás ha quedado ya la jornada electoral del 26 de junio y una campaña semilight que ha resultado ser una continuación de la precampaña, la campaña y la postcampaña precedentes. Si es que, ¿cuando hemos dejado de estar de elecciones?


Los partidos políticos y todo el arco parlamentario deben ponerse las pilas para tratar de sacar al país de su "día de la marmota" particular, anteponiendo los intereses generales y tratando de llegar a consensos que nos beneficien a todos. Ya sé que es mucho pedir, pero si no se abandonan los frentes (las izquierdas, las derechas...) se antoja una misión imposible. ¿Qué explicaciones nos van a dar los políticos el día que deban convocarse las terceras elecciones en menos de una año? ¿Cómo van a justificar que no han sido capaces siquiera de sentarse a la mesa? No quiero ponerme en plan negativo, pero la posibilidad está ahí y no es en absoluto desechable a día de hoy.

Los resultados del 26 de junio han sorprendido a la mayoría de los españoles. Son numerosas las preguntas que nos podemos hacer al respecto, tratando de buscar culpables o de explicar el éxito del Partido Popular, intentando adivinar por dónde pueden ir los tiros de la confección de un gobierno, los apoyos de unos o los vetos de otros. El tiempo pasa muy deprisa y tras una semana de aquello no hay ninguna novedad al respecto. Pero las tendrá que haber y más pronto que tarde, no hay otra opción.

Visto que el pacto al que llegaron PSOE y Ciudadanos a comienzos de año no ha sentado bien -electoralmente hablando- a ninguno de los dos, cosa que ya se sabía que podía suceder, las miras estaban puestas en el fortalecimiento del Partido Popular y un destacado avance de Podemos (ahora Unidos Podemos), osease, el famoso, manido y muy cansino sorpasso. Pero en las huestes de Pablo Iglesias la cosa no ha ido en absoluto como esperaban tras su confluencia con Izquierda Unida.

Si damos por hecho que el asunto del fraude electoral es un farol podemita por sus malos resultados después de unas muy esperanzadoras encuestas, sus dirigentes deberían reflexionar sobre lo que el partido morado quiere ser en el panorama político nacional. Su confluencia con fuerzas soberanistas, su alianza con un partido tan trasnochado como IU, la renuncia a su transversalidad o los vaivenes de su líder (un día autoproclamándose socialdemócrata, otro día comunista; a ratos arrogante, a ratos simpático y aperturista) son aspectos que han podido llevar a que una parte de sus potenciales votantes no haya querido ir a las urnas o directamente haya cambiado el sentido de su voto. Porque el "pacto de los botellines" no ha supuesto la aglutinación de las fuerzas descontentas de izquierda. Ni siquiera el buzoneo de propaganda electoral la misma tarde del último día de campaña ha servido para convencer a los indecisos de que el partido de Iglesias y Errejón puede ser garantía de un cambio a mejor y de que este partido está limpio de cualquier tipo de sospecha. La gente no ha acabado del todo convencida con esta opción que, dicho sea de paso, tiene el logro de haber llegado al decadente panorama político nacional con una fuerza arrolladora e inusitada estos tres últimos años.

Respecto al Partido Popular resulta curioso que la concatenación asombrosa de casos de corrupción no haya hecho mella en las opciones de la agrupación de la gaviota. Más votos y más escaños, así de simple. Y sin despeinarse ni saltar a la arena. Con un sistema de proporcionalidades que le beneficia, el PP se ha erigido con diferencia en la opción preferente de gobierno para buena parte de los españoles. Que todos los días sean protagonistas en los medios de comunicación los casos de corrupción de representantes del Partido Popular ya ha dejado de sorprendernos y puede que esto solo sea la punta del iceberg, pero habría que preguntarse qué es lo que ha llevado a que a última hora muchos hayan decidido votarles. No es un cheque en blanco, pero si ahora mismo hay alguien legitimado para formar un nuevo gobierno ese es Mariano Rajoy, nos guste más o nos guste menos. El hecho de que no vaya a tener mayoría absoluta va a permitir el control de su gestión y eso será siempre una muy grata noticia.

Y una última reflexión que hago. Los medios de comunicación están sirviendo como canalizadores de corrientes ideológicas. La independencia de los medios de comunicación españoles está bajo mínimos, pero están jugando su papel en el panorama sociopolítico actual. Si los medios  más críticos con el gobierno (léase la Cadena SER, laSexta o el Diario Público, por poner solo unos ejemplos) cada día están poniendo la lupa sobre la corrupción del Partido Popular, reincidiendo en la desvergüenza de quienes dicen representarnos durante estos años de crisis pero por contra, y tal como se vio el día 26, la gente sigue votando las opciones tradicionales, puede ser que sus campañas periodísticas no sean tan efectivas como esperaban. Cuando uno reincide con mucha asiduidad en lo mismo pierde eficacia en su mensaje y esto es lo que ha estado pasando con estos medios. Para los votantes de Podemos lo que se dice en ellos es la verdad, sin matices, los demás son los que ocultan la realidad, pero para los votantes afines al Partido Popular que igual puedan cuestionar a su partido, ese mensaje de denuncia acaba por no calar al estar estos medios excesivamente ideologizados (el votante medio del PP dirá: "eso lo dicen porque son medios de comunicación de izquierda, por lo tanto no me los creo"). Si no, no hay manera de entender que con la gran losa que es la corrupción para el PP, éste continúe liderando la intención de voto en nuestro país. ¿Nos estamos olvidando de la corrupción o es que las alternativas no son lo suficientemente atractivas para los españoles? ¿Por qué los partidos de la oposición no han podido aprovechar esta tesitura durante los últimos cuatro años para atraer al votante? ¿O es que solo hay manera de enterarse de los tejemanejes políticos a través de la prensa (politizada, claro) porque la Justicia siempre va a rebufo? En cualquier caso, debería todo eso hacernos reflexionar.




martes, 10 de mayo de 2016

Casilla de salida


El 26 de junio tenemos una cita. Una cita a la que me atrevo a asegurar muchos españoles no acudirán. Vacaciones escolares, el disfrute del incipiente verano, exámenes de oposición y demás "excusas" no podrán ocultar la sensación de que los votos recopilados el pasado 20 de diciembre no han servido absolutamente para nada. Ésa es la sensación general que marcará ese domingo y la razón principal de la muy escasa asistencia a las urnas. El 26 de junio será una segunda vuelta o la repetición de unas elecciones, me da lo mismo cómo la llamemos, pero sin miedo a equivocarme diría que es un fracaso en toda regla de la política nacional. Cuatro meses que no han servido más que para demostrar que cuando no queremos es imposible acabar por entendernos en este país.

Todos los partidos políticos son en mayor o menor medida responsables de la situación a la que hemos llegado. Igual nadie preveía que había que ceder en los programas electorales de cada partido para poder entenderse, que una mayoría simple no es garantía suficiente para poder formar gobierno (para el caso del PP) o que la política debe hacerse desde la humildad y no desde el espectáculo (para el caso de Pablo Iglesias). Total, que han sido cuatro meses donde los reproches, los grandes titulares, el triunfo de los egos y los giros de timón han acabado por llevarnos a un callejón sin salida. Como si de un parchís se tratara, volvemos a la casilla de salida como si nada de lo anterior hubiera existido.

De acuerdo en que de aquí a entonces vamos a tener que sufrir otra campaña electoral agotadora para el ciudadano y para los bolsillos, llena de reproches y acusaciones cada día y en cada momento. Pero entre el sopor y el hastío no debería el elector dejar en el olvido que estos últimos meses han sido tiempo suficiente para hacer verdadera política y de que en esa labor ardua pero de triste final algunos más que otros han actuado con algo más de responsabilidad. Tras el paso atrás del presidente Rajoy (que es capaz de anteponer un partidillo de fútbol a sus responsabilidades institucionales, con eso lo digo todo...) la labor de intentar formar gobierno recayó en Pedro Sánchez, que para asombro de casi todos trató de tejer alianzas y lanzar un pulso a parte de su propio partido y a Podemos, que osaba apoderarse del control de las izquierdas. No ha sido poco loable el empeño de Pedro Sánchez por hacer entenderse. A ese empeño se unió desde el inicio la formación de Albert Rivera, convirtiéndose en la piedra de molino sobre la que ha girado buena parte de las opciones de gobierno a lo largo de estos meses. Ambos partidos, PSOE y Ciudadanos, parecieron haber entendido el mandato de las urnas. Todo lo contrario que el PP, atrincherado en su idea de que por ser el partido más votado era el único legitimado para poder gobernar, acusando además al resto de partidos de querer intentarlo, mofándose de la capacidad de diálogo de otras fuerzas y tirando balones fuera cada vez que saltaba a la actualidad informativa un nuevo y ya enésimo caso de corrupción. Y encima parece ser que esa estrategia de quedarse quieto y parao le va a salir redonda al oscuro inquilino de la Moncloa; verlo para creerlo...

Quizás Pedro Sánchez haya pagado como ninguno las consecuencias de una campaña electoral donde se dijeron cosas muy duras y se utilizó un lenguaje demasiado agresivo. Porque si algo ha venido demostrándose es que todos somos esclavos de nuestras palabras y a la hora de la verdad esas se las lleva el viento, sobretodo si eres un político. Y su cerrazón a llegar a acuerdos con el PP ha sido definitiva cuando la vereda en el otro costado ha acabado por desaparecer entre la espesa maleza.

¿Y qué panorama nos espera ahora? Desde luego que los políticos que nos han llevado a la repetición de elecciones deberían de tener más cuidado con lo que dicen y con lo que prometen. Una polarización de los votos en torno al PP y a Podemos (o como quiera llamarse tras su alianza con Izquierda Unida, puro y duro matrimonio de conveniencia basado únicamente en números y teoremas matemáticos) creo que sería muy negativa para España. Sería hablar aún más de términos como revancha, herencia del pasado, y de una "guerra fría" entre izquierdas y derechas sin fin. España necesita un buen lavado de cara y varias operaciones de cirugía estética, algunas más profundas que otras. Pero veo muy peligroso cuestionarnos continuamente si queremos seguir siendo españoles o ciudadanos de la Luna, republicanos o monárquicos o si todo lo logrado desde 1975 ha sido pan comido o un desacierto absoluto. Todo, comenzando por los grandes asuntos de Estado, necesita una reflexión sosegada y sincera, sin histrionismos ni espectáculos luminosos de cara al espectador. España necesita políticos coherentes y con visión de Estado, que hagan más que dicen y no conviertan este tinglado en un show de televisión. No sé si una imposible alianza PSOE-Ciudadanos-PP hubiera fracasado o bien hubiera posibilitado alguna de las cosas de las que estoy hablando, pero un frente común entre Podemos, UP, las mareas y el PSOE hubiera supuesto a este último partido su enclaustramiento en un proyecto secuestrado por poderes divergentes y por la concepción de un Estado asimétrico de nula identificación nacional. Porque no todo es programa social o la asunción de derechos y libertades... En POLÍTICA hay muchos más palos que tocar, afortunadamente.

Quizás haya habido demasiadas lineas rojas y demasiadas trincheras en torno a palabras como "izquierda" y "derecha", etiquetas que deberíamos pensar en reciclar ya de una vez. A nuestros representantes se les ha visto demasiado el plumero todos estos meses. La prueba de fuego de la madurez del sistema político no ha sido satisfactoria ante el pesimismo creciente de los españoles porque cuando parecía que nuevas caras iban a poder modificar las reglas del juego hemos visto que nada de eso se está produciendo. Al menos esa es la percepción que yo tengo. Y me temo que la solución a nuestros numerosos problemas va para largo ante un panorama político y social muy fragmentado y cada vez, desafortunadamente, más polarizado en sus extremos. Las Dos Españas siguen más vivas que nunca y el tiempo, ese factor que se ha tirado a la basura de manera tan indecente e irresponsable, será el encargado de demostrar si estoy en lo cierto.

sábado, 27 de febrero de 2016

Los Oscar 2016: predicciones



Mañana se celebra un año más la gala de entrega de premios Oscar y mientras unas categorías parecen ya totalmente cerradas a la sorpresa otras siguen muy abiertas. De cualquier modo, y aparte de todo su glamour, su falso sentido del estilo y ese halo de magnetismo que rodea al evento, no es ninguna mentira decir que no se premia el mejor cine sino el cine que más apoyo económico recibe por parte de los grandes estudios de Hollywood. Ahora bien, y siendo realistas, los Oscar también dejan su respectiva cuota de representatividad a producciones más pequeñas e incluso a algunas llegadas de otras partes del mundo. Pese a todo su tradicionalismo, es cierto que los académicos parecen amoldarse poco a poco a los nuevos tiempos con la incursión de un cine más comercial ("Mad Max" este año) o premiando a películas de perfil más alternativo (como "Slumdog millionaire" o "En tierra hostil"). Lejos quedaron ya aquellos años en los que historias muy clásicas y tan grandes como la vida misma se atiborraban a premios. Ya no es así.

A continuación voy a analizar someramente las principales categoría de esta edición 2016 y exponer mis predicciones (en rojo, los ganadores).


Spotlight

MEJOR PELÍCULA:
 - Spotlight
 - El puente de los espías
 - La habitación
 - Brooklyn
 - Marte
 - El renacido
 - Mad Max: Furia en la carretera
 - La gran apuesta
Es curiosa la variedad de películas de este año, desde productos de amplio espectro popular hasta un cine más pequeño pasando por el cine periodístico, ya un subgénero en sí mismo. Se echa en falta "Carol", con suficiente potencial y calidad como para haber acabado dentro del grupo de nominadas. Ante la falta de una favorita clara tiraré por la más evidente en vistas a que ya ganó en los Globos de Oro y los BAFTA, "El renacido", siendo la alternativa "Spotlight", que parece haber llegado con flato al final de la carrera de premios.

MEJOR DIRECCIÓN:
 - Alejandro G. Iñárritu, por "El renacido"
 - Adam McKay, por "La gran apuesta"
 - George Miller, por "Mad Max: Furia en la carretera"
 - Lenny Abrahamson, por "La habitación"
 - Thomas McCarthy, por "Spotlight"
Ante la tesitura de volver a premiar al director mexicano (lo ganó el año pasado) me arriesgo y con serias dudas apuesto por el director australiano, creador de la saga que en su día protagonizó Mel Gibson. Su mérito reside en reformular una saga que parecía finiquitada dando el protagonismo a una mujer fuerte y luchadora como la que encarna Charlize Theron. Pudiera ser el premio de reconocimiento a una película-acontecimiento muy taquillera y además triunfadora como ninguna otra entre la crítica más selecta, aunque a un servidor no le gustara mucho...

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA:
 - Matt Damon, por "Marte"
 - Leonardo DiCaprio, por "El renacido"
 - Michael Fassbender, por "Steve Jobs"
 - Eddie Redmayne, por "La chica danesa"
 - Bryan Cranston, por "Trumbo"

Seguramente no estemos ante un año muy potente en esta categoría. Con el paso de las semanas el favoritismo de DiCaprio se ha convertido en indiscutible, un oscar cantado y la verdad es que el bueno de Leo ya lo estaba mereciendo. No hay un actor que se haya rodeado nunca de tan buenos y renombrados directores, tiene una carrera envidiable, pero lo que es la estatuílla dorada se le estaba resistiendo desde hace bastantes años. Y esta es su oportunidad ante la falta de un rival claro. Para Fassbender otro años será y al paso que va acabará llegando esa ansiada oportunidad.

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA:
 - Brie Larson, por "La habitación"
 - Cate Blanchett. por "Carol"
 - Jennifer Lawrence, por "Joy"
 - Charlotte Rampling, por "45 años"
 - Saoirse Ronan, por "Brooklyn"
En otras ediciones escaseaban los buenos papeles femeninos, pues muchas películas solo contaban con protagonistas masculinos. Teniendo en cuenta que papeles protagónicos como los que interpretan Vikander y Mara han acabado compitiendo en categoría de Secundaria, podemos afirmar que este año ha sido muy fuerte en cuanto a un cierto "cine femenino". Aún así, la favorita es una muy poco conocida actriz en su primera nominación a estos premios. No hay duda de que Brie Larson es la sucesora de Julianne Moore en este galardón; todo lo demás sería sorprendente.

MEJOR ACTOR SECUNDARIO:
 - Mark Rylance, por "El puente de los espías"
 - Sylvester Stallone, por "Creed: la leyenda de Rocky"
 - Mark Ruffalo, por "Spotlight"
 - Christian Bale, por "La gran apuesta"
 - Tom Hardy, por "El renacido"
Muy pocos creerían hasta hace solo unos meses que un ya senil Stallone iba a ganar un oscar, después de una carrera con dos personajes de leyenda pero muchos truños también a sus espaldas. Nunca se le ha considerado siquiera un actor decente, aunque al menos como Rocky ha sabido sacar su vena más actoral. En "Creed", una especie de reinvención de la saga que le lanzó a la fama, interpreta parece que con mucho acierto a Rocky al final de su vida. Un papel que le ha puesto en la órbita de los oscar décadas después de postular como actor y guionista de la primera y sorprendente entrega. Únicamente la resistencia de los académicos a premiar a  un actor tan discutido puede hacer que no suba a recoger el premio, y la posibilidad existe y está personificada casi al cien por cien en la figura del teatral actor británico Mark Rylance, ganador del BAFTA por esta película.

Alicia Vikander, espectacular


MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA:
 - Rooney Mara, por "Carol"
 - Jennifer Jason Leigh, por "Los odiosos ocho"
 - Alicia Vikander, por "La chica danesa"
 - Kate Winslet, por "Steve Jobs"
 - Rachel McAdams, por "Spotlight"
Como ya señalé, Vikander y Mara realmente son protagonistas en sus respectivas películas. Factor éste de importancia para que al final la actriz de "La chica danesa" o la magnífica "Un asunto real" se lleve el gato al agua. Ha sido el año de explosión de la actriz nórdica, aunque no le falten competidoras como una impresionante Rooney Mara o una Kate Winslet que vuelve al radar de estos premios tras ganar en 2009 por "El lector". Y ojo con Winslet que ya consiguió el Globo de Oro y el BAFTA por este papel.







MEJOR GUIÓN ORIGINAL:
 - "Spotlight"
 - "Del revés"
 - "El puente de los espías"
 - "Straight Outta Compton"
 - "Ex Machina"
El film sobre la investigación periodística de los delitos cometidos por sacerdotes católicos en Boston parece el mejor posicionado para llevarse este premio. Una película muy bien valorada por la crítica y donde además de su extenso reparto se destaca mucho el interés de la historia que cuenta. Quizás el premio de consolación para una película que ha llegado con la lengua fuera después de su exitoso paso por los mejores festivales del mundo. La única alternativa que veo sería la nueva y celebrada película de la factoría Pixar.


MEJOR GUIÓN ADAPTADO:
 - "La gran apuesta"
 - "La habitación"
 - "Carol"
 - "Marte"
Ennio Morricone en pleno concierto
 - "Brooklyn"
Ante la ausencia del guión de Tarantino para "Los odiosos ocho" parece una categoría algo abierta entre varias opciones. A destacar el guión de la última película de Todd Haynes, pero ante la infravalorización de esta cinta en las nominaciones mi apuesta va para "La gran apuesta", y valga la redundancia; aunque me temo que esté apostando a caballo ganador.


MEJOR BANDA SONORA:
 - "El puente de los espías", de Thomas Newman
 - "Carol", de Carter Burwell
 - "Sicario", de Jóhann Jóhansson
 - "Star Wars: El despertar de la fuerza", de John Williams
 - "Los odiosos ocho", de Ennio Morricone
La siempre polémica categoría de Música Original trae dos clásicos (bueno tres, si metemos en el mismo saco al multinominado también Thomas Newman). En cualquier caso todos los planetas se ha alineado para que este año sea el del oscar de Morricone (ya tiene uno honorífico, paradójicamente). Por una partitura muy menor el compositor de obras como "Érase una vez en América", "La misión" o "Cinema Paradiso" se va a llegar la estatuilla a su casa ante un auditorio rendido a su talento. Debía haberlo ganado por uno de sus más icónicos trabajos, pero así son estos discutidos premios...


lunes, 8 de febrero de 2016

Va por ti, papá

Nunca voy a olvidar las últimas Navidades. Unas fiestas, se considera, para estar en familia, unos días especiales donde se atiborra uno a comida, a turrones y a polvorones y donde felicitas las fiestas incluso a gente que apenas conoces o a quienes no acostumbras a saludar el resto del año. Así son esos días. El espíritu humano sufre una pequeña y forzada transformación de la que todos en cierta medida somos partícipes.

Pero pocas Navidades he tenido yo en esta ocasión. Se han multiplicado los viajes a casa y los momentos de estar contigo en el hospital, papá. Muchos ratos de estar pendiente del teléfono, de los horarios de las comidas, de las visitas del doctor, y siempre con el ánimo positivo de que todo iba a salir bien, de que aunque con paciencia iban a acabar dándote el alta. Pero no pudimos hacer nada por ti. Hubo algo que se complicó en exceso y ya no hubo vuelta atrás.

Quien hubiera dicho, sobre todo a pocos días de ingresar en el hospital, que nunca más ibas a salir de aquella pequeña habitación. Aunque el susto latente y el respeto que da un lugar como aquel no nos bajó la moral en exceso, estábamos preocupados por ti. Nunca nos habíamos visto en una igual y sabíamos que algo no estaba bien en tu cabeza desde hacía no mucho, papá, pero seguías siendo el mismo, con tu sentido del humor, tus reproches y sobretodo tu fortaleza. Los tres sabemos que pasaste por un gran calvario de situaciones y que nunca te viniste abajo aunque cada día fuera un capítulo distinto de un largo serial televisivo; y no solo eso, sino que ibas superando esos contratiempos poco a poco, con el paso de los días,  mentalizado de que a tu edad las cosas de la salud son más complejas y requieren tiempo.

Creo que nunca he hablado contigo tan largamente como aquellos días en la 121. Me comentabas que habías vendido las viñas, tu divertimento -y estabas extraordinariamente contento por ello-, me hablabas con dulce recuerdo de tus años en Michelin -especialmente los primeros años cuando aquellos franceses tan amables coincidieron contigo en Aranda y luego en Vitoria-, de lo que disfrutabas esos paseos mañaneros hasta la ermita de San Pedro, de tu super-mini-radio que te llevabas a caminar todos los días... En todo demostrabas estar en paz contigo mismo y con los demás; ¿qué sentido tenía refunfuñarse ahora? También me dabas consejos, como que tratara de vender mi plaza de garaje o que tirara cosas que tenía por casa para no almacenar enseres que no utilizo. Y recuerdo también que me dijiste que en el fondo no te gustaba Candás (ahora me acuerdo mucho de ese detalle).

Pero poco después y de repente dejaste de ser tú mismo aquella tarde del 4 de enero. Ahí ya empezamos a perderte. No nos hacías caso y te enrocabas en doblar y doblar y volver a doblar toallas y sábanas pero siempre con esa cara de niño bueno que es enteramente feliz al usar su juguete favorito. Tampoco te apetecía comer, y eso sí que nos preocupaba ya demasiado. Estabas desistiendo de vivir. Nunca hubiéramos imaginado que aquella cama al lado de la ventana de la persiana rota era tu destino final, el de tu último aliento. Pero al menos tuviste el bonito detalle, papá,  de decirme adiós diez minutos antes de que comenzara el día de mi cumpleaños.

Es paradójica la vida. Hacía precisamente 38 años que yo había venido a este mundo a pocos metros de esa cama tuya y ese mismo día te ibas de él sin hacer ruido, sin espasmos, de manera suave y hasta sencilla. Y allí estábamos mamá y yo para estar contigo en ese momento porque siempre estuvimos pendiente de ti, dándote nuestro cariño y nuestro apoyo pese a que ya no nos reconocieras ni comprendieras lo que te decíamos. Pero siempre pensé que en el fondo me escuchabas e incluso pude expresarte literalmente y aunque fuera por una vez en la vida que te quería. Me quedo con eso.

La jornada siguiente la pasé tranquilo, aliviado, porque sabíamos que ese día negro iba a llegar. Toda la familia ha sido un ejemplo de aprecio y cariño hacia ti y hacia nosotros desde que ingresaste. Ni una mínima queja, solo agradecimientos eternos. Ha sido duro este proceso pero tratamos de superarlo, papá. Tu espíritu queda entre nosotros y en los lugares que más disfrutabas: el monte, la casa del pueblo, nuestro barrio... Ahora estamos aprendiendo a vivir sin ti, pero teniéndote presente y sintiéndote cerca. Nadie ha dicho que vaya a ser fácil, en especial para mamá. Y aunque nunca tuve contigo una gran conexión y a veces discutíamos por diversos asuntos, entendiste muy bien que me fuera de casa a vivir mi vida, me ayudaste sin dudarlo cuando compré mi piso y con el tiempo supiste renunciar a lo que querías que yo fuera dejando paso a lo que yo quería ser. Y estoy completamente seguro de que sentiste mi afecto y mi amor aquellos días tan complicados para todos.

Es el momento de afrontar tu pérdida con positividad. Tu final fue el menos malo porque podía haber sido mucho peor por el sufrimiento que hubiera ocasionado para todos, alargando un letargo inexplicable. No querríamos haberte visto así ni a ti te hubiera gustado acabar de aquella manera. Cada vez que paso junto al hospital me fijo en aquella ventana tuya y no puedo remediar pensar que la vida es muy injusta con demasiada frecuencia. Tú ya no volviste a salir de allí. Pero es hora de valorar lo importante que has sido en nuestras vidas y de que pese a lo mucho que te vamos a extrañar es momento de seguir con fuerza hacia adelante porque eso es  lo que a ti te hubiera gustado. Como decía el personaje de C.S.Lewis (Anthony Hopkins) en la muy británica Tierras de penumbra  "El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces. Ese es el trato". Y estamos dispuestos mamá, David y yo a que sigas estando orgulloso de lo que somos allá donde te encuentres. Papá, TE RECORDAREMOS SIEMPRE.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Tambores de guerra


Ni de Francia, ni de Mali, ni de Túnez (cuando yo iba a EGB se llamaba Tunicia)... Con la bandera de ninguno de estos países teñí la foto de mi perfil de Facebook estos últimos días. No hizo falta, porque creo que todos en nuestro sano juicio nos escandalizamos ante la ola de salvajismo terrorista que nos acecha de manera global.

El terrorismo internacional es la mayor amenaza con la que ha hecho acto de presencia este nuevo milenio. Desde los atentados de Nueva York en 2001, pasando por el de los trenes de Madrid en 2004 o Londres al año siguiente, hasta desembocar por supuesto en París este mes de noviembre. Sé que no son los únicos y sí los más mediáticos, sobretodo porque nos pillan más cerca, pero convendría no olvidar que hay muchos países en otras latitudes del globo que conviven en su día a día con este nuevo mal, carcomiendo su cultura y su constreñido régimen de libertades desde hace ya muchos años. 

Algo hemos hecho mal los países desarrollados para que la mayoría de las naciones de Oriente Medio y del norte-centro de África se hayan convertido en terrenos irrespirables. Los sonrojantes motivos no justifican de ninguna manera la masacre de París, pero deben hacernos reflexionar por qué hemos llegado a este punto de amenaza a nuestras instituciones y a nuestras libertades. Tenemos que pensar qué intereses económicos han podido alimentar desde hace tiempo este tipo de embriones de fanatismo debido al empobrecimiento y el abandono de muchas naciones como moneda de cambio a intereses que son del todo partidistas y lucrativos. 

Miedo, terror, pánico social. Son solo algunos de las diversos sentimientos con los que estos días deben convivir los parisinos o los ciudadanos de Bruselas y sus turistas. Todos sabemos que no es justo, pero si hay algo que ha ido inflándose poco a poco ha acabado por explotar en nuestras propias manos y en nuestra propia casa. Me gustaría saber qué lleva a un inmigrante de origen musulmán de segunda o tercera generación a radicalizarse y viajar a Siria o Iraq, a abrazar postulados totalitaristas y a ser capaz de poner punto final a su vida a través de un chaleco-bomba, sesgando de manera cruel la vida de muchísima población inocente. ¿Tan poco vale la vida para esta gente? ¿Tan abandonada por su sociedad puede sentirse una persona para dejarlo todo por una mentira que no le va a llevar al Paraíso? Todo esto de lo que hablo me dirige al sistema educativo, que igual no ha sido lo suficiente atento e integrador como para poder evitar situaciones que se repiten a día de hoy por casi toda Europa. Y, siendo justos, no me queda otra que pensar que este ambiente de paranoia con el que empezamos a convivir en Europa es lo que esta gente joven, intolerante e irracional está buscando a través de su mal llamada Guerra Santa. Quieren que estemos desesperados.

Y ahora, ¿qué solución cabe? ¿Hay que bombardear el Estado Islámico? Desde luego que las posibles medidas de intervención militar deberían ir acompañadas de otra serie de medidas que no podemos dejar en el tintero de ninguna de las maneras, toda vez que es imposible el diálogo con facciones tan diversas y escurridizas que no se atienen a ningún tipo de ley ni razón. La labor de los sociólogos, psicólogos y educadores, como decía, debe ser importante desde este momento en el Viejo Continente. Pero, ¿y la función que desempeñan  internet y las redes sociales? El mundo virtual de la red de redes no puede ser un ámbito opaco donde los grupúsculos mafiosos o ultrarreligiosos campen a sus anchas captando de manera sencilla a jóvenes desorientados en cualquier lugar del mundo. Si hay que poner coto se tendrá que hacer y creo que hasta ahora se ha mirado hacia otro lado. Por no hablar tampoco de su sistema de financiación y sus recursos petrolíferos, pues el Estado Islámico es capaz según parece de vender sus golosos recursos a aquellas naciones que considera enemigas. Entonces, ¿qué es lo que hemos estado haciendo mal?

Ignoro qué es lo idóneo en este momento. La nueva tecnología militar puede conllevar intervenciones militares de manera controlada. Pero la colaboración internacional se puede hacer desde muchos ámbitos configurando un amplio abanico de medidas. Debe ir parejo a lo que estoy contando: una reflexión sobre los errores que se han cometido hasta el día de hoy  y un compromiso firme y decidido de la coalición internacional con todos sus ciudadanos y con la erradicación de todo fanatismo de origen laico o religioso venga de donde venga.

No es momento de buscar culpables ahora sino de actuar y reflexionar a la vez. Cada día de titubeo es un día perdido. Pero de ninguna de las maneras podemos pensar que hay que "cerrar el grifo" a la inmigración y menos aún a la que procede de los países en guerra (los refugiados). Europa debe actuar unida ante una amenaza global que acecha sobre su ideario de democracia y libertad, sin segundas intenciones que valgan, con una sola voz. Y esa decisión es el único antídoto ante una amenaza que nos afecta a todos, seamos franceses, belgas, británicos o españoles. 

Y, por cierto, un pequeño apunte. Aún debemos aprender bastante los españoles de una sociedad como la francesa. Se me antoja bastante poco probable que el ejemplo de unidad e identidad que los franceses están demostrando al mundo se hubiera dado de la misma manera a este lado de los Pirineos en una situación similar. Quien quiera pensar, que piense. Yo ahí lo dejo.

domingo, 9 de agosto de 2015

Gracias por la música

















Viena, viernes 4 de octubre de 2013. La elegantísima capital centroeuropea luce sus mejores galas para rendir homenaje a una de las leyendas vivientes del mundanal Hollywood. No, no es un actor, tampoco es un director de prestigio; es simple y llanamente, pero con todos los honores y merecimientos, el compositor James Horner. Puede que a mucha gente su nombre no le suene de nada, pero a mí y a unos cuantos más vaya si nos suena, ¡¡¡y mucho!!!

Aquel concierto de Viena, en el marco incomparable de la centenaria Konzerthaus, puso en pié y en unánime aplauso a todo su repleto auditorio tras disfrutar de una gran velada de buena música en directo. Probablemente James Horner nunca hubiera llegado a saber sin aquel concierto-homenaje (el único concierto que efectuó en Europa) que su música había tocado tantos corazones. Pero pudo comprobarlo en primera persona y él no pudo reprimir las lágrimas.


Aquella fría noche de otoño fue casi el colofón a mi relación personal con James Horner, aunque después vinieron experiencias tan gratas como su extraordinaria banda sonora para "El último lobo" (2015), la última película con música suya estrenada en nuestro país. Antes, hubo muchos momentos de disfrute gracias a sus partituras sinfónicas y temáticas. Sin duda ninguna desde los años 80 James Horner ha demostrado ser un grande en su gremio, un profesional muy admirado, reconocido y reconocible, pero también algo denostado por determinados sectores de los aficionados a la música de cine. No es mi caso, a mí unas veces más otras veces menos la música de James Horner siempre me ha gustado y ha estado ahí para ambientar mi devenir vital desde aquel ya lejano 1998.


Fue él el responsable de que me aficionara un poquillo a este tipo de arte y que me fijara en la música cada vez que veía una película. Otros inmediatamente después también me influyeron (John Barry, Hans Zimmer, Basil Poledouris,...), pero Horner siempre estuvo ahí y si no ya estaba mi amigo Braulio para recordármelo cada semana y a la menor oportunidad. Recuerdo muy bien aquella primera audición en junio de 1998 en la habitación de su casa donde tras haber visto "Titanic" meses atrás sus melodías me parecían mágicas y maravillosas. Si me había gustado tanto la película buena parte de "culpa" la había tenido la imaginación desbordante de Horner para dar empaque a una historia que ha pasado a los anales del cine.

Tras el boom de "Titanic" llegaron muchas más a mis oídos: Cocoon, Braveheart, la colosal (aunque cualquier calificativo se queda corto) Leyendas de pasión, Willow, Enemigo a las puertas y un largo etcétera suministradas por mi amigo, un aficionado incondicional a su música desde que era un crío. Eso de haber puesto la voz y el corazón a personajes de la gran pantalla como William Wallace (Mel Gibson), John F. Nash (Russell Crowe), la teniente Ripley (Sigourney Weaver),  Rose Dawson (Kate Winslet) o Tristan Ludlow (Brad Pitt) muchos no pueden decirlo, pero es por ello que al común de los mortales la música de James Horner nos es tan familiar.


No voy a hacer un análisis de su música porque no es ahora mi propósito ni tampoco domino la terminología; tampoco pretendo hacer una síntesis al detalle de su carrera, no. Lo que sí queda claro es que tras sus dos proyectos póstumos ya no va a haber más música de James Horner. Justo cuando estaba en un momento bastante dinámico y creativo de su carrera, apartado casi completamente de los grandes estudios y haciendo lo que en verdad le apetecía, un desafortunado accidente de avioneta acababa con su vida en un paraje de su California natal. Su fallecimiento nos ha sorprendido a todos los que le hemos seguido todos estos años. Murió practicando uno de sus mayores placeres, volar, y la noticia corrió como la pólvora por las redes sociales y después por los medios de comunicación generalistas, que tan poco precisos son cuando hablan de la música de cine.


Quedarnos sólo con sus parabarás es una ofensa y no le hace justicia al ganador de 2 oscars, uno de los compositores más influyentes y reconocidos de los últimos treinta años. Porque la música de James Horner no sólo ha sido eso, música, sino verdadero amor por un oficio y una forma de sentir el séptimo arte. Uno de los últimos artesanos de esa disciplina ha dejado huérfanos a muchos aficionados que sentían sus melodías como algo propio porque muchos han crecido con el cine al que él supo poner música. Y en mi caso, y por la importancia que ha tenido en mi gustos cinematográficos desde aquel ya lejano 1998, no puedo más que lamentarlo. Un final injusto y sorprendente para una carrera que aún podía dar mucho de sí, pero afortunadamente quedarán para siempre los sentimientos que desprende su música cada vez que la oigamos estemos delante del ordenador o viendo una de sus películas en la televisión. Los sentimientos que desprende su música son  indelebles al paso del tiempo.


Muchas veces recuerdo la historia que relata Tierras de penumbra. Su preciosa banda sonora no es de Horner, sino del británico George Fenton, pero al caso nos da lo mismo porque no pretendo referirme a ella. Tenía mucha razón el personaje que interpreta Anthony Hopkins, aquel catedrático de universidad rígido y solitario,  al afirmar en ese último plano y en voz en off: "El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces. Ese es el trato". Así que gracias James por haber hecho a tantísima gente inmensamente feliz. Mereció la pena conocerte. ¡Buen viaje!


sábado, 11 de julio de 2015

Pitos y banderas

Problemático, muy convulso y caldeado se encuentra el escenario político. Recién salidos de unas elecciones locales y autonómicas que han dado un vuelco considerable al panorama político de la piel de toro y con la efeméride que supone el primer aniversario de la proclamación de Felipe VI como jefe del Estado, en las últimas semanas ha vuelto el rifirrafe a costa de la superbandera que adornaba la espalda de Pedro Sánchez en la presentación de su candidatura a los próximos comicios nacionales por el Partido Socialista. Dichosa bandera...

En otro orden de cosas, suele pasar. Cada vez que juega la final de Copa del Rey el F.C. Barcelona, o el Athletic de Bilbao, o ambos como en esta edición, vuelve la polémica. Durante días se habla de organizar una gran pitada en contra del himno español, y todo ello viene acompañado de las declaraciones de políticos del más amplio arco parlamentario. Los unos, justificando todo en aras de la libertad de expresión. Los otros, hablando de acto irresponsable y vergonzoso. Y lo que debería ser sólo UN PARTIDO DE FÚTBOL se convierte en un espectáculo que logra trascender a los medios de comunicación nacionales.

De acuerdo que el himno de nuestro país lo que se dice bonito no es (o no me lo parece, que para todo hay gustos), pero se trata sobre todo, y nos guste o no, de un emblema. Representa no a un gobierno ni a un determinado partido político, ni siquiera por supuesto a una corriente ideológica, sino que representa, o al menos así lo entiendo yo, a una nación y a toda una sociedad. Lo mismo que la figura del rey, que más allá de sus discrepancias tiene un gran valor simbólico. Por eso, la risilla picarona de Artur Mas es cuanto menos deleznable porque más allá de pertenecer a un partido político y ser el presidente de Cataluña es, y así lo dice la Constitución, representante del Estado (el español) en su comunidad autónoma. Todo, sí, muy contradictorio, como se ve.

El himno español no es una creación de Franco. Y la bandera tampoco lo es. Son símbolos que se remontan a siglos atrás en el tiempo y de los cuales no se ha hecho siempre un buen uso. Y no trato de rebatir ningún sentimiento a los pacíficos y no tan pacíficos asistentes a esa final que silbato en boca dedicaron una estruendosa pitada a Felipe VI y al himno, sino que el mayor reproche habría que centrarlo en la RFEF -organizadora del acto y que, pese a todo lo que se sabía ya, no hizo nada porque primara la tolerancia y el "juego limpio"- y en los diversos politicuchos que días antes trataron de justificar lo que iba a pasar en pos de la muy manida "libertad de expresión", auténtico totem que parece justificar cualquier cosa. Lo malo es que a veces esos mismos que portan con sumo entusiasmo esa misma bandera no son capaces de denunciar lo que sucede en determinados países y regiones donde eso mismo -la libertad en el más extenso sentido del término- es aún una quimera.

Los españoles nos queremos demasiado poco y, por supuesto, no nos respetamos. España es un país plural, variopinto, y si en la propia convivencia falta el respeto y la educación somos un país de mierda. Y se demostró aquel sábado con esa final. Porque fue sobre todo un gran problema de educación. Muchos no nos mostraríamos así ante la senyera o la ikurriña, ni tampoco ante los diversos himnos que sirven para representar a los distintos pueblos que configuran el país/el mundo. Y no estoy diciendo que hubiera que haber suspendido el partido (no me convence esta opción del todo), sino que fue un muy grave problema de educación, reitero. Porque si la libertad es una carta blanca entonces no hay leyes ni normas que valgan para gobernarnos. Confundir la libertad con el libertinaje es peligroso y en ocasiones tendemos a no diferenciar los dos términos, sobretodo en los tiempos que corren donde continuamente estamos cuestionando a quienes nos representan en las instituciones e incluso nuestra propia identidad como nación sin tratar de dar verdaderas soluciones meditadas al respecto.

Aquellos días se dijo que la gran pitada era una manifestación por la disconformidad del pueblo catalán ante un Estado que le vilipendia y no le escucha. Puede que en parte así sea, o puedo que no, pero oyendo estos argumentos me viene a la cabeza todas aquellas pequeñas localidades, comarcas o incluso provincias enteras que han visto con el paso del tiempo cómo la industria y los servicios pasaban de largo, dejando marchar a su gente en busca de un futuro mejor precisamente en aquellas regiones que aquel sábado trataron de mostrar de manera airada su ira ante una bandera y un jefe del Estado. ¿Acaso esos pueblos, comarcas y regiones tan abandonados tradicionalmente nunca han tenido razones para quejarse de la falta de sensibilidad de los diversos gobiernos?

Vivimos en un país cada vez más desequilibrado e injusto donde todo se debería poder hablar, pero con respeto por supuesto. Por eso este tipo de actos hablan muy mal de España como país al resto del mundo. No se da buena imagen, reconozcámoslo. Seguimos siendo un país muy peculiar con sus filias y sus fobias, pero mal haríamos si alimentamos la confrontación y la idea de las dos Españas, avivando rencores e intereses, siendo insolidarios. Y por eso sucesos como el de aquel día en Barcelona y otros muchos que con frecuencia son objeto de controversia en los medios de comunicación no hacen más que avisarnos de que hay cosas en nuestra sociedad que no funcionan. Porque en el fondo los políticos, la política en definitiva, son un decepcionante reflejo de nuestra realidad social como nación.




miércoles, 3 de junio de 2015

La letra editorial

"Cada uno cuenta la fiesta como le interesa", y esto no es una verdad a medias, es una verdad completa. Vivimos en un país (el resto del mundo no está libre del mismo mal) donde cada vez todo está más politizado y donde da la sensación de que la razón de uno es la razón única e indiscutible. Por eso toda la atmósfera política y social está enormemente viciada. Se está perdiendo altura de miras y coherencia en el discurso. Las cosas a veces no son blancas o negras y está claro que el cuarto poder, a parte de informar, está contribuyendo de manera constatable a generar corrientes ideológicas en quienes consumen ese tipo de información.

No quisiera centrarme en el caso de la televisión, que probablemente sea el más paradigmático, pero para un servidor encender la tele y ver un informativo o las ahora muy recurrentes "tertulias" políticas es acabar con la cabeza como un bombo. ¿A quien creemos? ¿Quienes nos están diciendo la verdad?

Resulta harto complicado hallar un medio de comunicación lo suficientemente independiente para hacer enteramente creíble lo que te cuenta. Estamos en la época de los grandes titulares y las cortinillas estridentes para dar bombo y platillo a lo que nos van a contar. ¿Y realmente eso es periodismo?

Antes de que nadie me ponga la etiqueta de empatizar con uno u otro partido que sepa que soy del que sea honesto, servicial al ciudadano y no aproveche las flaquezas ajenas para ganar réditos electorales. O sea, de ninguno que yo sepa. Pero el juego de medios de comunicación cansa por la parcialidad de los que lo integran, o al menos esa sensación tengo con excesiva frecuencia. Porque son medios pertenecientes a grupos editoriales afines a unas determinadas siglas políticas.

Escuchar cadenas como la COPE, la SER o canales de televisión como Intereconomía o LaSexta, por poner algunos ejemplos, es saber de antemano lo que te van a contar. Ellos saben lo que pide su audiencia y de ninguna de las maneras van a traicionar a su oyente/televidente. Otra cosa es que el propio consumidor de información haga el suficiente juicio de valor para discernir realidad de ficción, o más propiamente separar la verdad de la mentira. Aquí no hay verdades absolutas, hay verdades con mentiras o medias verdades pero si lo que te están "vendiendo" te lo crees a pies juntillas porque lo dice "tal periodista" o "tal tertuliano" eso juega a su favor y estos medios de comunicación cuentan con esa importante baza. La autocrítica y el procesamiento de la información son fundamentales para generar opiniones personales que se alejen de la información de consumo rápido. Se está perdiendo en buena medida el contraste de la información en esta sociedad sobreinformada en la que estamos todos involucrados.

Me apena ver que cada uno cuenta las cosas como le conviene, basándose en el matiz y el dato interesado para lograr convencerte. Y todo el abanico ideológico es partícipe de ello, de uno de los males que afectan al periodismo en estos últimos años. Probar un poco de cada medio para conseguir una opinión propia, independiente, puede que sea la solución, pero como ya digo ni los medios de comunicación públicos ni tampoco los privados pueden abanderar por sí mismos la enseña de la imparcialidad porque de ninguna de las maneras lo están demostrando.